Columna
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La quemazón

Es preciso un acuerdo entre políticos honestos que nos ayuden a situarnos ante la siguiente pregunta: ¿Podremos vivir con seis grados más?

Zona deforestada de la Amazonia brasileña.
Zona deforestada de la Amazonia brasileña.FLORIAN PLAUCHEUR / AFP

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Si educas a un hijo con espíritu crítico es posible que ese hijo o esa hija acabe educándote a ti en aspectos sobre los que habías reflexionado poco. Dentro del pensamiento de izquierda no se incluían los activismos que han sacudido el panorama político en la última década; en esos movimientos sobrevenidos muchos depositamos esperanzas. El atraso que había en España en cuanto a conciencia medioambiental era transversal, se trataba de un desprecio ignorante que afectaba a izquierda y derecha. Las cosas han cambiado, pero no hasta el punto de que la derecha española entienda que aquí no se trata de salvaguardar tradiciones sino de la pura supervivencia de la especie. Tanto es así, que las derechas humanistas europeas están también adaptándose a los nuevos tiempos, aceptando que en sus programas prime la transformación energética y un nuevo estilo de vida menos contaminante. Son pragmáticos, saben que la realidad se acabará imponiendo, y que hay una nueva generación que ha acertado señalando lo importante.

Soy consciente de que cada año que me despido de ustedes, al filo de las vacaciones, las amenazas climáticas del verano se han recrudecido. No es una monserga, no es moralina, es lo que hay. Habíamos desplazado el coste de nuestro sistema de vida a los países pobres, esquilmando su riqueza natural y provocando una inmigración constante, pero ahora la amenaza se cierne sobre nuestro mundo. No hay político alemán razonable que banalice la virulencia de las inundaciones en Renania, ni canadiense sensato que obvie la temperatura ardiente en la Columbia Británica, solo un californiano ignoraría la gravedad del hábitat masacrado por el fuego. Las viejas predicciones han caducado y nos encontramos ante una precipitación de los acontecimientos. Es preciso un acuerdo entre políticos honestos que nos ayuden a situarnos ante la siguiente pregunta: ¿Podremos vivir con seis grados más?

En la excelente entrevista que Anatxu Zabalbeascoa ha hecho para el EPS a Carlos Moreno, el responsable de ese nuevo París recuperado para el paso humano, habla el asesor de la alcaldesa de la imparable concienciación de una juventud que reclama respuestas al deterioro del planeta, de la exigencia de una democracia participativa que no dependa exclusivamente del voto, de la puesta en duda de la vieja idea de progreso, que genera desigualdad y polución.

Me pregunto, antes de la bendita desconexión que suponen las vacaciones, a dónde irán esos debates españoles de hoy tan falsamente cruciales, dónde quedarán en una década la obsesión por las esencias patrioteras, los nacionalismos de uno u otro signo, la burla cateta a debates que demandan seriedad, el retrogradismo ignorante que antepone lo cañí al bien común. Si la juventud ecologista ha resituado el debate en Europa también puede suceder aquí, por qué no. Pero muchas cosas tienen que cambiar en este país en el que un político, Toni Cantó, por ejemplo, muestra su posición medioambiental colgando en Twitter una foto de una diputada de Más Madrid, Mónica García, comiéndose un filete en un restaurante. Esa forma de hacer política, estéril, bajuna, empozoñadora, tramposa, que señala al adversario para fomentar el bullying, sin aceptar jamás el debate que merece la ciudadanía, es lo que anima nuestro cotarro. Decía Díaz Ayuso en la campaña que Madrid era esa ciudad donde podías vivir sin encontrarte con tu ex. En fin, se trata de la libertad que nos conceden por lógica las grandes ciudades, a más habitantes menos posibilidad estadística de tener encuentros indeseados, aunque, créanme, a no ser que medie la violencia, hay tormentos en esta vida más crudos que encontrarse con un ex o una ex sentimental; cabe la posibilidad, también, de que un ex de Ciudadanos haga una fotillo de tu menú y con ello practique política medioambiental basura; cabe la posibilidad de que a tu país lleguen los temas vitales con retraso, y que cuando llegan se fomente la burla estéril. Es muy cansino, por eso cada año aumenta la quemazón del planeta y la de quien esto escribe.

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