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Lula niega la extradición de Césare Battisti a Italia

Es la última decisión del presidente brasileño antes de que tome posesión en el cargo Dilma Rousseff

Brasilia / Río de Janeiro

El último acto de gobierno del Presidente saliente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva -que desde mañana pasará a ser un ciudadano más al que, según él "el pueblo lo encontrará ahora en la calle"- ha sido negar la extradición de Césare Battisti, el ex activista del grupo Proletarios Armados por el Comunismo, ligado a las Brigadas Rojas italianas en los llamados "años de plomo", acusado en su país de cuatro asesinatos, de ellos dos policías y condenado a prisión perpetua por los tribunales de su país.

Battisti, que niega las acusaciones de asesinato, había ya recibido del Gobierno Lula la condición de refugiado político cuando fue detenido en Brasil hace cuatro años y donde ha permanecido desde entonces en la cárcel.

Brasil ha vivido durante los últimos años una apasionada disputa sobre si conceder o no la extradición del ex guerrillero, pedida por el Gobierno italiano, sobre todo porque, como recuerda hoy en una nota editorial el diario O Globo, en este mismo tiempo el Gobierno devolvió a Cuba a dos boxeadores que en los juegos del Pan de Río habían pedido refugio en Brasil para huir de la persecución castrista y no eran acusados de ningún crimen.

El Supremo Tribunal Federal (STF) había decidido el año pasado a favor de la extradicción de Battisti, pero dejando la última palabra al Presidente Lula. Este se apoyó para negar la extradición en una interpretación de la Abogacía General de la Unión (AGU), según la cual el Tratado de Extradición entre Brasil e Italia permitía negar dicha extradición, ya que ella podría poner en riesgo la vida del ex activista en Italia.

Lula no ha querido dejar que el primer acto de la nueva Presidenta, Dilma Rousseff, una ex guerrillera de extrema izquierda durante la dictadura militar, fuera negar la extradición a un combatiente también de la extrema izquierda en los tiempos de la lucha de las brigadas Rojas para imponer en Italia la dictadura del proletariado, y ha preferido cargar él con la responsabilidad.

El primer ministro italiano, Silvio Berlusconi ha afirmado que la decisión de Lula es "inaceptable" y una nota de su gabinete advierte: "El presidente brasileño tendrá que explicar su decisión no sólo al Gobierno italiano, sino a todos los italianos y especialmente a las familias de las víctimas", haciendo alusión a las cuatro familias que, según las acusaciones, tuvieron una persona muerta por el activista.

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