Columna
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Cuando el PSOE entregó el relato

La malversación va ligada a la lucha contra la corrupción y, en un asunto tan delicado, el Ejecutivo ha dejado que le fijen el marco

El presidente de la Generalitat, Pere Aragonès, durante una comparecencia en el Palau de la Generalitat.
El presidente de la Generalitat, Pere Aragonès, durante una comparecencia en el Palau de la Generalitat.Alejandro Garcia (EFE)

A menudo las sorpresas las carga el diablo, como las encuestas. Hace unos años, el PSOE anunció que a Ángel Gabilondo le acompañaría en la candidatura para Madrid Hana Jalloul, una política poco conocida a la que comparaban con Kamala Harris. La comparación la hacían en La Moncloa, no en la Casa Blanca. La designación tuvo cierto éxito el primer día, cuando logró que algún titular picara con la idea de la Kamala Harris española, hasta que llegaron las elecciones y todo se derrumbó. Qué ha podido pasar, se preguntaron los incrédulos, que son esos que a las derrotas, en vez de pretextos, les buscan explicaciones.

De aquello ya nadie se acuerda, mucho menos en Ferraz, así que han decidido para Madrid lo que deciden siempre: un proceso desde arriba (¿se acuerdan de las primarias?) alimentando la expectación sobre la candidata con el juego del quién es quién: dará que hablar, será una mujer, no lleva gafas, empieza por r... Resuelta la incógnita, a Reyes Maroto le corresponderá demostrar su capacidad en las urnas. Por lo pronto, compite con las expectativas que ha generado su propio partido y afronta un reto mayor incluso que el de ser votada: ser conocida.

Lo relevante aquí no es tanto la estrategia, sino el momento para anunciarla: justo después de la multitudinaria manifestación en defensa de la sanidad pública en Madrid. De todos los días del calendario, el PSOE quiso reclamar la atención aprovechando el eco de un movimiento transversal en las calles. En los partidos, a veces se calculan así las cosas, aunque sorprenda, porque dicen que tienen muchos datos y grupos de discusión que les hacen ver la realidad distinta a como la vemos quienes vivimos en ella, con una especie de rayos X. A veces, hablas con un ministro con tu ingenuidad y tus prejuicios, hechos de lo que escuchas aquí y allá, de lo que te han dicho en casa, y entonces él te pone en tu sitio con sus proyecciones, que por algo es ministro y tú no.

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Será por eso que desde fuera se vea distinta la reforma del Código Penal a como la ve el PSOE, resuelto a negar que la sedición fuera en paralelo a la negociación de los Presupuestos con Esquerra Republicana. Al cabo, el cambio legal era un compromiso de Pedro Sánchez. Pero es ahora, cuando Núñez Feijóo empezaba a frenar su ascenso en las encuestas, cuando el Gobierno entrega a los independentistas eso a lo que dan tanta importancia, el relato. No ya por la sedición, que ese ruido se daba por descontado, sino porque es Esquerra quien impulsa el debate de la malversación, del que nadie nos avisó. “Veremos lo que proponen”, dicen los ministros, descargando en ERC la iniciativa y la elección del momento.

La malversación no es la sedición. No lo es en el Código Penal ni tampoco para la opinión pública. La malversación va ligada a la lucha contra la corrupción y, en un asunto tan delicado, el Ejecutivo ha dejado que le fijen el marco. De un Gobierno se espera que libre y lidere los debates clave sin despacharlos como una cuestión que ya discutirán los partidos en el Congreso, como si los partidos fueran los padres. Con ese argumento, priorizará en la Cámara los asuntos que otros le piden, mientras bloquea los que esta coalición progresista prometió a los ciudadanos: una ley de la vivienda, por ejemplo, o la modificación de la ley mordaza. ¿La urgencia para la izquierda está en la malversación? ¿Qué compromiso de legislatura era ese?

¿En qué beneficia a la convivencia un cambio que, según los fiscales y los jueces, desembocará en un alud de revisiones de los casos de corrupción? Si tiene argumentos, al Gobierno le corresponde darlos. En particular, al PSOE, que es la parte mayoritaria. Le corresponde explicar por qué ahora. Si están de verdad convencidos de la oportunidad de la reforma y no se debe a nada más, ¿por qué dejan instalar el relato de que ceden ante ERC y por qué entregan argumentos al PP? ¿Por qué no hablarnos como adultos? Prueben: la solidez de un Gobierno está también en su transparencia. Para eso, claro, hacen falta razones que se entiendan. Sin respuestas, uno sólo puede ir atando cabos y, en esta realidad nuestra, las cosas se ven más sencillas: tal como parecen. Que ministros no somos.

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