Columna
Artículos estrictamente de opinión que responden al estilo propio del autor. Estos textos de opinión han de basarse en datos verificados y ser respetuosos con las personas aunque se critiquen sus actos. Todas las columnas de opinión de personas ajenas a la Redacción de EL PAÍS llevarán, tras la última línea, un pie de autor —por conocido que éste sea— donde se indique el cargo, título, militancia política (en su caso) u ocupación principal, o la que esté o estuvo relacionada con el tema abordado

Gasto social, desgaste legal

Sánchez ha ninguneado al legislativo, usando el decreto ley más que cualquier otro presidente de la democracia, y ha puesto en entredicho la imagen de neutralidad y efectividad de varias instituciones públicas

Pedro Sánchez, el 28 de abril a la salida del Congreso de los Diputados.
Pedro Sánchez, el 28 de abril a la salida del Congreso de los Diputados.Claudio Alvarez (EL PAÍS)

De las sucias aguas de la política española emergen dos verdades cristalinas: el Gobierno está reforzando el Estado de bienestar, pero debilitando el Estado de derecho. No tenemos las políticas sociales de Dinamarca ni el autoritarismo de Venezuela, pero en los dos ámbitos ha habido avances, esperanzadores unos y preocupantes otros.

A menudo nos quejamos de que los políticos incumplen sus promesas en el poder y exageran sus ataques en la oposición. Pero esta vez PSOE y PP acertaron.

Por un lado, el compromiso social de los miembros de la coalición se ha traducido en una mejora de la vida de las personas más vulnerables. Quienes carecían de trabajo, o tenían uno insuficiente, pueden acceder ahora al ingreso mínimo vital. Quienes sufrían inestabilidad laboral ganan con una reforma laboral que ha multiplicado los contratos indefinidos. Y quienes estuvieron expuestos en primera línea a la covid, se beneficiaron de una regulación exprés para adquirir material de protección. El Gobierno ha intentado proteger a los más desvalidos y, tal vez, sus políticas son insuficientes o superficiales, pero ha habido un esfuerzo notable y, por ende, loable.

Cuando un tema da mucho que hablar, lee todo lo que haya que decir.
Suscríbete aquí

Por otro lado, el miedo de los conservadores a que el Ejecutivo rojo-morado dañara la arquitectura del Estado de derecho, con sus delicados arbotantes y contrafuertes, también fue premonitorio. Pedro Sánchez ha ninguneado al legislativo, usando el decreto ley más que cualquier otro presidente de la democracia, y ha puesto en entredicho la imagen de neutralidad y efectividad de varias instituciones públicas, del CIS al CNI pasando por la Fiscalía. El Estado, de las cloacas a muchas plantas nobles, es hoy un lugar un poco más oscuro.

Algunas medidas del Gobierno contra la pandemia han sido tumbadas en los tribunales por inconstitucionales. Y, mientras en otros países, como Francia o Alemania, los ejecutivos optaron por favorecer la contratación pública urgente, pero dentro de la legislación ordinaria, aquí se aplicó una excepcionalidad normativa que matizó los requisitos de capacidad de los contratistas. Ergo, los “pelotazos” de las mascarillas. Como señala el jurista Santiago Bello, el Ejecutivo priorizó la defensa de la vida sobre la defensa de la legalidad.

En resumen, este Gobierno nos ha traído más gasto social, pero más desgaste legal. Tú eliges cuál de los dos cambios es más importante. @VictorLapuente

Contenido exclusivo para suscriptores

Lee sin límites
Normas

Más información

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS