Editorial
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Hora de actuar

El mercado laboral necesita soluciones estructurales para impulsar la economía

La ministra de Hacienda, María Jesús Montero, durante la presentación de las proyecciones de déficit incluidas en el Programa de Estabilidad 2021-2024.
La ministra de Hacienda, María Jesús Montero, durante la presentación de las proyecciones de déficit incluidas en el Programa de Estabilidad 2021-2024.A. Pérez Meca - Europa Press / Europa Press

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Tras la sacudida de la covid-19, que dejó la mayor caída del PIB desde la Guerra Civil en 2020, la economía española lleva seis meses en punto muerto. Durante el primer trimestre de este año cayó el 0,5%: con las restricciones aún en marcha habrá que esperar a que avance la estrategia de vacunación para ver una recuperación digna de ese nombre. En medio de ese parón plagado de incertidumbres, el mercado laboral español sigue en una situación endeble. Los datos de la última encuesta de población activa muestran que, tras dos trimestres de creación de empleo, se han vuelto a destruir puestos de trabajo, 137.500 entre enero y marzo. Y aunque el paro baja, ese dato no es precisamente positivo: obedece a una sustancial caída de la población activa. Unas 200.000 personas han dejado de buscar trabajo a causa del desánimo traído por la pandemia. La tasa de desempleo, casi el 16%, sigue siendo una de las más elevadas en Occidente.

Pero más allá de las cifras de la coyuntura, España tiene pendiente resolver muchos problemas estructurales de su mercado de trabajo. El paro duplica la media de la UE. La temporalidad y la precariedad son demasiado frecuentes y enquistadas. Los jóvenes encuentran grandes obstáculos para lograr su primer empleo y muchos más para consolidarlo; y las personas de más de 50 años que pierden su ocupación tampoco lo tienen más fácil. El modelo es insatisfactorio.

Es sobre estos lastres endémicos que la crisis actual hace estragos. El Banco de España alerta desde hace meses de las potenciales suspensiones de pagos empresariales si la crisis se alarga, y las grandes empresas anuncian miles de despidos. Solo con los anuncios de las últimas semanas se prevén más de 35.000 afectados por despidos colectivos (ERE). La transformación de los ERTE en ERE es una de las amenazas latentes desde que empezó la pandemia. Hasta ahora esa herramienta extraordinaria de flexibilidad interna ha funcionado. En esta situación es de nuevo imprescindible una nueva prórroga de los ERTE y que la negociación que se inicia esta semana sea rápida y dé certezas a las empresas.

Pero ha llegado la hora de pasar de los parches extraordinarios a la búsqueda de soluciones estructurales. Hace bien el Gobierno al comprometerse con Bruselas en el plan de recuperación a abordar este mismo año todas las reformas prometidas en el mercado de trabajo: negociación colectiva, temporalidad, políticas activas, formación o ERTE estructurales. La economía española necesita imperiosamente mejorar sus palancas de flexibilidad interna para que las empresas se lo piensen dos veces antes de apretar el gatillo fácil del despido, que deja cicatrices profundas no solo sobre las personas, sino también sobre la estructura económica. La economía española necesita mejorar la productividad y la estabilidad. Serán necesarios cambios legales, pero el BOE no lo puede todo. Es preciso un cambio cultural y, sobre todo, lograr que los fondos europeos impulsen un tejido económico más productivo e innovador, apoyado en relaciones laborales estables. El clima político no es muy propicio a grandes acuerdos; pero hay una alineación inusualmente favorable entre agentes sociales dispuestos al diálogo razonable, un Ministerio del Trabajo eficaz promotor de acuerdos y progreso, una Comisión Europea lejana de las duras posiciones de hace una década. Aprovéchese, ahora.

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