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“Qué susto he pasado”

Vecinos de Ciudad de México, Oaxaca y Morelos cuentan su experiencia en el terremoto de este viernes

Una vecina de Ciudad de México, durante el temblor.

Esta vez, la alerta sísmica sonó a tiempo. Cientos de vecinos de la Ciudad de México, Oaxaca y otros estados afectados tuvieron tiempo de salir. En septiembre, en cambio, la alarma sonó cuando ya estaba temblando.

En la capital, las reacciones han sido variadas. Humberto Acevedo, de 32 años, estaba en una cafetería del centro cuando sonó la alerta. Lo primero que hizo fue organizar el desalojo de clientes. Humberto forma parte de las brigadas de rescate en situación de catástrofe. Aunque suene obvio, dice, lo primero que hay que hacer es mantener la calma. Desde que comenzó a temblar, supo que este temblor no sería tan intenso como el del 19 de septiembre. "Les dije que mantuvieran la calma y que no expresaran pánico innecesario"

Guadalupe Naranjo, vecina de la colonia Roma, explica que ha pasado un mal rato. La Roma fue uno de los barrios más afectados por el sismo del 19 de septiembre "Qué susto he pasado", dice la mujer, "pensé que iba a ser como el de hace unos meses pero ha sido menos tiempo. Me dan miedo edificios como ese", dice señalando a una mole abandonada desde hace cinco meses por daños en la estructura y que se tambaleó como un junto la tarde del viernes.

A un kilómetro de allí, en la colonia Juárez, Diana, una joven de 25 años, cuenta que estaba con una amiga cuando empezó el terremoto. "Ya teníamos mucho susto de lo que pasó la vez pasada y temíamos que volviera a pasar".

El miedo ha durado lo que el temblor, si acaso unos minutos más, mientras la gente hablaba con amigos y familiares y comprobaba que todos estaban bien. Ya de noche, las terrazas del corredor Roma Condesa, atestadas de viernes a domingo, presentaban un aspecto habitual.

En Oaxaca, la situación ha sido parecida. Incluso en el istmo, la zona más castigada por los temblores de septiembre.

En Juchitán, uno de los pueblos más afectados entonces, Naomi Méndez cuenta que el temblor de este viernes le agarró con sus padres, en casa. Ella alcanzó a salir a la calle, pero ellos se quedaron paralizados dentro. "Yo gritaba para que salieran pero con el temblor se marearon y no podían moverse", cuenta desde el otro lado del teléfono.

"Vivimos preocupados, siempre en alerta. Ahora estamos esperando en este terreno por si viene una replica más grande. Después del 7 de septiembre tomamos más precauciones y esperaremos el tiempo que haga falta. Probablemente hoy nadie duerma dentro de su casa", cuenta. Los vecinos harán turnos de vigilancia en las calles esta noche: "Después del temblor anterior la gente está sin trabajo y muchos aprovechan estas situaciones para entrar a robar a las casas. Por eso nos vamos a organizar para cuidarnos entre nosotros y así poder descansar un poco", explica.

Méndez cuenta que han encendido un fuego y, alrededor, se ha juntado un grupo de vecinos tomando café caliente. Cuando sea la hora de dormir, sacarán una sábana y la colocarán en el suelo frente a su casa y mirarán a los lados: "Hay que estar pendientes de que no haya encima de nosotros postes de luz, vallas, porque no queremos que pase otra desgracia si vuelve a temblar". En Juchitán no se han registrado daños graves, aunque el municipio ya estaba prácticamente destruido: "Las casas que ya estaban dañadas, se dañaron más. No aguantan tantas réplicas. Es necesario que el Gobierno haga un nuevo censo", pide Méndez.

En Ixtaltepec, a quince minutos de Juchitán, el temblor no se ha sentido con demasiada intensidad. Con Juchitán, Ixtaltepec fue uno de los pueblos más afectados por los sismos de septiembre. Guadalupe Jiménez, vecina del municipio, cuenta: "Sí, sentimos lo fuertito, pero aquí es que ya estamos acostumbrados, estamos en modo vibrador. Las casas ninguna se cayó, aunque bueno, aquí la gente está empezando a reconstruirlas, así que todo bien. Mi mamá y mi tía se han asustado pero ya".

Eva Rodríguez, vecina de la ciudad de Oaxaca, dice que "quienes más lo sintieron fueron los vecinos de la costa. Yo estaba en el supermercado y los anaqueles... Era tremendo el ruido, las cosas cayendo, pero los empleados aplicaron su protocolo de desalojo y salimos super rápido. Yo creo que ya nos hemos acostumbrado".

En el Estado de Morelos, en Cuernavaca, la situación fue parecida a la de Ciudad de México. La gente salió a la calle enseguida, pero apenas se reportaron daños. José Martínez, vecino de la ciudad, estaba en una copistería. "Estaba con mi familia y todos salimos rápido a la calle, sentí como que me mareaba. A diferencia del del 19 de septiembre, que fue muy violento, este se sintió como más oscilatorio. Pero aún así, la gente salió rápido, rápido. La gente tiene lo que pasó muy presente".

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