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Merkel no se arrepiente de abrir sus fronteras: “Decidí lo correcto desde un punto de vista humanitario”

La canciller asegura en una entrevista que adoptó las medidas necesarias durante la crisis de refugiados

La canciller Merkel posa para una foto con un refugiado eritreo, este domingo en Belrín.
La canciller Merkel posa para una foto con un refugiado eritreo, este domingo en Belrín. Getty Images

El 4 de septiembre de 2015, la canciller alemana, Angela Merkel, tomó una decisión que le granjeó una imagen de estadista con sentimientos humanos en casi todo el mundo, pero que estuvo a punto de hacer añicos la tradicional alianza que mantiene su partido, la CDU, con la CSU de Baviera. Ese día, Merkel dio la orden para que decenas de miles de refugiados, que estaban atrapados en una estación de trenes en Budapest, pudieran viajar a la tierra prometida.

Casi dos años después, tres periodistas de la edición dominical de Die Welt, durante una entrevista cedida a EL PAÍS en el marco de la Alianza LENA, le preguntaron a la canciller si había cometido un error al permitir la llegada de los refugiados, un tema que está aflorando en vísperas de las elecciones federales que tendrán lugar el 24 de septiembre.

“Adoptaría de la misma forma todas las decisiones importantes de 2015. Era una situación extraordinaria y tomé mi decisión pensando en lo correcto desde un punto de vista humanitario”, asegura la canciller. “Este tipo de situaciones extraordinarias se producen de vez en cuando en la historia de un país y un jefe de Gobierno tiene que actuar. Yo lo hice”, añade.

“Este tipo de situaciones extraordinarias se producen de vez en cuando en la historia de un país y un jefe de Gobierno tiene que actuar. Yo lo hice”

La llegada de cientos de miles de refugiados al país tuvo en su momento difíciles consecuencias para las ambiciones políticas de Merkel y provocó que el partido xenófobo y euroescéptico, Alternativa para Alemania (AfD), cosechara éxitos electorales, inimaginables antes de que estallara la crisis de refugiados.

Aunque el temor de algunos alemanes por la llegada de más de un millón de refugiados aún no ha desaparecido del todo, una realidad que puede calentar las últimas semanas de la campana, Merkel insiste en su conversación con los periodistas en que el problema aún ha sido resuelto y que algunos países que se resisten a recibir a los refugiados contradicen al espíritu europeo.

En la entrevista, Merkel admite que fue injusto dejar a Grecia e Italia hacer frente a la crisis de refugiados a causa de su geografía y recalca que seguirá pidiendo en Bruselas una redistribución justa de los refugiados en la Unión Europea. “Debemos repartir de forma solidaria a los refugiados entre los Estados miembros. No está bien que algunos países se nieguen a aceptar refugiados. Superaremos esto aunque costará tiempo y paciencia, pero tendremos éxito”, afirma.

Para impedir la llegada de migrantes, sobre todo a Italia, la principal puerta de entrada de la UE por el Mediterráneo, la canciller sugiere que la guardia costera de Libia debe recibir ayuda en su esfuerzo para contener el flujo de los refugiados, pero admite que no tolerará violaciones de los derechos humanos. Este aspecto será discutido este lunes en el Elíseo, durante una reunión en la que participarán, además del anfitrión, el presidente francés, la canciller alemana, los jefes de gobierno de España e Italia y los mandatarios de Libia, Níger y Chad.

Cuando faltan solo cuatro semanas para las cruciales elecciones alemanas, las encuestas coinciden en dar una cómoda victoria a los dos partidos democratacristianos (CDU Y CSU) que apoyan la candidatura de Merkel, con resultados de en torno al 39% a su favor, 15 puntos porcentuales sobre el Partido Socialdemócrata y su candidato, Martin Schulz. El partido Alternativa para Alemania, según estas encuestas, podría convertirse en la tercera fuerza política con una estimación de voto del 10%.

Para asegurar su victoria, Merkel también intenta en la entrevista enviar un mensaje de tranquilidad a los conductores de coches diésel, que temen que la justicia dicte en más de 60 ciudades una prohibición de circular a los coches contaminantes y también a la gran industria automotriz.

“La industria automotriz es uno de los pilares de la marca comercial made in Germany”, dice y promete que hará todo lo posible para que la industria encuentre un camino para asegurar su futuro. No dice qué medidas adoptará, pero afirma, aunque de forma indirecta, que no está a favor de la prohibición de circulación de los coches diésel contaminantes, como ya lo han pedido tres jueces en Alemania (Stuttgart, Múnich y Düsseldorf).

La canciller se convirtió este domingo en una amable anfitriona en la sede del Gobierno en Berlín, que celebró el tradicional día las puertas abiertas. A las 14 horas, Merkel recibió al público en el patio de honor de la cancillería y respondió a algunas preguntas de sus visitantes. “¿Qué es lo que más alegría le causa?” quiso saber un señor edad mediana. ”Fundamentalmente las buenas noticias”, respondió la canciller.

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