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Muere Abbas Amirentezam, el preso político más antiguo de Irán

Fue condenado a muerte, luego conmutada, por su contacto con EEUU como viceprimer ministro de la República Islámica

Abbas Amirentezam, en una foto tomada en 2008.
Abbas Amirentezam, en una foto tomada en 2008. AP

La muerte a los 86 años de Abbas Amirentezam, vice primer ministro y portavoz del Gobierno provisional de Mehdi Bazargan tras el derrocamiento de la monarquía de 1979, puso fin el pasado jueves en Teherán a casi cuatro décadas de cárcel y detención domiciliaria. Quien se había convertido en el preso político más antiguo de la República Islámica fue detenido el 19 de diciembre de aquel año, acusado por los sectores ultras de traicionar la revolución de acuerdo con documentos conseguidos durante la toma de la Embajada norteamericana en Irán. Estas alegaciones siempre fueron desmentidas no sólo por Amirentezam, sino también por Bazargan que logró convencer al ayatolá Jomeini de que le conmutara la pena capital.

La trayectoria de Amirentezam estuvo marcada por la nacionalización del petróleo iraní en 1951, bajo el Gobierno del primer ministro nacionalista Mohammad Mosadeq. Su vocación política cuando estudiaba electromecánica en la Universidad de Teherán lo acercó a Bazargan, entonces profesor y decano de la facultad técnica, y así comenzó a colaborar con los miembros del Movimiento por la Libertad de Irán (Nehzat-e-Azadi-e-Iran).

Al concluir la carrera, Amirentezam amplió sus estudios primero en París y luego en Berkeley (EE UU), donde hizo un máster en ingeniería estructural. Unos meses antes del triunfo de la revolución visitó al ayatolá Jomeini en París en octubre de 1978 y le informó de la situación del país. Desde entonces, y bajo la supervisión de Bazargan, tuvo contactos con representantes de EE UU para garantizar una salida pacífica del país del shah y siguió manteniéndolos como el vice primer ministro o, en ocasiones, como intérprete de confianza de Bazargan.

Muchos analistas señalan que la toma de la Embajada de EE UU en Teherán fue la herramienta de presión de los sectores ultras contra el Gobierno de Bazargan que trataba de mantener la revolución en un cauce moderado y Amirentezam se convirtió en el chivo expiatorio como figura de esta tendencia política. Incluso políticos que hoy en día están bajo detención domiciliaria le atacaron sin piedad en su día.

“Cuando se descubrieron documentos de la relación entre Abbas Amirentezam y el nido de espías [como los revolucionarios llamaron a la embajada norteamericana], me liberé realmente de una gran carga (…) Nunca olvido la alegría de aquella noche”, declaró Mir Hossein Musavi, entonces miembro del Partido de la República Islámica y desde las revueltas de 2009 convertido en símbolo de los reformistas.

A pesar de todas las advertencias Amirentezam, que en aquellos días se encontraba en Suecia como embajador de Irán ante los países escandinavos, decidió obedecer la llamada a consultas del ministro de Exteriores Sadegh Ghotbzadeh (quien también terminó en el paredón acusado de traición e intento de atentado contra el gran ayatolá Jomeini). Amirentezam ha denunciado en varias ocasiones que el entonces viceministro de Exteriores Kamal Jarrazi falsificó la firma de Ghotbzadeh en la orden para que regresara. Jarrazi llegó a ser ministro de Exteriores del presidente reformista Mohammad Jatami.

En marzo de 1981, tras 454 días en confinamiento solitario, Amirentezam fue presentado, ante un tribunal revolucionario, sin abogado ni jurado. Una de las pruebas más destacadas contra él era la palabra “Dear” (querido) en la correspondencia que mantuvo con la Embajada norteamericana en Teherán. Al final, la pena de muerte a que fue condenado terminaría siendo conmutada por Jomeini por una cadena perpetua.

Tras los primeros 17 años de prisión, alternó otros tantos la cárcel y el arresto domiciliario debido a su salud, pero nunca aceptó firmar una carta de arrepentimiento para liberarse. Bazargan intentó sin éxito hasta su fallecimiento en 1995 liberar a su colaborador de la cárcel. “Mientras el problema de Amirentezam no se arregle, una de mis manos se quedará fuera de la tumba”, manifestó el ex primer ministro iraní en una de sus últimas entrevistas.

Amirentezam, a quien algunos llegaron a calificar como “el Mandela iraní”, fue enterrado el viernes. Significativamente, el clérigo que ofició su funeral fue Ahmad Montazeri, hijo del gran ayatolá Husein Ali Montazeri que fuera delfín de Jomeini y que también acabo sus días bajo detención domiciliaria.

 

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