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La oposición iraní pierde a su líder espiritual, el ayatolá Hosein Alí Montazeri

El clérigo era una de las voces más críticas con el régimen.- Pasó de ser el heredero de Jomeini a un disidente bajo arresto domiciliario denostado por el régimen

Mujeres velan el cuerpo del gran ayatolá Hosein Alí Montazeri en la ciudad de Quom.
Mujeres velan el cuerpo del gran ayatolá Hosein Alí Montazeri en la ciudad de Quom. REUTERS

El movimiento reformista de Irán ha perdido este domingo a su referente espiritual. El gran ayatolá Hosein Ali Montazerí murió de madrugada, de un ataque al corazón, a los 87 años. El que fuera delfín del fundador de la República Islámica, Ruholá Jomeini, se había convertido con el tiempo en el más destacado de los clérigos críticos con el sistema de gobierno religioso que implantó la revolución. Su fetua en la que consideraba fraudulentas las elecciones de junio dio un respaldo a la oposición que el régimen no le ha perdonado. Los medios estatales mencionaron su fallecimiento de pasada.

La movilización para acudir a su entierro, en Qom, refleja la popularidad de Montazerí. Nada más conocer su muerte, una multitud se ha congregado frente a la casa donde vivía en esa ciudad santa del chiísmo. Además, miles de personas ha salido hacia allí desde Nayafabad, su localidad natal en la provincia de Isfahán, Shiraz y otras ciudades, según informa la web conservadora moderada Parlemannews. En Teherán se han organizado concentraciones espontáneas en varias plazas. "En las universidades se corea Alá-u akbar", ha declarado una activista en referencia a la invocación religiosa convertida en la lema de la oposición.

"Hosein Ali Montazerí ha muerto en su domicilio la pasada noche", anunció a media mañana la agencia oficial de noticias, Irna, sin mencionar si quiera su título. Apenas un puñado de ulemas chiíes alcanzan el rango de marja, o fuente de emulación, que distinguía a Montazerí y le convertía en una de las figuras más respetadas de esa rama del islam. La televisión estatal dio la noticia después de la información del tiempo y tan sólo se refirió a él como "teólogo y autor prolífico".

Era un signo de que la muerte de Montazerí evidencia las profundas divisiones del régimen. El Gobierno teme que su entierro se convierta en una nueva manifestación de descontento de los opositores. De hecho, las autoridades no han autorizado el desplazamiento a Qom de la prensa extranjera y anoche la web reformista Tagheer se hacía eco del despliegue de fuerzas antidisturbios en esa ciudad. En ese contexto, el mensaje de condolencias que el líder supremo, Alí Jameneí, ha emitido al final de la tarde suena a compromiso.

"Es una gran pérdida para la oposición", interpreta por su parte un observador occidental en Teherán. Montazerí respaldó desde el principio las denuncias de que el régimen había manipulado el resultado electoral que dio un triunfo aplastante a Mahmud Ahmadineyad, con cuyas políticas discrepaba. "Si las autoridades continúan por este camino, está claro que el pueblo va a distanciarse por completo del régimen y que la crisis actual va a agravarse", escribía en su página web todavía el pasado miércoles.

Alumno de Jomeiní, primero, y compañero de fatigas, después, Montazerí fue uno de los teóricos del velayat-e-faqih, la doctrina del gobierno del jurisconsulto que es el fundamento de la República Islámica y que subordina el poder político al poder religioso. También participó en la redacción de la Constitución. Sin embargo, su independencia de espíritu iba a convertirle en una espina para el poder establecido.

Jomeiní no toleró sus críticas contra las ejecuciones masivas de opositores y le apartó de la sucesión en marzo de 1989, pocos meses antes de su muerte. Se retiró a su seminario, pero mantuvo su voz crítica. En 1997, el heredero de Jomeiní, Alí Jameneí, a quien superaba en la jerarquía religiosa, ordenó su arrestó domiciliario por cuestionar los poderes del líder supremo. Le prohibieron enseñar, borraron su nombre de los libros de texto y la propaganda oficial se dedicó a denostarle. Imbuido de su "sentido del deber religioso", Montazerí siguió acusando a los gobernantes de imponer la dictadura en nombre del islam" y de su deriva militarista.