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“La migración seguirá y no podemos decir ‘construyamos un muro’ o ‘regresen a sus países”

El máximo responsable de los refugiados en el mundo habla en entrevista sobre el auge del discurso xenófobo y las soluciones para la mayor crisis de desplazados de la historia

Filippo Grandi
El alto comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, Filippo Grandi, tras la entrevista.

El mundo vive la peor crisis de refugiados de la historia. Más de 71 millones de personas se han visto obligadas a abandonar sus hogares por la guerra, la violencia y la pobreza. En medio del éxodo masivo de personas, desde Centroamérica y Siria hasta Bangladés y el Congo, la xenofobia y la discriminación viven un nuevo auge mundial y cierran las fronteras a por lo menos 25 millones de refugiados. En América Latina, cinco millones de venezolanos han huido de la crisis política y cientos de miles de hondureños y salvadoreños han puesto a sus países entre los 10 primeros lugares a nivel mundial en cuanto a solicitudes de asilo.

En un clima político convulso, Filippo Grandi (Milán, 1957), titular del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), apela a más cooperación internacional y a que el Norte global reconozca la urgencia de la situación con medidas de corte local para un problema global. Grandi recibe a EL PAÍS en su visita por México para discutir sobre una situación de desplazamiento forzado sin precedentes en el continente y las posibles salidas a una crisis en la que están en juego las vidas de millones de personas.

Pregunta. ¿Cómo hacer frente a la mayor crisis de refugiados de la que se tiene registro?

Respuesta. A través de la cooperación internacional. Las acciones individuales de cada país no funcionan. Las crisis de refugiados son una manifestación del aumento de la movilidad humana por razones específicas que se engloban en un movimiento más amplio. No se puede enfrentar sin cooperación internacional. Tenemos un pacto global para refugiados y otro para inmigrantes, también hay respuestas regionales como la que intentan México y Centroamérica. Aunque la cooperación despierte sospechas, no hay otra salida que trabajar juntos.

P. No parecen muy buenos tiempos para la cooperación internacional…

R. No, en Estados Unidos y Europa hemos observado una tendencia política hacia la manipulación, que demoniza a refugiados y migrantes como enemigos de la sociedad o personas que ocupan empleos, traen inseguridad o amenazan los valores de quienes les reciben. Es un discurso inmoral, que va contra todos los principios, pero que tampoco tiene ningún valor práctico. El fenómeno migratorio seguirá y no podemos decir "construyamos un muro" o "regresen a sus países".

P. ¿El nacionalismo y la xenofobia son el principal obstáculo que enfrentan los refugiados?

R. No, no son el principal, pero es una respuesta contraproducente. No son los migrantes ni los refugiados, este discurso discriminatorio es lo que provoca xenofobia. Es muy peligroso. Basta ver los tiroteos en Nueva Zelanda o El Paso.

P. ¿Se está haciendo lo suficiente?

R. Hay más consciencia de estos problemas que hace cinco o diez años. Estas crisis suceden en los países pobres, no en los ricos. Sin embargo, en el Norte global hay cada vez más consciencia de que se necesitan más respuestas estratégicas y colectivas. Pero los recursos han sido muy insuficientes.

P. Cinco millones de venezolanos han dejado su país. ¿Es comparable con los peores escenarios en otras partes del mundo?

R. Nunca se puede comparar una crisis con otra. Venezuela no es como Siria. No hay guerra. Hay una crisis con aspectos humanitarios muy graves a partir de una crisis política que debe ser resuelta. Aunque hay similitudes en las consecuencias. Por ejemplo, el movimiento de población es enorme, así como la necesidad de apoyar a los países que reciben refugiados.

P. ¿Qué acciones requiere Venezuela?

R. Se necesitan acciones específicas. La acogida en América Latina es diferente porque sus países tienen una tradición de recibir gente. Tiene instrumentos legales, aunque caóticos, para recibir a los venezolanos y tienen recursos como países de nivel medio. Lo que me preocupa es que esto se prolongue, no creo que haya una solución política rápida, pero tenemos que buscar que buscar que la situación no se deteriore ni que se incremente la xenofobia. Hemos visto incidentes en países como Ecuador y Perú, y hemos creado campañas para detenerlos. Es importante fortalecer las estructuras públicas de estos países y ese liderazgo lo debe asumir la cooperación internacional para el desarrollo.

P. ¿Qué opina del éxodo de miles de centroamericanos?

R. Es una situación preocupante. En México he tenido conversaciones muy largas para comprenderlo mejor. Es grave porque el control de los grupos criminales es muy fuerte y la capacidad de los Estados para contrarrestarlo no es suficiente. Las víctimas son civiles, sufren extorsiones, abuso sexual, reclutamiento forzado de niños… Son cosas terribles. Para Acnur, este tipo de violencia justifica que sean protegidos por el estatuto de refugiados. Hay grandes desigualdades y gobiernos débiles. Por eso, es una buena idea que México impulse el Plan de Desarrollo Integral para Centroamérica y tenemos que apoyarlo.

P. Al mismo tiempo, han aumentado las detenciones de inmigrantes en México y no ha aumentado el presupuesto para la ayuda a refugiados. ¿Considera que la política mexicana hacia migrantes y refugiados es errática?

R. Es una política migratoria estructurada para una situación diferente, para menos personas que llegan. Con las caravanas y lo que vino en los siguientes meses, el sistema no se ha adaptado. Al conversar con el Gobierno, he visto voluntad política para mejorar esta respuesta. Ahora tenemos que hacerlo y estamos aquí para apoyarlos con recursos y asesoría técnica.

P. ¿Qué opina de que en EE UU se ha reducido a mínimos históricos la acogida de refugiados?

R. Ha sido una decepción. Es un programa especial para reubicar a refugiados que ya están en otros países, pero que están en situación de riesgo. Es el programa de reasentamiento más importante del mundo y esta Administración lo ha reducido. Comprendo que hay problemas con la gestión de las llegadas a la frontera y los recursos que deben invertirse, pero una reducción tan grave no es una buena señal para otros países. El reasentamiento es útil para poblaciones vulnerables, pero es una muestra de responsabilidad compartida, sobre todo cuando hay millones de refugiados en países como Líbano, Pakistán o Colombia. Es una preocupación, pero no es una obligación internacional como el asilo.

P. ¿Cuál es su lectura de medidas como el Protocolo de Protección a Migrantes, que obliga a los solicitantes de asilo a esperar en México?

R. Todos los gobiernos tienen el derecho de controlar sus fronteras, pero deben hacerlo sin violar el derecho internacional de los refugiados. Algunos aspectos de otras medidas que ha tomado Estados Unidos son razones de preocupación para nosotros y lo hemos expresado. Pone una carga adicional sobre México y si se avanza en el tema de los terceros países seguros en el futuro, va a aumentar la carga para Guatemala, El Salvador y Honduras, que no tienen mucha capacidad. Pero Acnur tiene un diálogo constructivo con la Administración estadounidense para fortalecer su sistema de asilo, que no se debe destruir porque es muy importante.

P. ¿Le preocupan estas políticas impulsadas por el principal donante del sistema internacional de acogida?

R. No. Son temas diferentes: el reasentamiento, la política de asilo y su papel como donantes. Y la contribución de EE UU a Acnur sigue siendo la más sustancial del mundo.

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