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Un veterano dirigirá el Parlamento francés, dominado por los novatos de Macron

Con François de Rugy, los macronistas se han decantado por la experiencia en detrimento de la prometida paridad

La prometida paridad no ha llegado a la cúpula del poder parlamentario en Francia. Aunque tanto las apuestas como las insinuaciones desde el Elíseo apuntaban a que la presidencia de la Asamblea Nacional, el cuarto puesto de mayor poder en el sistema político francés, recaería en una mujer, finalmente ha sido un hombre, el execologista François de Rugy, el elegido para la tarea de dirigir el parlamento que deberá votar las leyes presentadas por el Gobierno de Emmanuel Macron. Propuesto por el grupo oficialista de La República en Marcha (LRM), su victoria estaba asegurada gracias a la holgada mayoría de la que gozan los macronistas en esta legislatura en la que, pese a estar muy reducidas y divididas, las fuerzas de la oposición prometen hacer mucho ruido.

François de Rugy tras ser elegido presidente de la Asamblea Nacional
François de Rugy tras ser elegido presidente de la Asamblea Nacional EFE

Con De Rugy, de 43 años, los macronistas han preferido la experiencia a la corrección de género. Ante un hemiciclo ampliamente novato —solo el 25% renueva mandato y 200 diputados no habían ocupado nunca un escaño— LRM abogó por proponer a un político que conoce bien los pasillos de la Asamblea Nacional, ya que es diputado desde hace una década. Algo que servirá, espera el partido de Macron, para guiar mejor tanto a sus diputados como a los demás miembros de un hemiciclo en el que la veteranía no es, necesariamente, sinónimo de savoir faire: el excandidato presidencial Jean Lasalle, diputado desde 2002, casi se queda fuera, en el pasillo junto a los periodistas, por llegar tarde a la sesión inaugural.

De Rugy fue copresidente del grupo ecologista en el parlamento hasta 2016, cuando se convirtió en vicepresidente de la Asamblea Nacional, tras pasarse a las filas del grupo socialista. Fue candidato ecologista en las primarias socialistas de las que surgió el candidato presidencial Benoît Hamon. Al igual que otro de los postulantes derrotados, el ex primer ministro Manuel Valls, De Rugy se negó a respaldar a Hamon y anunció su apoyo a la candidatura de Macron, por cuyo movimiento fue reelegido diputado por Loire-Atlantique en las recientes legislativas.

En sus planes está hacer de la Asamblea Nacional un espacio “más democrático, más eficaz y más moderno”, para lo que apoya la reducción del número de diputados —actualmente son 577— y la introducción de un sistema más proporcional, así como facilitar el diálogo con las otras fuerzas políticas que conforman el hemiciclo.

Algo que, pese a la cómoda mayoría que tienen los diputados macronistas, no será tan sencillo. Al menos siete grupos parlamentarios se han configurado, en buena parte dispuestos a hacer ruido ante la falta de músculo para oponerse a la mayoría macroniana.

Uno de ellos será La Nueva Izquierda, el nombre elegido por la treintena de diputados socialistas que ya han anunciado su intención de abstenerse o de votar en contra durante la moción de confianza al primer ministro, Édouard Philippe, la semana que viene. Su líder, Olivier Faure, explicó este martes que el nombre del grupo pretende hacer alusión a su definición de “izquierda” en una era de transversalidad política y a la renovación que asegura ha emprendido la formación en crisis desde su debacle electoral, tanto en las presidenciales como en las legislativas, en las que solo logró una treintena de diputados, frente a los más de 280 del quinquenio anterior.

Antes de su entrada en el hemiciclo, Jean-Luc Mélenchon, que con los otros 16 diputados de Francia Insumisa formará su propio grupo parlamentario, también prometió una oposición tenaz a un Gobierno al que acusa de “abuso de fuerza” y de pretender dar un “golpe de Estado social” con sus planes de sortear al hemiciclo para reformar la ley laboral. “Vemos una especie de hipertrofia de la monarquía presidencial en un momento donde la representación es la más frágil, nadie puede olvidar que ha habido un 57,3% de abstención”, dijo en referencia a la abstención récord en la segunda vuelta de las legislativas, el 18 de junio. Lo que no ha mencionado Mélenchon, que fue elegido este jueves presidente de su grupo de forma unánime —no tenía rival— es que él mismo ha logrado su escaño en Marsella con una abstención aún mayor en su circunscripción, de 64,2%, que la media nacional.

La oposición, a la que también pertenecen los ocho diputados del ultraderechista Frente Nacional, incluida su líder, Marine Le Pen, tendrá difícil sin embargo hacer oír su voz dentro de un hemiciclo ampliamente dominado por los macronistas y sus aliados.

Uno de los grupos que ya ha anunciado su intención de apoyar, aunque sea puntualmente, las reformas propuestas por el Gobierno es el de “Los Republicanos constructivos”, una escisión parlamentaria del partido conservador Los Republicanos que cuenta con una cuarentena de miembros tanto de esa formación como de la de centro-derecha UDI, hasta ahora aliado de LR.

Los macronistas tendrán también el voto asegurado de Valls, que este mismo martes anunció su marcha del Partido Socialista en el que ha militado durante casi cuatro décadas. Poco después, LRM reveló que Valls formará parte de su grupo parlamentario como diputado afiliado, es decir, que no será formalmente miembro del grupo, pero podrá disfrutar de algunas ventajas logísticas y administrativas que comportan estar en este tipo de plataforma en vez de actuar como independiente. Su primer voto, este martes, fue para confirmar a Rugy, poco después investido formalmente como su jefe en el Parlamento.

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