Más de 4.000 soldados, 21 cazas y toneladas de artillería plantan cara a la amenaza rusa en los países bálticos

Lituania, Letonia y Estonia aspiran a recibir muchos más refuerzos de los aliados tras la cumbre de la OTAN en Madrid

Dos vehículos blindados españoles Pizarro cruzaban un curso de agua en un pontón flotante checo, el martes en Adazi.
Dos vehículos blindados españoles Pizarro cruzaban un curso de agua en un pontón flotante checo, el martes en Adazi.Contingente de Presencia Avanzada Reforzada X

A 20 kilómetros de Riga, la capital de Letonia, más de un millar de soldados de distintos países de la OTAN ensayan cada día en la base militar de Adazi cómo hacer frente a una hipotética agresión de Rusia. “Estamos totalmente preparados. Si deciden venir, se van a encontrar en una situación muy complicada”, sostiene Jesse Van Eijk, un canadiense de 40 años encargado de dirigir el batallón multinacional. La confianza del teniente coronel, reforzada por las constantes llegadas de nuevo personal y armamento, contrasta con las demandas de la clase política letona, que a pesar del apoyo ofrecido por la Alianza Atlántica desde que Rusia lanzó en febrero su ofensiva sobre Ucrania, aspira a que la cumbre que se celebrará la próxima semana en Madrid suponga un punto de inflexión para la seguridad en el país del mar Báltico.

El caso de Letonia guarda muchas similitudes con los de Lituania y Estonia. Los países bálticos, tres de los miembros de la OTAN con menores capacidades militares, y los únicos que formaron parte de la Unión Soviética, tienen desde hace cinco años tropas aliadas desplegadas en su territorio. La creación de un batallón multinacional de Presencia Avanzada Reforzada en cada uno de estos tres Estados —y en Polonia— se decidió en la cumbre de Varsovia de 2016, en respuesta a la anexión rusa de Crimea dos años antes. Tras el inicio de la invasión de Ucrania el pasado febrero, varios aliados, España entre los más destacados, han aumentado el número de tropas destinadas en la región, que ya suman más de 4.000 en total, además de enviar equipamiento militar del que carecen los países bálticos.

Cada uno de los grupos de combate de la OTAN en los países bálticos está liderado por un miembro de la Alianza. Canadá está al mando del batallón multinacional en Adazi; Alemania, del de Lituania; y son los británicos quienes están al frente en Estonia. Las diferencias también son notables entre ellos. El de Letonia cuenta con tropas de 12 nacionalidades, más del doble que los otros dos. “Es un batallón sobredimensionado y sumamente complejo”, explica el teniente coronel Fernando Fuentesal, quien dirige el contingente español en la base letona, el segundo más numeroso tras el canadiense. “Tiene unas capacidades que en España le convertirían en un regimiento potente. Los batallones no suelen contar con artillería, ni con equipos de ingenieros como los que hay aquí”, añade este militar de 47 años.

Las tropas españolas en Adazi, que superan los 500 efectivos —160 más que antes de la reciente invasión de Ucrania—, disponen de decenas de vehículos militares y una batería de artillería que se suma a las aportadas por Canadá y Eslovaquia. Al margen del batallón de Presencia Avanzada Reforzada, el martes llegaron otros 85 soldados españoles que estarán al cargo de un sistema de misiles antiaéreos en la base de Lielvarde, a 170 kilómetros de la frontera rusa. Y Dinamarca ha enviado un batallón completo de 800 militares a través de un acuerdo bilateral. Sin embargo, Letonia, como Estonia y Lituania, consideran que el personal y el armamento que ha llegado estos meses deben ser solo el inicio de un refuerzo mucho mayor.

Zapadores españoles ejecutaban una voladura de puerta, el martes en Adazi.
Zapadores españoles ejecutaban una voladura de puerta, el martes en Adazi. Contingente de Presencia Avanzada Reforzada X

En un restaurante de Riga, Anete Gneze, portavoz del Ministerio de Defensa de Letonia, explica que la pretensión del país báltico es que en la cumbre de la OTAN en Madrid como mínimo se apruebe “convertir el batallón actual en una brigada permanente (con entre 3.000 y 5.000 soldados) y establecer en territorio letón varios arsenales con armamento de guerra”. Sin embargo, Fuentesal considera que sería necesario ampliar las infraestructuras para lograr ese objetivo. “La base de Adazi ya no da más de sí. El campo de maniobras, el más grande de los países bálticos, se ha quedado tremendamente pequeño”, argumenta el teniente coronel español. “Tras la cumbre de Madrid, probablemente quede claro cómo va a evolucionar el batallón finalmente”, añade.

