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Macri y Bolsonaro incrementan la presión sobre Maduro mientras respaldan a la Asamblea Nacional

El argentino condena "la dictadura" venezolana al comparecer junto a Bolsonaro, mucho menos contundente. Es el primer mandatario extranjero que visita al presidente de Brasil

Bolsonaro recibe a Macri a su llegada al palacio de Planalto este miércoles. FOTO/ VIDEO: REUTERS

La primera comparecencia del presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, con un mandatario extranjero de visita oficial en Brasilia, el argentino Mauricio Macri, ha mostrado un anfitrión con un discurso notablemente plano frente a un invitado mucho más contundente, sobre todo al abordar la crisis de Venezuela. “[Nicolás] Maduro es un dictador que solo busca perpetuarse en el poder mediante elecciones ficticias”, ha declarado Macri en el palacio de Planalto antes de añadir: “Reiteramos que reconocemos a la Asamblea Nacional como única institución legítima”. Ambos, necesitados de buenos resultados en materia económica, sobre todo Macri, se han declarado partidarios de fortalecer Mercosur.

La vecindad, la tradición y el hecho de que tanto Bolsonaro como Macri estén a la derecha del espectro político, aunque a una distancia notable, no impidió que la relación comenzara de manera tormentosa. El de Brasilia era el primer cara a cara entre ambos. El argentino no asistió a la toma de posesión de su homólogo, el 1 de enero, enojado porque el brasileño ha elegido que su viaje inaugural como presidente sea a Chile, que le inspira políticamente mucho más que Argentina, el destino tradicional. “Este viaje es el comienzo para dar un salto hacia Mercosur, hacia la confianza”, ha dicho Macri antes del almuerzo en la sede del Ministerio de Exteriores.

El ultraderechista se ha limitado a hacer, en cambio, una genérica “defensa de la libertad y la democracia en América del Sur”. Una declaración a años luz del tono que caracteriza a buena parte de sus tuits. Y sin asomo de respuesta a Maduro, que la víspera le acusó de ser un “Hitler de los tiempos modernos”. Para Bolsonaro el consenso con Macri respecto a Venezuela —país del que han huido tres millones de personas por la gravísima crisis que lo carcome— es el ejemplo más claro de “la convergencia de posiciones ideológicas” con su homólogo argentino.

Los Gobiernos de Argentina y Brasil participan del grupo regional que impulsa un restablecimiento de la democracia en Venezuela y considera ilegítimo al Ejecutivo de Maduro. Solo México, que ahora quiere mediar en Venezuela, se ha desmarcado de la línea adoptada por el denominado grupo de Lima.

Los presidentes han comparecido sin aceptar una sola pregunta tras reunirse primero a solas y después se les han unido sus ministros. La visita ha concluido con un almuerzo.

El problema para Argentina es que el Brasil de Bolsonaro parece preferir como socios estratégicos más a Estados Unidos, Chile o Israel pese a las declaraciones de mutua amistad expresadas este miércoles. Ha sido un encuentro de acercamiento entre los presidentes y sus ministros, según fuentes de la diplomacia argentina. Como ha recalcado Macri, “cuando a uno le va bien, ayuda al otro. Necesitamos que a los dos nos vaya bien”. Y para eso parecen estar de acuerdo en reforzar Mercosur, la alianza comercial que une a ambos países con Uruguay y Paraguay. “Confiamos en la modernización del Mercosur, tanto en su perfeccionamiento interno como en la expansión de sus relaciones con el mundo”, ha dicho Bolsonaro en la sede de Exteriores.

Los mandatarios de las dos mayores economías sudamericanas se han comprometido a dar un nuevo impulso a las prolongadas negociaciones entre Mercosur y la Unión Europea para eliminar las trabas al intercambio de productos. Brasil es el primer socio comercial de su vecino del sur. Y Argentina es el tercero de Brasil.

También en la defensa de Mercosur ha sido más entusiasta el argentino, cuya economía está en recesión y con una inflación del 47% (la más alta en 27 años).

Mercosur estuvo en el origen de las fricciones iniciales entre los dos presidentes tras la victoria de Bolsonaro, que culminó el giro a la derecha de Sudamérica que comenzó con la victoria de Macri hace cuatro años. Saltaron chispas cuando superministro de Economía brasileño, Paulo Guedes, planteó que la alianza comercial con sus vecinos dejaría de ser prioridad. El gran modelo para el ultraliberal Guedes —al que el nuevo presidente ha otorgado una notable autonomía para definir la política económica de la mayor economía— es Chile, donde trabajó durante la dictadura de Augusto Pinochet.

Bolsonaro y Macri tienen mucha más sintonía en asuntos como la política económica o Venezuela que en valores, asunto en el que la agenda de Bolsonaro es ultraconservadora.

El recién llegado Bolsonaro y el veterano Macri, que busca la reelección este año, han intercambiado elogios durante su comparecencia. Algunas conversaciones telefónicas han ido suavizando el abrupto comienzo de la relación bilateral. Pese a las buenas palabras sobre Mercosur y el acuerdo en gestación con la UE durante la visita oficial, ambos presidentes son partidarios de que el bloque sudamericano flexibilice las normas que impiden a sus miembros cerrar acuerdos bilaterales con terceros países.

Señal de la importancia que Macri otorga al gigante sudamericano, ha acudido al Palacio de Planalto acompañado de una decena de ministros. Han abordado asuntos como la lucha contra el crimen organizado, defensa, ciencia y tecnología, energía nuclear o eléctrica. Los acuerdos firmados ahora están siendo preparados desde diciembre de 2017, cuando el presidente argentino hizo una visita oficial al entonces presidente Michel Temer, de centro derecha.

Uno de esos acuerdos trata de la extradición de condenados judiciales de los dos países. Según el nuevo titular de Justicia brasileño,Sergio Moro, es una suerte de actualización de la legislación para evitar que cuestiones políticas e ideológicas interfieran en las detenciones, como ocurrió en el caso del italiano Cesare Battisti, que la semana pasada fue extraditado de Bolivia a Italia tras vivir años en Brasil, aunque fue condenado a cadena perpetua en su país en los setenta.

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