Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Trump logra aprobar la mayor baja de impuestos en tres décadas

La reforma fiscal sale adelante con la oposición frontal demócrata por el efecto en la desigualdad y las cuentas públicas

El líder republicano de la Cámara de Representantes, Paul Ryan, este martes.

La era Trump ha logrado su primera gran victoria política, la aprobación de la mayor rebaja de impuestos desde la de Ronald Reagan, hace más de 30 años. La Cámara de Representantes y el Senado dieron la bendición definitiva al proyecto ayer gracias a la mayoría republicana y con la oposición de los demócratas, que ven un regalo histórico para los más ricos. El recorte, que premia sobre todo las empresas, suma 1,5 billones en 10 años y plantea dudas por sus efectos en las arcas públicas y en la desigualdad que caracteriza a la economía más poderosa del planeta.

Donald Trump y los legisladores de su partido, el establishment, no se han entendido desde aquel primer momento en el que el empresario neoyorquino se postuló como candidato a la presidencia. El desencuentro se prolongó a lo largo de este casi ya primer año de Gobierno -a veces por formas y otras por fondo- y provocó el bochornoso fracaso de los conservadores a la hora de derogar la reforma sanitaria de Barack Obama, que era una especie de bestia negra para la derecha americana. Pero si algo une a los republicanos de todo calibre y pelaje, de Minnesota a Florida, es el amor por una buena bajada de impuestos, y tras ocho años de Gobierno demócrata y una Gran Recesión, ansiaban una poda como esta.

Además, han aprovechado esta legislación para quitarse el mal sabor de boca que dejó la pugna sanitaria, cuando no lograron consensuar un modelo alternativo al que detestaban, liquidando uno de sus pilares: se suprime la obligación individual de contratar un seguro médico. Un Trump exultante se lo apuntó como triunfo esta mañana: “Básicamente hemos derogado Obamacare”, dijo a la prensa antes de comenzar la reunión de su gabinete. El mandatario se extendió en las declaraciones, recalcó que lo votado constituía “una victoria histórica para los americanos” y se deshizo en elogios a los legisladores, incluidos sus líderes del Congreso y el Senado, Paul Ryan y Mitch McConnell, a los que hace unos meses no podía ver.

"El Senado de Estados Unidos acaba de aprobar el mayor proyecto de reforma y rebaja fiscal de la historia. El terrible mandato (el Obamacare) [ha sido] derogado. Por la mañana volverá a la Cámara de Representantes para la votación final. Si se aprueba, habrá rueda de prensa en la Casa Blanca sobre las 13.00".

La euforia llenó la Casa Blanca, donde los autobuses de republicanos empezaron a llegar para celebrar su logro, una rebaja fiscal gigante que para bien o para mal merecerá su puesto en los libros de historia económica. Les inyecta optimismo, además, de cara a las elecciones legislativas de 2018.

El presidente necesitaba esta victoria como agua de mayo, dado el mal balance legislativo que ha marcado su presidencia pese a la mayoría republicana en las cámaras. Ha sido tal la tensión hasta el último momento que el vicepresidente, Mike Pence, aplazó su viaje a Oriente Medio para estar en Washington en la votación en caso de que hiciera falta su voto de desempate en el Senado. La Cámara alta está formada por 48 senadores demócratas y 52 republicanos (aunque acaban de perder el escaño de Alabama) y la enfermedad de John McCain, que está tratándose en Arizona, les dejaba solo con 51 y temían una deserción de última hora.

Más allá de las luchas intestinas del partido republicano, la propia reforma fiscal es controvertida por el bocado que supone a la recaudación pública y su progresividad. El impuesto de sociedades cae del 35% al 21%, la mayor rebaja de la historia reciente, el tramo máximo para las mayores rentas encoge del 39% al 37% y, en beneficio de las clases trabajadoras, casi duplica el mínimo exento (de 6.500 a 12.000 dólares y el doble para parejas) y mejora las ayudas por hijo, gastos médicos y estudios.

