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¿Pueden ser las ciudades un contrapoder al Estado?

El exalcalde de Nueva York Michael Bloomberg, responsable de la movilización para salvar el acuerdo climático en EEUU, reflexiona en una entrevista sobre la influencia creciente de las urbes

De izquierda a derecha: Los alcaldes de Los Ángeles, Eric Garcetti, París, Anne Hidalgo, exalcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, Barcelona, Ada Colau y Milán, Giuseppe Sala, en París este mes.
De izquierda a derecha: Los alcaldes de Los Ángeles, Eric Garcetti, París, Anne Hidalgo, exalcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, Barcelona, Ada Colau y Milán, Giuseppe Sala, en París este mes. REUTERS

¿Puede un solo hombre oponerse a la decisión de todo un Gobierno? Seguramente sí, siempre y cuando responda al nombre de Michael Bloomberg. Desde que abandonó la alcaldía de Nueva York en 2013, el empresario de 75 años, décima fortuna mundial según la revista Forbes, ha convertido su combate por el medioambiente en marca de fábrica y principal activo político. Su última iniciativa no solo demuestra su poder incandescente, sino que también apunta a nuevas formas de ejercerlo. En junio, Bloomberg logró poner de acuerdo a 30 alcaldes y tres gobernadores estadounidenses, además de 80 universidades y un centenar de empresas privadas, para salvar el acuerdo climático alcanzado en París en 2015, después de que el presidente Donald Trump anunciara que no tenía ninguna intención de llevarlo a la práctica.

“Fue una vergüenza salir de ese acuerdo, pero cumpliremos con esos objetivos sin el Gobierno federal”, ha explicado Bloomberg esta semana en la capital francesa, donde participó en la cumbre CityLab, coorganizada por su fundación filantrópica, que reúne a representantes de 37 ciudades de todo el mundo –entre ellos, la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, que se comprometió a dejar la ciudad libre de combustibles fósiles antes de 2030– para compartir buenas prácticas sobre asuntos como el cambio climático, la lucha antiterrorista o la crisis de los refugiados.

Hasta la fecha, casi 200 países se han comprometido a reducir su emisión de gases de efecto invernadero y a impedir que las temperaturas medias mundiales aumenten más de dos grados. Al anunciar su promesa “en paralelo” para cumplir con el acuerdo de París, Bloomberg evidenciaba que la lucha contra el cambio climático ya no era potestad exclusiva de Washington. Su acción coordinada apuntaba también a un modelo alternativo de gobernanza: una alianza de estructuras intermedias, liderada por alcaldes y gobernadores, pero también estructuras privadas, que lograba sortear los obstáculos impuestos por el poder centralizado. “No intentamos usurpar el poder a los Gobiernos”, aseguró Bloomberg durante una entrevista concedida a EL PAÍS y otros cuatro medios internacionales. “Lo que hacemos es organizarnos para intercambiar ideas. En realidad, el Gobierno federal no implementa nada, solo aprueba leyes y distribuye fondos. A la hora de la verdad, las decisiones se toman a nivel municipal”, añadió el exalcalde de Nueva York. “Las ciudades lidian con los grandes problemas, como el terrorismo, la delincuencia, la educación, los sin techo o la creación de empleo. Son las ciudades las que tienen los problemas, pero también las soluciones”.

Para la alcaldesa de París, las ciudades deben intervenir “incluso cuando perturban la acción gubernamental”

¿Se trata de un modelo extensible a otros campos, más allá de la lucha medioambiental? La organización de Bloomberg lidera otra red similar de consistorios municipales con el objetivo de garantizar el acceso a la sanidad pública en 50 ciudades distintas. En junio anunció la donación de 200 millones de dólares a iniciativas conducidas por las ciudades no solo en el ámbito medioambiental, sino también en el de la salud y la participación ciudadana. Esta doctrina inconfesa de gobernanza alternativa también cuenta con partidarios como la propia alcaldesa de París, Anne Hidalgo. “Las grandes organizaciones, como la OCDE, vienen a buscar a las ciudades, porque son gobiernos a escala humana”, ha afirmado esta semana en la cumbre CityLab. “Los alcaldes tenemos la posibilidad de intervenir en los problemas globales, de pensar localmente y actuar localmente, incluso si eso perturba las acciones gubernamentales”. De hecho, la socialista Hidalgo no ha dudado en enfrentarse al Eliseo, hasta cuando estaba ocupado por un compañero de partido. Durante el último tramo de François Hollande en el poder, la alcaldesa se enfrentó al Ejecutivo francés cuando no quiso autorizar algunas de sus medidas medioambientales, como la imposición del tráfico alternado cuando se registraban picos de contaminación en la ciudad.

Sin ambición presidencial

Cuando era boy scout, Bloomberg se prometió a sí mismo convertirse en primer presidente judío de Estados Unidos. El empresario, que renunció a su militancia en el Partido Republicano en 2007 para reciclarse como independiente, sopesó presentarse a las presidenciales del año pasado, antes de terminar dando su apoyo a Hillary Clinton. La victoria de Trump –otro empresario como él, aunque situado en las antípodas de lo que cree representar– no ha alentado su ambición presidencial de cara a los comicios de 2020. “Si me fuera a presentar no se lo diría aquí, pero creo que no lo haré”, explicó en París.

“Mi presentimiento es que Trump terminará su primer mandato. Un impeachment me parece improbable y que él renuncie todavía lo es más. Está viejo y diría que tiene algo de sobrepeso, pero la probabilidad de que tenga un problema de salud es baja”, ironizó Bloomberg. La reelección de Trump no le parece inconcebible. “Los presidentes salientes siempre tienen ventaja y un tercio del país sigue pensando que está haciendo un buen trabajo. Sus seguidores todavía le son leales. Es ese tercio del electorado al que no le gustaba ni Trump ni Clinton el que realmente está en juego”, concluyó.

Contra la independencia catalana

Bloomberg también aprovechó su paso por París para comentar la crisis política en Cataluña. “No se puede dividir a estos países. El Brexit, por ejemplo, fue la cosa más estúpida que haya hecho jamás cualquier país, antes de que nosotros los superáramos”, dijo el empresario, en alusión a la victoria de Donald Trump en 2016. “La división no funciona. Nuestra guerra más sangrienta fue para mantener a nuestro país unido. Dicho esto, no vivo allí [en Cataluña] y puede que tuviera una opinión distinta si lo hiciera”, matizó Bloomberg, que también hizo una llamada a las soluciones pactadas. “Dialogar es mucho mejor que pelearse”, concluyó.

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