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Schulz gira a la izquierda para recuperar antiguos votantes socialdemócratas

El candidato del SPD admite “errores” en el programa de reformas impulsado por Schröder

Martin Schulz continúa revolucionando el panorama político alemán. Después de pulverizar todas las encuestas, el nuevo baluarte de la esperanza socialdemócrata gira a la izquierda. En un intento de recuperar votantes tradicionales decepcionados por la deriva liberal de su partido, Schulz prepara un programa con fuerte contenido social. Y rompe un tabú al criticar las reformas emprendidas por el último canciller del SPD, Gerhard Schröder. “También nosotros cometemos errores”, reconoce. Unos fallos que, dice, ahora pretende remediar. Las acusaciones de “socialpopulismo” no han tardado.

Martin Schulz, el candidato a canciller de los socialdemócratas alemanes, visita el 15 de febrero un grupo de bomberos en Duisburgo.
Martin Schulz, el candidato a canciller de los socialdemócratas alemanes, visita el 15 de febrero un grupo de bomberos en Duisburgo. Getty Images

La Agenda 2010, la profunda reforma del Estado del bienestar alemán impulsada en 2003 por Schröder, es la gran herida del Partido Socialdemócrata (SPD). Una herida aún no cicatrizada. Lo que algunos ven como el factor que permitió a Alemania dejar de ser “el enfermo de Europa” y reforzar su potencia económica constituyó, según los críticos, el certificado de defunción de la socialdemocracia. Fue entonces, argumentan los opositores al plan de Schröder, cuando el gran partido de los trabajadores dejó de preocuparse por las clases populares, aquellos que en Alemania llaman “la gente pequeña”.

Schulz quiere cortar de raíz esta idea; y de paso recuperar a los votantes que han huido a la izquierda poscomunista de Die Linke o a la derecha nacionalista y xenófoba de Alternativa para Alemania (AfD). El candidato a canciller en las elecciones de septiembre y futuro líder del partido se sitúa en un punto intermedio entre defensores y enemigos de la Agenda 2010. No invalida al 100% lo que hicieron sus antecesores. Pero sí reconoce excesos que han contribuido a deshilachar el tejido social. Y quiere ponerles remedio.

En un discurso pronunciado el lunes, Schulz puso algunos ejemplos. Mencionó a un hombre con el que coincidió y que, tras 50 años trabajando, teme caer al borde de la pobreza si pierde su empleo. “Pido respeto para los que han prestado un servicio a nuestro país durante toda su vida”, aseguró.

El ascenso del SPD golpea también a los ultras de AfD

La demoscopia va camino de convertirse en una profesión de alto riesgo en Alemania. No hay día que las encuestas no den una nueva sorpresa. El domingo fue el Bild am Sonntag el que daba la primicia: por primera vez en más de una década, los socialdemócratas capitaneados por Martin Schulz, con una intención de voto del 33%, adelantaban por un punto a la CDU de Angela Merkel. El martes, sin embargo, otro estudio mostraba un ligero descenso del SPD. Al margen de los vaivenes del día a día, la tendencia desde la coronación de Schulz hace un mes es clara: subida espectacular del SPD, tendencia a la baja de la CDU, e importantes retrocesos de verdes y de la ultraderecha antiinmigración de Alternativa para Alemania (AfD).

Las peleas internas, el discurso de un líder con reminiscencias neonazis o la aparición de un candidato con posibilidades de disputar la Cancillería a Merkel parecen estar restando fuerzas a los ultraconservadores, que hace unos meses llegaban al 15% y ahora rondan el 11%. Su líder Frauke Petry se enfrenta a una nueva polémica tras conocerse que viajó a Rusia para entrevistarse con líderes cercanos al presidente Vladímir Putin.

Para ahuyentar el miedo de “la gente pequeña”, el nuevo hombre fuerte del SPD tiene varias propuestas. Como alargar el tiempo en el que un desempleado recibe el subsidio antes de pasar al seguro para los parados de larga duración, que tan solo cubre las necesidades básicas. También quiere asegurar un nivel mínimo de jubilación. Y poner coto a los contratos temporales. Son por ahora solo brochazos. Schulz no ha puesto números a sus planes, pero sí marca una línea clara de la campaña que planea.

Los socialdemócratas se preparan para reconquistar la Cancillería con la bandera de la justicia social. Está por ver si logran imponer su discurso en la campaña tras una legislatura dominada casi obsesivamente por asuntos como los refugiados, la inmigración y la seguridad. “Hay que esperar y ver en qué se sustancian estas promesas. Si se trata de un cambio de política real o tan solo de un arma electoral. El SPD se pegó un tiro en la cabeza con la Agenda 2010. Si ahora los electores creen que le da la vuelta solo para ganar votantes perdidos, puede ser aún peor”, señala al teléfono Christian Bommarius, comentarista del Berliner Zeitung.

Las críticas al discurso de Schulz han sido inmediatas. Y en ellas se mezclan las que llegan del establishment económico del país, convencido de que las reformas de la Agenda 2010 han sido la llave del nuevo milagro alemán, y las procedentes de la Unión Cristianodemócrata (CDU), cada vez más nerviosa por un rival que se acerca a pasos de gigantes. Algunas encuestas ya colocan al SPD por delante de los de Merkel.

La patronal alemana reprocha a Schulz lanzar propuestas “sin conocimiento de las cifras o de la situación jurídica actual”. El ministro de Hacienda, Wolfgang Schäuble, ya había acusado al socialdemócrata de pintar una situación social catastrófica e incluso llegó a compararlo con el populismo del presidente de EE UU, Donald Trump. Mientras, los sindicatos y Die Linke aplauden el nuevo discurso del SPD. El apoyo de este partido es importante, porque la única opción realista para Schulz de llegar a la Cancillería será a través de un tripartito con verdes y poscomunistas.

Con su nueva propuesta, Schulz se sitúa a medio camino entre la deriva izquierdista de líderes como el laborista británico Jeremy Corbyn y social-liberales como el francés Emmanuel Macron. La apuesta es arriesgada. Porque será difícil ganar de nuevo la confianza de aquellos que culpan al SPD de la creciente desigualdad. Pero Schulz tiene una ventaja frente a los rivales de Merkel en las dos últimas elecciones. Él, que se ha pasado las dos últimas décadas en el Parlamento Europeo y cuya única experiencia de Gobierno es el de una ciudad de 40.000 habitantes, puede argumentar que no colaboró con Schröder y que no ha participado en las dos grandes coaliciones dirigidas por Merkel. Schulz es libre para presentarse como la nueva socialdemocracia libre de pecado.