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EP Global BLOGS Coordinado por FRANCESCO MANETTO
OPINIÓN

Gol de James: la revancha de Colombia contra el Real Madrid

Las suplencias del jugador colombiano se vivieron como una afrenta nacional en su país, que espera ansioso la semifinal de Champions contra el Bayern Múnich

El colombiano James Rodríguez durante un partido del Bayern Múnich.
El colombiano James Rodríguez durante un partido del Bayern Múnich. AFP

Una imagen asoma de tanto en tanto en Colombia: enfundado en una camiseta vinotinto y oro que le queda enorme, un desconocido James Rodríguez de apenas 12 años, pelo muy corto y sonrisa inocente avisa de su zurda prodigiosa al marcar un gol olímpico en la final del Pony Fútbol, un conocido semillero de talentos que se transmite por televisión. Ya entonces usaba el diez, el mismo de sus tres temporadas en el Real Madrid, que solo vino a soltar cuando se marchó al Bayern Múnich en busca de una redención que está a punto de coronar.

Sus compatriotas vieron crecer, paso a paso, a ese talento precoz que fue campeón de Argentina con Banfield y de Portugal con Oporto sin haber cumplido 20 años. Se entusiasmaron cuando el chico de la sonrisa electrizante deslumbró al planeta en el Mundial de Brasil. Y celebraron a lo grande su llegada a Madrid como el diez del equipo más laureado de la historia. Muchos todavía recitan de memoria los números de su destacada primera campaña bajo el mando de Carlo Ancelotti: 17 goles y 18 asistencias.

Su estancia en Chamartín era vista en Colombia como una cuestión de Estado, de prestigio nacional. Pero la fortuna se torció. Por eso nadie puede reclamarles que hoy vivan con pasión y ánimo de revancha la semifinal de Champions entre los dos gigantes europeos. El sueño de muchos era una final en la que el Bayern derrotara al Madrid con un gol de James, pero con una eliminación en semifinales se dan por bien servidos.

Cuatro años después de haberse coronado como el inesperado goleador de Brasil 2014, James aparece sonriente en su monita del álbum de Panini para Rusia 2018. Quizá la más codiciada en Colombia, con el permiso del rejuvenecido Falcao García. Esa lámina dice que mide 1,80 metros, pesa 75 kilos, nació en 1991 y juega en el Bayern Múnich. Lo que no dice es que en un país polarizado por el acuerdo de paz y la campaña presidencial, James es motivo de consensos. Así juegue con el once en el Bayern, siempre será el diez de la selección, el armador, el heredero de Carlos El Pibe Valderrama con el que tanto soñaron los colombianos desde aquella generación dorada de los noventa, pero con mucho más gol.

A la espera de que Nairo Quintana gane su Tour de Francia y Falcao juegue su Mundial, James es el héroe nacional, el crack, el rostro que se multiplica en campañas publicitarias con lemas como “ponle James a tu vida”. Consigue que sus compatriotas sintonicen partidos de la Bundesliga contra equipos impronunciables.

Desde Colombia nunca se entendieron sus suplencias en el equipo de Zinedine Zidane. Aquí se vivió el predicamento de James en Chamartín bajo el lente de la eliminatoria sudamericana, esa liga de selecciones disputada a lo largo de dos años que coincidió con sus temporadas más traumáticas. James encontró refugió en Colombia. El seleccionador José Pékerman lo supo manejar con guante de seda, él se echó el equipo al hombro y lo sostuvo a punta de goles en los momentos críticos.

Con su selección, dictó cátedra de coraje, y reivindicó su figura cada vez que pudo. “Para que sigan diciendo que no estoy bien”, lanzó después de marcar el gol del empate contra Chile en Santiago, todavía con Rafa Benítez en el banco merengue. En los 3.600 metros de La Paz, Colombia ganó 3-2 con un gol de su capitán, que corrió hasta el último minuto. "Cuando juegas y tienes el apoyo de todos, es más fácil", soltó en Barranquilla tras derrotar 3-1 a Ecuador. “Aquí juego hasta cojo, aquí me siento feliz”, dijo en la Copa América Centenario, con medio hombro izquierdo inmóvil, tras marcarle a Paraguay.

En cada salida del equipo de Pékerman demostró estar en forma, más allá del hervidero de rumores madrileño. Ese nivel hacia inexplicable a ojos de sus compatriotas el continuo desprecio de Zidane. El entrenador se convirtió en el villano predilecto, una suerte de enemigo público, blanco de chistes e insultos sin tregua que se fueron extendiendo a cuanto calvo se cruzaba por el camino de James, como el holandés Arjen Robben, por ser el dueño del diez en el Bayern.

De regreso en España, James era carne de tertulias si sonreía o si ponía mala cara por igual. La frustrante carrera por recobrar el estatus que se había ganado a pulso en su primera campaña no llevaba a ninguna parte. Durante meses, el deporte nacional fue buscarle destino a un James devaluado. Cuando su carrera era una incógnita, aterrizó en Múnich, recién divorciado, para reencontrarse con Ancelotti.

El fútbol es una posibilidad de sobreponerse a las adversidades, y pese a la salida del italiano, se ha consolidado como el enlace que mueve los hilos del equipo bajo el mando de Jupp Heynckes. El debate en Colombia gira ahora alrededor de su posición en el Bayern, donde juega un poco más atrás, y cómo lo afectará en la selección, donde sigue fino de cara al gol. A finales del año pasado, su sexto tanto en las eliminatorias, en el dramático empate 1-1 de la última fecha ante Perú, selló el boleto a Rusia.

James regresará en un momento dulce al torneo que lo catapultó como una estrella del fútbol. Pero eso no impide que Colombia cierre filas en defensa de su diez. Sus paisanos quieren gritarle en la cara al club más ganador del mundo que aquel enlace al que dieron prematuramente por acabado es un intocable. Su intocable.

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