Giro neoliberal

La Administración de Donald Trump completa con esta reforma un giro neoliberal para la economía, con menos impuestos y menos regulación, en definitiva, menos Estado. “Hemos cortado cientos y cientos de regulaciones”, destacó el presidente este miércoles, cuando sacaba brillo a la reforma fiscal. "Al reducir los impuestos y reformar el sistema roto, ahora estamos vertiendo combustible de cohetes en el motor de nuestra economía. Estados Unidos ha vuelto a ganar, y estamos creciendo como nunca antes", dijo.

La reforma ha llegado en un momento positivo de la economía estadounidense, con un mercado laboral en situación de pleno empleo, un crecimiento lento pero sostenido y Wall Street en niveles de récord. La economía es una de las grandes bazas del Gobierno de Trump.

Los demócratas ven "un robo a la clase media"

Trump la vendió durante la campaña electoral que la reforma que ayudaría sobre todo a la clase media y trabajadora estadounidense, pero a la postre, los cambios favorecen especialmente a los más ricos (incluido el propio Trump) y no implican ninguna mejora para los más pobres. La demócrata Nancy Pelosi tachó el plan de "robo a gran escala a la clase media".  Según los cálculos del Tax Policy Center, un laboratorio de ideas independiente en Washington, el volumen de recorte paras las clases medias sumará unos 61.000 millones de dólares en el ejercicio 2019, la misma cifra absoluta que las rentas más altas, con el matiz de este club solo está formado por el 1% de la población.

En total, ese paquete de recortes y deducciones suman un montante de 1,5 billones de dólares que dejan de entrar en las arcas públicas. El argumento republicano -y neoliberal- consiste en que cuanto más baja la presión fiscal, más se anima la economía porque los consumidores tienen más dinero para gastar y las empresas para invertir, y, al acelerarse el crecimiento, aumenta el tamaño del pastel y el fisco acaba ingresando lo mismo pese a que los gravámenes bajen. Es decir, que el mayor dinamismo compensa el recorte de los tipos impositivos y la reforma fiscal, de alguna forma, se paga sola.

"¡Felicitaciones a Paul Ryan, Kevin McCarthy, Kevin Brady, Steve Scalise, Cathy McMorris Rodgers y a todos los republicanos que han votado a favor de recortar tus impuestos!"

No ocurrió así con la de Reagan de 1981 ni, según muchos expertos, ocurrirá con esta. El comité fiscal del Congreso, advierte de que esos cálculos son demasiado optimistas y que el estímulo bocado a las arcas seguirá sumando al menos un billón de dólares en esa década, con lo que aumentará el déficit -la diferencia entre los gastos y los ingresos de la Administración- y agravará el lastre de deuda pública que arrastra en Estados Unidos, de más de 20 billones de dólares.

El problema estriba en creen que la relación entre menos impuestos y más actividad (y por tanto, más ingresos fiscales) funciona ad infinitum. Pero la teoría habla en realidad de una curva -se la conoce como la curva de Laffer, por Arthur Laffer, el economista que la popularizó- y el peligro es olvidarse del otro lado de esa curva. Si un 100% de impuestos bloquea la economía y deja los ingresos fiscales en cero, existe un punto a partir del cual la bajada de impuestos también va mermando la recaudación porque no es tanto el extra de crecimiento.

El experimento se podrá valorar en los próximos años. A falta de la firma final de Trump, la reforma entra en vigor en 2018. El proceso terminó como empezó, con complicaciones. La Cámara de Representantes tuvo que repetir la votación este miércoles, pese a que ya había que había votado a favor del proyecto definitivo el martes, porque justo después, cuando el texto llegó a la otra cámara, los senadores cambiaron tres provisiones que incumplían la normativa.

Después de que Trump se dirigiera a la prensa en su reunión de gabinete, mientras el texto estaba pasando su último trámite, el secretario de Vivienda, el religioso Ben Carson, ofreció en voz alta una oración de gracias por “la unidad en el Congreso” y pidió a Dios “espíritu de gratitud, compasión y sentido común” en estos tiempos de “desacuerdo, desconfianza y deshonestidad”. Las cuentas de la reforma tienen también algo de acto de fe.

Más información