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La estrategia coral que resucitó a la oposición y echa el pulso más firme a Maduro

La presión al líder chavista se ha intensificado a partir de un plan ideado por destacados dirigentes que cuenta con jóvenes políticos y disidentes

El presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, el martes en Caracas. En vídeo, los venezolanos Greilin, Daisy y Eduardo relatan su llegada a Madrid para huir de la escasez, la violencia y la represión.

“Fin de la usurpación, Gobierno de transición, elecciones libres…”. Los críticos con Nicolás Maduro lo repiten como si fuese el estribillo de una canción pegadiza. Un mensaje, un mantra más bien, que por primera vez en mucho tiempo, entona al unísono un coro que incluye a los más beligerantes y los sectores moderados, incluso entre chavistas críticos con Maduro, ante la grave crisis que atraviesa Venezuela.

Históricamente fragmentada, la oposición venezolana ha logrado generar una sinfonía inédita en torno a la figura del presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, que el pasado 23 de enero se proclamó mandatario interino y fue inmediatamente reconocido por Estados Unidos y los principales países de la región, salvo México. Una composición que no cuenta con un solo director de orquesta, sino que es fruto de una gran alianza, de un acuerdo político gestado durante meses en el que predominan dos figuras a partir de las cuales se articula el toma y daca con el que se ha logrado cercar como nunca antes al régimen de Maduro: el expresidente de la Asamblea Nacional Julio Borges (Primero Justicia) y el líder político Leopoldo López (Voluntad Popular, también el partido de Guaidó).

Al menos una decena de fuentes consultadas para este reportaje, entre distintos sectores de la oposición y al tanto de los movimientos, insisten en que sería injusto señalar un cerebro detrás de la estrategia, aunque son los nombres de estos dos políticos los que repiten cada uno de los consultados, algunos en condición de anonimato. López, preso en su casa, opera políticamente dentro del país; Borges, exiliado en Bogotá, es quien articula los contactos en el extranjero, “quien legitima al Parlamento allá donde va”, suele repetir, un trabajo que ha venido desarrollando desde hace más de un año y que se ha acentuado tras el fracaso de las negociaciones con el régimen chavista en República Dominicana hace ahora un año. Casi 20 después de fundar Primero Justicia, de enfrentamientos que dividieron a la formación con más poder entre los críticos del chavismo y que propició que López creara Voluntad Popular, la crisis de Venezuela les ha obligado a ambos a sincronizarse de nuevo.

La negociación en Santo Domingo supuso un punto de inflexión para ambas partes. Borges, líder de la delegación opositora, decidió, en contra de una parte de los críticos que hoy guarda silencio, no firmar el acuerdo que le planteaba el chavismo y que contaba con el beneplácito del expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero, uno de los mediadores en aquellas conversaciones. Maduro convocó elecciones para mayo de 2018 y propició otro golpe a la oposición, el enésimo después de que en diciembre de 2015 esta lograse imponerse en las urnas y hacerse con el control de la Asamblea Nacional. Una victoria que Maduro nunca asimiló.

La situación actual obligaba a una reinvención. Otra más. Una quimera para muchos, después de que las protestas de 2017 alejasen a los líderes de sus votantes, que perdieron la confianza en ellos. No obstante, fruto de aquellos meses en los que murieron decenas de personas, se fortaleció una serie de jóvenes políticos, incluido el propio Guaidó, que a estas alturas han resultado clave.

“Esto es un proceso arduo”, recordaba Borges hace unos meses en una charla informal en Bogotá. Aparentemente, mediáticamente sobre todo, era el momento más bajo de la oposición. Daba la impresión de que no lograban remontar la enésima bofetada del madurismo. Con los meses, aquellos encuentros que parecían intrascendentes han cobrado sentido. En Harvard, de la mano del economista Ricardo Hausmann, se esbozó un proyecto económico para poner en marcha en un futuro que cada vez les resulta más cercano. En agosto, durante la toma de posesión de Iván Duque en Bogotá, Borges, López (a través de Skype), Antonio Ledezma (exalcalde de Caracas) y Tomás Guanipa (secretario general de Primero Justicia) se reunieron con los expresidentes Felipe González y Ricardo Lagos para hablar de cómo debería ser un posible Gobierno de transición. “Esto es un trabajo de hormiga”, insistía Borges en aquella charla de la capital colombiana.

De derecha a izquierda, los opositores Julio Borges, Carlos Vecchio, encargado de negocios de Guaidó en EE UU, David Smolansky y Francisco Márquez.
De derecha a izquierda, los opositores Julio Borges, Carlos Vecchio, encargado de negocios de Guaidó en EE UU, David Smolansky y Francisco Márquez. AP

Borges ha liderado el impulso exterior, especialmente en el Grupo de Lima, creado por las principales potencias regionales tras no lograr ningún avance en el marco de la OEA (Organización de los Estados Americanos), a cuya última sesión acudió acompañado de Juan Guaidó. Junto a Borges, Antonio Ledezma, exiliado en Madrid, y Carlos Vecchio (nombrado ahora por Guaidó encargado de negocios), en Estados Unidos, han sido determinantes. Mantener viva la llama interna ha sido aún más complejo. Encarcelado en casa Leopoldo López, una de las personas que más ruido ha generado todo este tiempo dentro de Venezuela —con ascendencia en el exterior, sobre todo en Washington y Colombia— ha sido una de las figuras más controvertidas —y beligerantes— de la oposición, a la que hoy todos reconocen su parte del mérito: María Corina Machado (Vente Venezuela).

