Trump enreda las ayudas a Texas en la pelea con su partido

El presidente pide 7.900 millones de dólares al Congreso para las reparaciones de Harvey y lo condiciona a la negociación del techo de deuda

El presidente Trump se hace fotos con los afectados por Harvey, el sábado en Houston.
El presidente Trump se hace fotos con los afectados por Harvey, el sábado en Houston.AFP

Así, el Congreso vuelve a la actividad el martes que viene, con una nueva prioridad sobre la mesa cuando ya se anticipaba un septiembre caliente por la negociación del techo de deuda, un presupuesto condicionado por el muro con México y el plan de reforma fiscal que quiere el presidente.

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De ese paquete económico, 450 millones serán para la agencia federal que ayuda a pequeños negocios y el grueso del dinero es para la Agencia Federal de Emergencias (FEMA), que es la que tiene que desembolsar las ayudas. FEMA calcula que 450.000 personas acabarán pidiendo ayuda económica por destrozos de la tormenta Harvey. Hasta el viernes lo habían hecho más de 300.000.

La petición de Trump al Congreso avisa de que pedirá también un segundo paquete de otros 6.700 millones. Se trata de un pago inicial para una recuperación que puede llevar años y que las primeras estimaciones anticipan como el mayor paquete económico de este tipo en la historia del país. Este fin de semana había al menos 100.000 casas dañadas. En zonas al Este de Houston, había pueblos enteros sin agua corriente ni luz. La agencia ya pidió el viernes propuestas para comprar 4.500 casas prefabricadas, por ejemplo.

El alcalde y el gobernador quieren poder gastar dinero desde ya, sin tener que esperar al presupuesto federal. Para eso quiere garantías de que el Gobierno reembolsará a la ciudad. En todo Texas hay un millón de personas fuera de sus casas y las estimaciones de los costos de reparación van desde los 50.000 millones hasta los 125.000 millones.

Trump ha entendido que Harvey puede ser el momento definitorio de su presidencia. Mucha gente no presta atención a sus políticas, pero nadie se va a olvidar si la respuesta oficial a un desastre de esta magnitud se percibe como insuficiente. El sábado, el presidente volvió a Texas para su segunda visita en esta semana. Desde el aire, Trump vio por primera vez con sus propios ojos la destrucción en los alrededores de la ciudad, donde aún hay pueblos completamente sumergidos y sin los recursos que tiene la megaurbe. La vez anterior, el martes, se lo enseñaron en fotos. La Casa Blanca era consciente de las críticas porque el martes Trump no vio a ningún afectado, ni visitó una zona afectada. Estuvo en un centro de mando en un hangar y de ahí fue a Austin.

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Este sábado el presidente sí estuvo sobre el terreno. Visitó un albergue temporal de Houston y durante unos 20 minutos de televisión en directo saludó a los voluntarios y se le vio abrazar y besar a niños, dar juguetes y hacerse fotos con familias refugiadas. Después entregó comidas y se hizo decenas de selfies espontáneos con todo el que se lo pedía.

Fue una de las imágenes más presidenciales de Trump desde su inauguración. Un importante contraste con el martes, cuando su única interacción con los ciudadanos fue salir un momento del centro de mando, subirse a un camión y, de lejos, gritar a un grupo de curiosos: “¡Menudo público! ¡Qué asistencia!”.

En el centro de acogida, Trump dijo que están “firmando papeles” con la ciudad y el estado sobre su propuesta de ayuda financiera y que espera que “el proceso sea rápido” en el Congreso. “Estoy muy contento con la forma en que se han hecho las cosas”, dijo sobre el apabullante despliegue de ayuda de emergencia de Texas (una economía del tamaño de España), que está dejando asombrado al país. “Creo que la gente aprecia la eficacia con la que se ha hecho todo. Por duro que haya sido esto, es algo maravilloso”.

El gobernador de Texas, Greg Abbott, es un importante aliado político de Trump. El presidente le alabó repetidamente en sus comentarios ante los voluntarios. La caravana presidencial tenía previsto llegar a Lousiana en la tarde del sábado, donde sigue aún cayendo agua.

Sobre la firma

Es editorialista de la sección de Opinión. Trabaja en EL PAÍS desde el año 2000 y ha desarrollado su carrera en Nacional e Internacional. En 2014, inauguró la corresponsalía en Los Ángeles, California, que ocupó hasta diciembre de 2020. Es de Madrid y es licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense.

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