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Bolsonaro usa la detención de un asesino ultraizquierdista italiano como guiño a Salvini

Cesare Battisti, condenado a cadena perpetua hace décadas en Italia, fue detenido en Bolivia por agentes de Interpol tras un mes prófugo

Cesare Battisti, en una fotografía tomada durante una entrevista en octubre de 2017 en Brasil.
Cesare Battisti, en una fotografía tomada durante una entrevista en octubre de 2017 en Brasil. AFP

La detención de un italiano condenado por cuatro asesinatos cuando militaba en un grupo armado de ultraizquierda en los setenta le ha servido al nuevo Gobierno nacionalpopulista de Brasil para hacer un guiño diplomático a Italia, atacar al Partido de los Trabajadores (PT) y crearle un potencial quebradero de cabeza al presidente de Bolivia, Evo Morales. Cesare Battisti, de 64 años, fue detenido este sábado por la noche en Santa Cruz de la Sierra por un equipo de Interpol con agentes bolivianos e italianos. Battisti huyó de Brasil, donde vivía hace años, el pasado diciembre cuando un juez del Tribunal Supremo brasileño ordenó su arresto cautelar para ser extraditado. El presidente Jair Bolsonaro y el ministro del Interior italiano, Matteo Salvini, han intercambiado felicitaciones en Twitter.

Todavía no está claro si Battisti, que militaba en un grupo denominado Proletarios Armados para el Comunismo, será entregado directamente a Italia o si antes será devuelto a Brasil. El Gobierno del ultraderechista Bolsonaro sostiene que el detenido debe regresar primero a Brasil. El ministro de Seguridad Institucional, Augusto Heleno, ha declarado a la prensa en Brasilia que Battista va a viajar de Bolivia a Brasil en un avión brasileño y que aquí cambiará a otro avión que quizá es italiano o quizá brasileño, informa Globo. Los ministerios de Exteriores y Seguridad Pública brasileños “están tomando todas las medidas necesarias, en cooperación con el Gobierno de Bolivia y con el de Italia, para cumplir con la (orden de) extradición de Battisti y entregarlo a las autoridades italianas”, según una nota conjunta. El asesino convicto entró en Bolivia con documentación falsa, según una fuente del Gobierno boliviano citada por France Presse. Al ser arrestado, en la calle, no opuso resistencia.

Italia llevaba años reclamando a Brasil la entrega de Battisti cuando el mes pasado, en plena transición, su persecución se reactivó con un decreto del saliente presidente brasileño Michel Temer. El ahora detenido se convirtió entonces en un elemento central de la incipiente relación entre Bolsonaro, aún presidente electo, y Salvini. El ultra italiano pidió públicamente y sin rodeos a su aliado ideológico que colaborara. “Daré un gran mérito a Bolsonaro si ayuda a Italia a tener justicia dándonos ese regalo”. Un mes después Battisti está bajo custodia policial y más cerca de ser entregado a Italia.

Solicitud de asilo en Bolivia

El 18 de diciembre, Cesar Battisti presentó a la Comisión Nacional de Refugio de Bolivia presentó una solicitud de asilo. “Solicito a ustedes tengan a bien procedimentar mi requerimiento humanitario y se me conceda la calidad de refugiado, garantizando así seguridad, mi libertad y mi vida”, dice el italiano en la carta que presentó con ese propósito.

Esto significa que el Gobierno boliviano sabía de la presencia de Battisti en su territorio y que este no estaba huyendo, sino que esperaba la decisión de las autoridades sobre su caso. La versión de las autoridades italianas que informaron de su detención es que fue localizado gracias a una investigación de Interpol.

