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Macron opta por cambios mínimos tras la dimisión de dos ministros

François de Rugy, actual presidente de la Asamblea Nacional, sustituirá al célebre Nicolas Hulot en el Ministerio de Ecología

Macron y De Rugy, nuevo ministro de Ecología. En vídeo, el analista francés Philippe Moreau-Chevrolet explica los retos del nuevo curso político para el presidente.

Un político profesional procedente del centroizquierda ecologista sustituirá al célebre Nicolas Hulot como ministro de Transición Ecológica y Solidaridad en Francia. El presidente, Emmanuel Macron, designó este martes en el cargo a François de Rugy, exdirigente verde, candidato a las primarias organizadas por el Partido Socialista en 2017 y hasta ahora presidente de la Asamblea Nacional.

Unas horas más tarde, su primer ministro, Édouard Philippe, despejó en una entrevista en el telediario de TF1 una de las íncógnitas que pesaba sobre este inicio del curso político. Philippe confirmó los planes para poner en marcha, a partir de enero, una reforma sobre la recaudación fiscal que había suscitado dudas en el Gobierno. Con ambas decisiones —el relevo de Hulot y la entrada en vigor de la retención mensua del impuesto sobre la renta— Macron intenta retomar pie tras unas semanas accidentadas.

Hulot, ejemplo del protagonismo que Macron quería dar a la sociedad civil en su Gobierno, dimitió la semana pasada entre duras críticas a la política gubernamental. El cambio incluye la entrada de la campeona mundial de natación Roxana Maracineanu como ministra de Deportes en sustitución de la excampeona olímpica de esgrima Laura Flessel, que anunció su dimisión “por motivos personales”. Según las publicaciones Le Canard Enchaîné y Mediapart, problemas de la ministra con el fisco explican su dimisión.

Los tropiezos recientes —las revelaciones sobre su incontrolable jefe de seguridad, Alexandre Benalla, y la dimisión imprevista de Hulot— han desgastado al presidente. Tampoco le ayudan un crecimiento económico más lento de lo esperado y los titubeos sobre reformas de carácter técnico pero con efectos sobre el bolsillo de los ciudadanos, como la del impuesto sobre la renta. Un sondeo del instituto Ifop sitúa la popularidad del presidente en un 31%, un nivel inferior al de sus antecesores, François Hollande y Nicolas Sarkozy, en el mismo momento de sus respectivos mandatos.

Pequeños ajustes 

La dimisión por sorpresa de Hulot, el 28 de agosto, desconcertó al macronismo. Hulot, famoso por sus programas de televisión de aventuras y medio ambiente, anunció su marcha en un programa de radio, sin avisar a Macron. Lo hizo dando a entender que el presidente y el Gobierno no están a la altura de las amenazas que pesan sobre el planeta. Y sugirió que estos contribuyen a la degradación de la democracia al ceder a la influencia de los lobbies o grupos de presión.

La respuesta es un cambio de mínimos, pequeños ajustes que marcan una continuidad en línea del Gobierno. Es la tercera remodelación ministerial desde que Macron llegó al poder hace 15 meses.

La inclusión de ministros y diputados de la sociedad civil fue uno de los reclamos electorales de Macron cuando en mayo y junio de 2017 ganó sucesivamente las elecciones presidenciales y legislativas. Hulot y Flessel, la dimitida ministra de Deportes, tienen en común que eran los ministros más populares. No eran políticos profesionales. Maracineanu, que nació en Rumanía y llegó a Francia con 9 años, fue  consejera regional (parlamentaria) en Ile-de-France, la región de París.

Ni Hulot ni Flessel acabaron de sentirse cómodos en el día a día de la actividad ejecutiva y legislativa. En el caso del ya exministro de Transición Ecológica y Solidaria, las concesiones y renuncias, las peleas con otros ministros y las resistencias parlamentarias alimentaron su frustración y precipitaron su salida.

La designación de Rugy, un ecologista con amplia experiencia legislativa, puede verse como una garantía al centroizquierda, la familia política en la que se crió Macron y que ahora se impacienta por sus políticas de centroderecha. Pero también puede interpretarse como una señal: el peso de la sociedad civil en el macronismo empieza a topar con sus límites; la política es cosa de profesionales.

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