De mar a mar
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Los sótanos del chavismo

Alguien propenso a las teorías conspirativas podría fantasear con que en algún centro oculto de poder se planifica el estallido de una bomba informativa contra Maduro. Y Maduro es propenso a las teorías conspirativas

El presidente venezolano, Nicolás Maduro, en una transmisión de televisión el pasado 17 de octubre.
El presidente venezolano, Nicolás Maduro, en una transmisión de televisión el pasado 17 de octubre.PRENSA MIRAFLORES (PRENSA MIRAFLORES)

Del sótano del chavismo comenzó a brotar un agua turbia. Quien fuera, acaso, el principal administrador de ese sótano bajo Hugo Chávez, Hugo El Pollo Carvajal, podría ser extraditado de un momento a otro desde Madrid a los Estados Unidos. Seguiría los pasos de Alex Saab, un empresario colombiano a quien se acusa, entre muchos otros cargos, de ser el testaferro de Nicolás Maduro. Claudia Díaz y Adrián Velásquez, que fueron guardaespaldas de Chávez, también son reclamados desde España por la justicia estadounidense. Alguien propenso a las teorías conspirativas podría fantasear con que en algún centro oculto de poder se planifica el estallido de una bomba informativa contra Maduro. Y Maduro es propenso a las teorías conspirativas. Enterado de estos movimientos judiciales, suspendió las negociaciones con la oposición, que se venían realizando en México. Queda al desnudo, por lo tanto, el nudo de la crisis venezolana: es difícil que se repongan los derechos políticos sin un monto de impunidad para los jerarcas del sistema.

Saab ya fue extraditado. Lo buscaba la Interpol y lo encontró en Cabo Verde. Hacía una escala en un viaje hacia Caracas. Venía en un avión privado, desde Teherán. El lunes 18 declaró ante la Justicia de Miami y quedó preso. Está acusado de integrar una red de narcotraficantes, de lavar dinero y de ejercer intermediaciones fraudulentas en contratos oficiales. Lo señalan como el testaferro de Maduro. La presidencia venezolana emitió, enojadísima, un comunicado presentando la detención de Saab como un secuestro. Por si hacía falta una prueba más de que Saab ese el testaferro de Maduro, apareció esa queja enardecida.

Los exmilitares Díaz y Velásquez también son acusados de lavar dinero. El delito originario serían las maniobras en el mercado cambiario, organizadas con el poderoso Raúl Gorrín, dueño de la cadena de TV Globovisión, portavoz del régimen.

Carvajal tiene una historia más pesada. Es un enemigo de Maduro, que trabajó para Chávez como jefe de contrainteligencia militar. Cuando se preparó como soldado, tuvo como instructor a Chávez. Al poco tiempo de morir su antiguo jefe, se distanció de Maduro y se puso bajo la sombra protectora de Diosdado Cabello, la segunda figura de la dictadura bolivariana. Al final, Carvajal se apartó del oficialismo y hasta se pronunció a favor del presidente interino Juan Guaidó, uno de los líderes de la oposición. El Pollo, como se lo conoce en Venezuela, iba a ser extraditado a los Estados Unidos este fin de semana. Pero el proceso se interrumpió. La Audiencia Nacional española alegó problemas técnicos. Es la segunda vez que la entrega de Carvajal a los fiscales norteamericanos queda en suspenso. Ya había ocurrido el 14 de septiembre último.

Maduro teme a lo que puedan decir estos acusados. Teme a algo más inquietante: lo que les puedan hacer decir. Todos ellos pueden negociar reducciones de penas a cambio de información. ¿Podría ocurrir que se conviertan en un canal para oficializar datos sobre el régimen chavista en poder de los Estados Unidos?

En las últimas semanas, Carvajal filtró algunos “secretos”. Apuntó a organizaciones políticas enemistadas con los Estados Unidos. Escribió un informe con referencias al financiamiento de Chávez a la izquierda española de Podemos, sobre todo a través de Juan Carlos Monedero. También mencionó los fondos que, en la Argentina, los Kirchner habrían recibido de su amigo venezolano para las campañas electorales, en especial para la que llevó al poder a Cristina Kirchner en 2007.

Carvajal no está revelando nada nuevo. Son historias que ya habían circulado. Él amenaza con aportar más datos sobre gobiernos o figuras antipáticas para los Estados Unidos: el Ecuador de Rafael Correa, la Bolivia de Evo Morales, el Brasil de Lula da Silva y la oposición colombiana liderada por Gustavo Petro. Es decir, variantes más o menos intensas del arco bolivariano. Son insinuaciones dirigidas, sobre todo, a los fiscales de Nueva York y Florida, con los que deberá negociar la pena que le apliquen a cambio de sus infidencias.

La reacción de Maduro fue inmediata. Suspendió las tratativas con la oposición reunida en Plataforma Unitaria. La decisión es coherente con el problema central de la transición venezolana a un régimen democrático. Es muy difícil que el régimen, que se ha ido militarizando cada vez más, admita disputar el poder en elecciones limpias, si eso significa enviar a parte de su nomenclatura a las cárceles de los Estados Unidos. El dilema más escabroso de la apertura chavista es ese: Maduro va a admitir el pluralismo no a cambio de más justicia, sino de menos justicia.

Los que mejor entendieron ese problema son los rusos. La cancillería de Vladimir Putin, que interviene en las conversaciones mexicanas, emitió un comunicado reclamando la continuidad de las discusiones. “Nos preocupan las noticias sobre la suspensión del diálogo entre el Gobierno de Venezuela y la opositora Plataforma Unitaria a causa de la extradición a Estados Unidos del enviado especial de Venezuela Alex Saab”. El comunicado agrega el siguiente párrafo: “Llamamos a las fueras externas, tanto las directamente involucradas en el proceso de negociación como las que se encuentran en algún lugar cercano, a no permitir presiones sobre las partes venezolanas.”.

Ese reclamo parece dirigido a Washington y su pedido de extradiciones, lo que revela que la confianza de Rusia en la independencia del Poder Judicial de los Estados Unidos es muy escasa. Pero hay un destinatario más claro: el gobierno de Colombia. Iván Duque viene levantando el tono semana a semana en relación con la tiranía de Maduro. Conviene recordar que a fines del año pasado Duque expulsó a dos diplomáticos rusos acusados de integrar una red de espionaje en la frontera de su país con Venezuela.

Sobre el telón de fondo de estos nubarrones se recorta una figura: es la de Karim Kahn, el fiscal de la Corte Penal Internacional. Khan acaba de llegar a Bogotá y visitará Venezuela hacia el fin de la semana. Es un acontecimiento de la máxima importancia: el fiscal debe decidir si abre un proceso contra Maduro y otros cuarenta funcionarios por crímenes de lesa humanidad. Tamara Suju, directora del Instituto Casla, envió una carta a Kahn advirtiéndole que desde hace días las autoridades de Venezuela, atemorizadas por su inspección, están remodelando las mazmorras que sirvieron para detenciones ilegales y torturas. En la nota, Suju enumera los centros de detención que Kahn debería ver para conocer cómo reprime la dictadura. Son cárceles de la Dirección General de Contrainteligencia Militar. Los antiguos sótanos del “Pollo” Carvajal.

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