En la carta, Battisti cuenta la historia de su vida y afirma que es inocente de los homicidios por los que fue condenado en ausencia, ya que si bien perteneció a la organización Proletarios Armados por el Comunismo, se alejó del Comité Central de la esta luego del asesinato de Aldo Moro, en mayo de 1978. Reconoce que, luego de ser condenado por “asociación subversiva y posesión de arma de fuego” ese mismo año, escapó de la cárcel en 1981, aunque dice que su fuga “constituyó un acto de justicia de hecho y una acción “limpia”, ya que no fue necesario el uso de la violencia para su ejecución”.

Battisti habla de su exilio primero en México y luego en Francia, donde se acogió a la “doctrina Mitterand” hasta que, en lo que denuncia como un acto político y “un negocio”, los Gobiernos de derecha de Berlusconi en Italia y Sarkozy en Francia volvieron a juzgarlo “por un hecho ya juzgado”. A continuación relata el apoyo que recibió del expresidente Lula, quien le concedió la residencia permanente en el Brasil en 2010, y se declara perseguido por los actuales Gobiernos de ultraderecha de Italia y Brasil. Battisti dice que a lo largo de su vida se ha mantenido trabajando como escritor y periodista, y que no es el “monstruo” que el Gobierno italiano intenta presentar.

Bolsonaro se acerca a Salvini

El presidente Bolsonaro, ferviente anticomunista y nostálgico de la dictadura militar, respondió este domingo al líder de la Liga italiana también vía Twitter —el nuevo canal diplomático por excelencia—: “Felicidades y cuente siempre con nosotros, ministro Salvini”. Horas antes, su hijo Eduardo Bolsonaro, diputado federal, ya había anunciado al italiano que “el pequeño regalo está más cerca”.

La captura de Battisti fue celebrada mucho más allá de Salvini en Italia por dirigentes políticos como el presidente, Sergio Mattarella, y el ex primer ministro izquierdista Matteo Renzi. Un avión italiano vuela ya hacia Bolivia para asumir la custodia del detenido.

Bolsonaro padre ha aprovechado la ocasión para echar al PT en cara el caso Battisti. El asesino convicto logró no ser extraditado a su país cuando el presidente izquierdista Lula da Silva, el día que concluía su segundo mandato (31 de diciembre de 2010), decidió rechazar una orden de extradición no vinculante dictada por el Tribunal Supremo. “Finalmente se hará justicia con el asesino italiano y compañero de ideas de uno de los Gobiernos más corruptos que ha existido jamás en el mundo”, ha tuiteado este domingo el nuevo mandatario brasileño.

Battisti no es uno de esos prófugos como los nazis de antaño o el español militante de ultraderecha Carlos García Juliá, condenado por la matanza de Atocha en la transición democrática española y detenido en Sao Paulo en diciembre. El italiano, a diferencia de aquellos, no llevaba una vida discretísima para pasar desapercibido. Tras ser condenado a cadena perpetua en Italia por cuatro crímenes que asegura que no cometió, Battisti se instaló en Francia, donde se convirtió en un exitoso escritor de novelas policiales. A mediados de los noventa tuvo que retomar la huida. Primero, a México; luego a Brasil, donde se casó un tuvo un hijo.

La llegada al poder del antiguo militar está suponiendo un radical viraje también de la política exterior brasileña respecto a la del PT. Bolsonaro participa de esa red de mandatarios nacionalpopulistas que lidera el magnate Donald Trump (Estados Unidos) y en la que militan de manera destacada Salvini (ministro y líder de la xenófoba Liga en Italia), Benjamín Netanyahu (Israel) y Viktor Orbán (Hungría). El caso Battisti le sirve ahora para estrechar lazos con Italia.

En paralelo, la detención y el proceso de entrega podrían colocar al presidente boliviano en una posición difícil. Morales es el último de los representantes de la izquierda que dominó América Latina en el ciclo anterior que no ha sido defenestrado por sus vecinos y el único mandatario izquierdista de la región que asistió a la toma de posesión de Bolsonaro hace 12 días en Brasilia, acto para el que este retiró las invitaciones a Venezuela, Nicaragua y Cuba.

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