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Meng Wanzhou, candidata a heredar el imperio Huawei

La detención de la hija del fundador del gigante de las telecomunicaciones chino intensifica la disputa tecnológica entre Washington y Pekín

Meng Wanzhou
Meng Wanzhou, en un foro sobre tecnología en Rusia en 2014. REUTERS

De los más de 180.000 empleados que tiene Huawei repartidos por todo el mundo, Canadá (a petición de Estados Unidos) ha optado por detener a su ejecutiva de mayor perfil. Meng Wanzhou, además de ser directora financiera y vicepresidenta de este grupo de telecomunicaciones chino, es también hija del fundador de la compañía y una firme candidata a heredar el timón de una de las empresas chinas con mayor proyección internacional. Meng, cuyo arresto abre un nuevo frente en las tensas relaciones entre Pekín y Washington, se enfrenta ahora a una posible extradición a Estados Unidos para responder, en nombre de la empresa de su padre, por las supuestas violaciones de las sanciones de EE UU sobre Irán.

Meng, de 46 años, forma parte de una de las familias más poderosas de China. Su padre es Ren Zhengfei, el ingeniero y exmilitar que en 1987 fundó Huawei en la ciudad de Shenzhen, una urbe fronteriza con Hong Kong que se ha convertido en el icono del proceso de apertura económica de China y que está considerada el polo tecnológico en Asia. La compañía, de capital privado, es una de las pocas empresas del país que ha logrado hacerse un hueco significativo en el mercado internacional. No solamente es uno de los principales actores en telefonía móvil, sino el líder en infraestructuras de telecomunicaciones de todo el mundo.

Padre e hija no comparten apellido porque a los 16 años ella decidió adoptar el nombre de su madre, algo poco habitual en el país asiático, cuando sus progenitores decidieron divorciarse. Tras estudiar contabilidad y trabajar durante poco más de un año en un banco estatal, Meng se incorporó a la empresa de su padre en 1993. En los inicios ejerció como secretaria, ocupándose meramente de las tareas de administración o de atender al teléfono. Con los años fue escalando posiciones, siempre en los ámbitos de la contabilidad y las finanzas. En marzo se convirtió en la vicepresidenta del grupo, algo que los analistas interpretaron como un paso definitivo que la sitúa en la primera línea para la sucesión de Ren, de 74 años.

Como ocurre con su padre, muy poco se sabe sobre la vida personal de esta ejecutiva. En una de sus contadas entrevistas, publicada en la prensa local en 2013, Meng aseguró que su marido no está vinculado con el sector en el que ella trabaja y que tiene un hijo y una hija. Entonces se le preguntó también sobre la posibilidad de que su padre la nombrara consejera delegada, pero ella negó esos rumores: “¿Cómo es posible que una persona sola pueda decidir esto? Desde el día que Huawei se fundó, se estableció el principio de nombramiento por méritos, no por nepotismo”.

Su discreción se ha hecho patente también durante su detención el pasado 1 de diciembre, ya que solicitó a la justicia canadiense que prohibiera la publicación de los detalles del suceso. El arresto se produjo el mismo día en que Trump y el presidente chino, Xi Jinping, cenaron en Buenos Aires y acordaron la frágil tregua comercial. Según The Wall Street Journal, Meng habría sido puesta bajo custodia porque Huawei habría transferido tecnología y productos elaborados en suelo estadounidense a Irán, algo que no está permitido por la ley estadounidense.

Huawei, una compañía en el punto de mira

Con la detención de Meng Wanzhou se abre un nuevo frente en el tenso conflicto entre Pekín y Washington, que claramente trasciende de lo comercial. Huawei es, en parte, a lo que aspira China en su conjunto: dejar atrás la producción en serie y barata para convertirse en un líder en innovación. Cuando en 1987 Ren Zhengfei fundó la compañía, el capital inicial fue de poco más de 2.600 euros. El año pasado, los ingresos de la empresa ascendieron a los 77.000 millones y su beneficio neto superó los 6.000 millones.

El grupo es también símbolo de lo que Estados Unidos teme: que Pekín logre la primacía tecnológica a su costa. De hecho, EE UU ha limitado enormemente el negocio de Huawei en el país alegando motivos de seguridad nacional, basados en sospechas de que detrás de la empresa están las autoridades chinas o que sus dispositivos son usados para el ciberespionaje. Algunos Gobiernos occidentales temen que Pekín obtenga acceso a las redes de comunicación móviles y de quinta generación (5G) a través de la tecnología de Huawei, aunque la compañía insiste en que no existe ningún tipo de control del régimen chino. El hecho de que Ren trabajara como ingeniero para el Ejército Popular de Liberación antes de fundar Huawei es otro de los argumentos de aquellos que insisten en estos vínculos, si bien nunca ostentó un cargo militar.

Pero, como sucede con la familia fundadora, la compañía tecnológica también guarda sus secretos. Al no cotizar en Bolsa, su accionariado y estructura corporativa son opacos. Huawei se declara al respecto “una empresa privada íntegramente propiedad de sus empleados”, pero casi nada se sabe de los nombres y apellidos que hay detrás.

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