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Juncker exhorta a dar un salto adelante en la integración europea

El presidente de la Comisión Europea reclama en Estrasburgo que todos los países de la Unión estén en el euro y Schengen, con un acuerdo político en 2019 que se sustancie en 2025

El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, durante el discurso del Estado de la Unión en Estrasburgo. Reuters-Quality

La guerra ha terminado, suelen titular los periódicos tras las grandes conflagraciones. Pero la Gran Recesión no. Ni mucho menos. El populismo, ese estado líquido de lo que Horckheimer llamaba totalitarismo, no ha llegado a los Gobiernos en Holanda y en Francia; tampoco va a hacerlo en Alemania. Y la eurozona crece al ritmo más alto en los 10 últimos años. Pero Europa necesita profundas reformas para evitar que la próxima crisis reviente el edificio europeo.

Jean-Claude Juncker, el socialcristiano que preside la Comisión Europea, ha arrancado este miércoles en Estrasburgo el curso político en el continente con un discurso denso, en tres idiomas (alemán, inglés y francés) y cargado de propuestas. Aunque algo falto de emoción. Su discurso sobre el Estado de la Unión deja una idea fundamental: "Estamos arreglando el techo del proyecto europeo. Pero debemos seguir añadiendo pisos a esta casa. Ahora hace buen tiempo: hagámoslo, porque cuando aparezcan los nubarrones, y aparecerán, será demasiado tarde. Aprovechemos los vientos favorables".

Juncker se engancha así a las reformas de la UE que empiezan a calar en Francia y Alemania. Y se decanta sin ambages por una mayor integración: quiere que los 27, una vez el Reino Unido salga, se alisten sin excepción al euro, a Schengen (la libre circulación) y a la unión bancaria, con un acuerdo político en 2019 —en una cumbre en Rumanía al día siguiente del Brexit— y con ese formidable salto de integración concluido en 2025.

Moneda única y economía

Palabras mayores, porque nada de eso parece sencillo. Ni políticamente (con fracturas Norte-Sur y Este-Oeste) ni siquiera técnicamente. Solo 19 de los 28 miembros de la UE están en el euro, y dos de ellos (Reino Unido y Dinamarca) han explicitado que no quieren la moneda única. Juncker ha propuesto un mecanismo de ayuda técnica que contará también con financiación, dinero contante y sonante para preparar el terreno a las nuevas incorporaciones. Pero no está claro que Polonia, a quien le ha ido estupendamente fuera del euro y que mantiene un enfrentamiento con Bruselas, quiera ingresar en el club. Grecia ha estado en varias fases con un pie fuera, y las críticas a la moneda común son formidables incluso dentro de la eurozona, en países como Italia, cuya renta per cápita no ha crecido un solo euro en los últimos 16 años de vida de la moneda.

El aparato económico ha sido uno de los pilares fundamentales del discurso. Juncker propone convertir el Mecanismo de Estabilidad europeo (Mede, que ha rescatado a varios países en profundas crisis, como España) en un Fondo Monetario Europeo, tal como explicó este diario el domingo. Quiere un presupuesto para la eurozona (que quedaría alojado dentro del de la UE), un superministro de Finanzas (el vicepresidente económico comunitario, que según esa propuesta presidiría también el Eurogrupo) y acabar de una vez con la unión bancaria, con un fondo de garantía de depósitos y un fondo de resolución de bancos.

Para todo ello, el luxemburgués necesita a Alemania: Merkel podría lograr un cuarto mandato en apenas unos días, pero el color de la coalición de Gobierno decantará las posiciones alemanas al respecto. Con los socialdemócratas a bordo, Berlín y París remarían a favor de esas propuestas. Si Merkel necesita a los liberales, en cambio, el asunto se complica.

Comercio

Además del plano económico, Juncker ha reiterado que, a diferencia de los Estados Unidos de Donald Trump, la UE seguirá firmando acuerdos comerciales: los próximos son Australia y Nueva Zelanda. Aunque la Unión no es partidaria de un libre comercio naíf: se decanta por un mecanismo de control de inversiones exteriores, para evitar que países como China puedan invertir en sectores estratégicos europeos pero a la vez bloquean las inversiones europeas en China.

La ampliación de Schengen debería estar lista también —al menos políticamente— para 2019, aunque actualmente solo 22 de los 28 miembros de la UE están en ese pacto: Croacia, Reino Unido, Irlanda, Chipre, Bulgaria y Rumanía deberían acceder; no parece sencillo al menos en los dos últimos casos.

Inmigración y Schengen

Junto con esa ampliación de Schengen, Juncker ha anunciado un nuevo paquete migratorio. Bruselas propondrá en breve una reforma del asilo. Pero Juncker ha tenido palabras duras contra algunos Estados en ese capítulo: "Europa ha sido solidaria, pero algunos países no han hecho lo suficiente" en áreas como la recolocación de refugiados. El jefe de la Comisión (el brazo ejecutivo de la UE) ha hecho un llamamiento a aumentar la solidaridad con la vecindad Sur: ha reclamado que los Estados miembros arrimen el hombro en la financiación del fondo de ayuda a África. Pero sobre todo ha metido el dedo en una de las grandes llagas: "Los migrantes que no tienen derecho a estar en Europa deben volver a sus países de origen. Solo el 36% de los inmigrantes ilegales son retornados. Hay que intensificar los esfuerzos para poder ser solidarios con los refugiados que de veras necesitan protección".

El discurso sobre el Estado de la Unión es una de esas fechas litúrgicas, cargadas de simbolismo, del calendario europeo. Y Juncker no ha dejado pasar la oportunidad de dejar claro qué Europa quiere: "Una UE más unida, fuerte y democrática". "El Estado de derecho no es una opción: es una obligación", ha dicho en un guiño indisimulado a las tentaciones de varios países del Este, encabezados por Polonia y Hungría. "En Europa impera la fuerza de la ley, no la ley del más fuerte. La UE se basa en el Estado de derecho y hay que respetar las sentencias judiciales ", ha dicho en relación a Polonia. También ha tenido fuertes críticas para Ankara: "Turquía se está alejando de la UE a pasos agigantados. No podemos tolerar que los líderes turcos llamen a nuestros primeros ministros nazis y fascistas. Los periodistas deben estar en las redacciones, no en las cárceles".

Brexit y ampliación

Juncker ha pasado de puntillas por el Brexit, con una breve mención al primer divorcio de la UE en sus 60 años de historia. "El Brexit es triste, es trágico: siempre lo lamentaremos, ustedes también", ha dicho dirigiéndose a los eurófobos británicos, que le abucheaban con su proverbial educación de colegio privado desde su bancada. "Pero el Brexit no es el final de Europa", ha subrayado. Juncker ve una ventana de oportunidad para una ampliación a los Balcanes occidentales: Serbia y Montenegro podrían entrar antes de 2025. Y sobre todo quiere que la UE aproveche el momento para hacer algo más que apuntalar el edificio. "Jacques Delors y Helmut Kohl me enseñaron de primera mano que Europa solo avanza con valor y coraje: cuando es audaz". Esa audacia, por cierto, se ha echado de menos repetidamente en la última década. Solo una buena crisis evita que los espectadores se duerman en sus asientos: Juncker ha advertido de que no es el momento de dormirse en los laureles, porque la crisis volverá. Bruselas ya ha hecho su propuesta. Las elecciones alemanas dictarán ahora lo que se puede y no se puede hacer, con permiso de Emmanuel Macron, en los próximos días.

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