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Una nueva estrategia de defensa

Los Estados bálticos no solo reclaman un mayor despliegue militar en la zona; exigen una reconfiguración de la estrategia de defensa de la OTAN en la región. Según las disposiciones actuales, en caso de ataque contra Estonia, Letonia o Lituania, las tropas invasoras ocuparían parte del territorio antes de ser repelidas por una fuerza multinacional en una operación que podría durar varios meses. “Los países bálticos carecen de la profundidad estratégica que ha mostrado Ucrania”, sostiene en una videoconferencia Margarita Seselgyte, directora del Instituto de Relaciones Internacionales y Ciencias Políticas de la Universidad de Vilnius, la capital lituana. “Podrían ser totalmente ocupados en una o pocas semanas, incluso con los refuerzos que han llegado recientemente. Si no se les defendiese desde el primer instante en la frontera, podríamos ver atrocidades y crímenes de guerra como los que ha sufrido la población ucrania, pero esta vez en territorio de la OTAN”, sentencia.

Los tres países suman seis millones de habitantes y una extensión equiparable a la mitad de la de Alemania. Además, los tres son fronterizos con Rusia y tienen minorías rusófonas. Su escasa población provoca que carezcan de capacidades militares con las que sí cuentan la mayoría de miembros de la OTAN, a pesar de que son de los pocos aliados que desde hace años cumplen con el objetivo de gasto mínimo pactado por la Alianza: el 2% del PIB. Entre los medios de los que no disponen, destacan los aviones de combate. Por ello, cuando se integraron en la organización transatlántica, en 2004, se estableció la Policía Aérea del Báltico, una misión encargada de vigilar el espacio aéreo en la región, que actualmente cuenta con 21 cazas.

La Policía Aérea del Báltico utiliza las bases de Siauliai (Lituania) y Amari (Estonia), donde los aliados se turnan en rotaciones de cuatro meses, a diferencia del medio año que pasan los militares transferidos a los batallones de Presencia Avanzada Reforzada. En la de Siauliai, España lidera el grupo actual, del que también forma parte la República Checa. El contingente español en la base aérea está compuesto por 130 efectivos, en torno a una docena de los cuales son pilotos, y ocho cazas F-18. “Es una misión puramente defensiva que consiste en ser capaces de estar las 24 horas del día y los siete días de la semana con aviones capaces de despegar en 15 minutos para interceptar posibles aeronaves sospechosas que haya en el espacio de la OTAN”, declara el comandante Roberto López Sáez.

El militar español, de 41 años, comenta que hay tres motivos por los que un avión puede ser considerado sospechoso: ir sin plan de vuelo, no comunicar con los centros de control correspondientes o volar sin transpondedor. En los poco más de 80 días que llevan en Siauliai, los F-18 españoles han intervenido en más de una veintena de ocasiones. “La mayoría son aviones rusos que viajan a Kaliningrado (un enclave de Rusia situado entre Polonia y Lituania). Probablemente, tratan de medir nuestro tiempo de reacción”, sostiene López Sáez. El procedimiento consiste en situar la aeronave aliada a menos de 100 metros de la sospechosa, identificarla con unas fotos, y escoltarla hasta que abandone el espacio de la OTAN. El comandante aclara que la misión no contempla la posibilidad de defender el territorio de los países bálticos ante una agresión, y que las aeronaves van armadas exclusivamente para la defensa propia. “Lituania ha abogado desde 2015 por una reformulación de la misión. Es fundamental que también incluya funciones defensivas”, considera Seselgyte.

Las demandas de Estonia, Letonia y Lituania serán uno de los ejes principales de la cumbre de la OTAN en Madrid. Jonathan Eyal, investigador de la casa de análisis londinense Royal United Services Institute (RUSI), está convencido de que sus peticiones serán atendidas. “Los países bálticos llevan prácticamente desde su ingreso en la Alianza alertando de que la amenaza rusa era real. Ahora ha quedado bien claro que no estaban paranoicos”, explica por teléfono. “Algunos países, como Alemania, van a estar sometidos a mucha presión para que acepten enviar tropas de forma permanente”, agrega. Berlín anunció la semana pasada que pretende crear una fuerza de 3.500 soldados que estará preparada para desplegarse en Lituania en caso de que sea necesario, pero que las tropas estarán asentadas en Alemania. “Después de ver atrocidades como las que ocurrieron en [la ciudad ucrania de] Bucha, ya no resulta posible convencer a Estonia, Letonia y Lituania de que tendrían que intentar defenderse con las tropas y capacidades actuales mientras se organiza el envío de fuerzas multinacionales para repeler la invasión”, sentencia Eyal.

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Sobre la firma

Carlos Torralba (ENVIADO ESPECIAL)

Es redactor de la sección de Internacional desde 2016. Se ocupa de la cobertura de los países nórdicos y bálticos y también escribe sobre asuntos de defensa. Es licenciado en Derecho por la Universidad de Valencia y Máster de Periodismo UAM-EL PAÍS.

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