No obstante, si hay algo que diferencia el momento por el que atraviesa la oposición de otros anteriores es la participación de una nueva generación de políticos que, aparentemente, ha dejado apartadas las siglas -una quimera en Venezuela- por el bien de todos y que tiene su máximo exponente ahora en Juan Guaidó. El político de Voluntad Popular asumió la presidencia de la Asamblea Nacional fruto de un pacto de todos los partidos tras las elecciones de 2015: el primer año le tocó a Henry Ramos Allup, de Acción Democrática; el segundo a Julio Borges, de Primero Justicia; el tercero a Omar Barboza, de Un Nuevo Tiempo y el cuarto año, este, a Voluntad Popular. Encarcelado López, exiliados otros dirigentes como Vecchio o David Smolansky, y con Freddy Guevara asilado en la Embajada de Chile, se apostó por alguien que resultaba un desconocido para mucha gente, pero que ha insuflado a la oposición algo de lo que carecía: esperanza. Hasta el punto de que dirigentes como Henrique Capriles, que se habían mantenido alejados de este proceso durante los últimos meses, han cerrado filas en torno a Guaidó.

El proceder en la juramentación del dirigente tuvo algunos momentos cacofónicos entre la oposición. El momento en que se dio generó cierto ruido interno. Los sectores moderados tenían reservas con el tema, proponían esperar a que escalara la crisis para acercarse a Maduro con una propuesta de transición. Voluntad Popular se negó de plano a esta idea. Al mismo tiempo, Guaidó recibía presiones de los sectores radicales de la oposición para que asumiera funciones presidenciales de inmediato.

Asesorado por políticos jóvenes

La negociación con el Gobierno es una meta que todos los sectores opositores han perseguido en cierta manera. La diferencia ha estribado en el cuándo. Voluntad Popular, Leopoldo López, sostenía que debía llegar producto de una iniciativa que arrinconara al Ejecutivo chavista y lo obligara a deponer posturas, y no antes, como estaba proponiendo el costado socialdemócrata de Acción Democrática y Un Nuevo Tiempo.

Guaidó, el 26 de enero en Caracas con Lilian Tintori (segunda por la izquierda), esposa de Leopoldo López.
Guaidó, el 26 de enero en Caracas con Lilian Tintori (segunda por la izquierda), esposa de Leopoldo López. AFP

Después de que jurase como presidente encargado el pasado 23 de enero, Guaidó, junto a los vicepresidentes Stalin González y Edgar Zambrano, ha sido asesorado por varios parlamentarios y partidos para llevar adelante la agenda política. Las riendas las han tomado políticos jóvenes, muchos de los que pusieron la cara —literal— durante las protestas de 2017. Miguel Pizarro (30 años), que coordina toda la parte de la ayuda humanitaria, uno de los pilares sobre los que trabaja la oposición, tiene acceso a sectores del chavismo crítico; Carlos Paparoni (30 años) está al frente de la Comisión de Finanzas, encargada de recuperar los activos perdidos por la corrupción, y María Albert Barrios (28 años), el nexo con las Embajadas.

“Este escenario lo estábamos viendo venir. Pasamos buena parte del año pasado preparándonos para esto. Cuando Juan [Guaidó] llegó a la presidencia tenía un panorama de lo que debía hacer”, asegura la diputada Delsa Solórzano. Tras abandonar Un Tiempo Nuevo —otro reflejo de la decadencia de las siglas de los partidos—, ahora trabaja en la elaboración de la ley de amnistía, algo para lo que ha recibido sugerencias de la fiscal general Luisa Ortega, exiliada en Bogotá desde agosto de 2017.

Para Ortega, desarrollar la ley de amnistía es algo crucial en este momento. “Hay que darle claridad, la gente quiere saber cuál es el alcance que va a tener antes de tomar decisiones”, asegura a este diario, en referencia a posibles funcionarios y militares a los que les convendría acogerse a esa ley para desvincularse del régimen. “Maduro ha creado el desastre en el que estamos sobre la inseguridad jurídica”, recalca Ortega, una de las figuras del chavismo disidente que se ha mostrado más activa. “Yo siento que soy parte de todo esto que está ocurriendo”.

Pese a que en las últimas semanas los movimientos han sido certeros y muchos aventuran que se ha llegado a un punto de no retorno para Maduro, las fuentes consultadas coinciden en que es “impredecible” atinar con un pronóstico a corto plazo. “Es importante que se perciba que no hay marcha atrás, pero lo cierto es que los acontecimientos están marcando todos los movimientos, casi por horas”, asegura bajo condición de anonimato una de las fuentes en el extranjero que, como la mayoría, admite que la cohesión en la cúpula chavista —no solo la militar— sigue siendo robusta.

La capacidad de resistencia de Maduro y su entorno, atribuida a la inteligencia cubana, es lo que más preocupa a la oposición. “Se impondrá quien logre mantener la cohesión del otro y no romper la propia”, resumen, de una u otra manera, varias fuentes. Y no mirar a largo plazo. A principios de año circuló un audio, que se le atribuye a Leopoldo López, en el que hacía un análisis y se comprometía con la estrategia a desarrollar por Guaidó. No pocos lo interpretaron como un mensaje en el que quería dejar claro, por si hubiera dudas, de que sigue aspirando a la presidencia.

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