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“El estalinismo todavía perdura”

Simon Sebag Montefiore gran experto en Rusia, ha publicado una historia de la dinastía Romanov. Cree que sin el peso del pasado no se puede entender el presente de este país

Simon Sebag Montefiore en Cartagena de Indias. Ampliar foto
Simon Sebag Montefiore en Cartagena de Indias.

El historiador británico Simon Sebag Montefiore (Londres, 1965) es uno de los grandes conocedores de la Rusia actual. Autor de un libro imprescindible sobre el estalinismo, En la corte del zar Rojo, y de una sólida historia de la ciudad de Jerusalén, ha publicado recientemente Los Romanov. 1613-1918 (Crítica), sobre la dinastía rusa. “Quería explicar la raíz de la Rusia de hoy, cómo Rusia se convirtió en Rusia, Putin en Putin y por qué existe hoy una autocracia. Sentí que la mejor forma de llegar a entenderlo es comprendiendo sus tradiciones”, explicaba recientemente en Cartagena de Indias (Colombia), en el marco del Hay Festival, donde conversó también sobre el centenario de la Revolución de Octubre y el papel de Moscú en la geopolítica del presente.

PREGUNTA. ¿Qué descubrió en esta investigación que no se supiese hasta el momento?

RESPUESTA. Hay muchos episodios sorprendentes. Lo más interesante es ver el ciclo de la historia de Rusia: después de grandes revoluciones y periodos de inestabilidad, y tras experimentar con la democracia, se retoma un viejo hábito y vuelve la autocracia.

P. ¿Por qué Rusia siente o transmite la idea de que es una excepción?

R. Creo que todos los países son excepcionales. Rusia es una civilización diferente, esa es la clave. No forma parte de la civilización latina, como nosotros. Es una cultura diferente con orígenes distintos, como alguna vez Putin dijo a algún presidente estadounidense: “Nos vemos como ustedes, pero no somos ustedes”. Esa es una de las enseñanzas del libro.

P. ¿Qué Romanov cree que tiene más vigencia en la actualidad?

R. Yo diría que Nicolás I, porque aplicaba políticas similares a las que hemos visto, de alguna manera, en Putin. Él dominó a los países occidentales y sus consignas eran las mismas: “Autocracia, nacionalismo y ortodoxia”. También se embarcó en grandes aventuras en el extranjero, aventuras titánicas, guerras. Era un personaje muy conservador. Creo que Nicolás I fue el líder más parecido a lo que tienen hoy.

P. ¿A qué familia de políticos, o personaje político, se podrían comparar los Romanov hoy en día?

R. No veo una familia per se, pero evidentemente Donald Trump quiere ser el primer zar americano. Y, en efecto, cumple un poco la figura del zar.

P. Rusia parece haber logrado que el inquilino de la Casa Blanca sea quien quería. ¿Cómo afecta a Rusia la llegada de Donald Trump?

R. Creo que los rusos han sido muy efectivos porque su política se basa en quebrantar la cultura occidental y generar más confianza en ellos mismos. Hoy en día esa estrategia es fácil de acometer, porque en Occidente alguna gente experimenta una sensación de odio hacia sí mismos y un gran odio hacia el sistema. Se nos ha complicado todo, las decisiones son más difíciles de tomar y la democracia no ha demostrado ser la mejor vía para facilitar ese proceso. Una de las grandes lecciones del momento es que, aunque pensábamos que Internet era un motor para el progreso, en realidad es una herramienta de desinformación, mentiras y totalitarismos.

P. Este año se cumple el centenario de la Revolución rusa. ¿Qué está vigente 100 años después?

R. Hasta cierto punto, el estalinismo todavía perdura. El Estado ruso creado por entonces todavía existe. En 1991, el Partido Comunista desapareció, pero el servicio secreto sigue siendo el mismo. Toda esa cultura de la guerra es un concepto bolchevique, por eso los rusos son mucho más sofisticados en este aspecto. Por ejemplo, en Estados Unidos tenemos Silicon Valley y, sin embargo, nunca se nos ocurre hacer cosas que los rusos sí hacen.

P. ¿Qué personaje de la Revolución rusa le resulta más atractivo?

R. Ninguno de los bolcheviques. Tal vez Nikolái Bujarin era uno de los mejores, pero incluso él creía en cosas como las purgas masivas. Es difícil sentir simpatía hacia cualquiera de ellos o hacia la forma en que pensaron que se debía reinventar la sociedad, a través de la violencia, el asesinato y el arresto. Puede que Alexander Kerensky fuese el más considerado.

P. ¿Cuándo se pervirtió la utopía soviética?

R. Muy pronto. Siempre estuvo viciada por el leninismo, que a su vez tergiversó los ideales del comunismo. Yo diría que fue perversa desde el principio.

P. ¿Hubiese cambiado algo si no hubieran asesinado a Trotski?

R. No, porque era un showman más que un político. Nunca se preocupó por construir alianzas. Estaba interesado en instaurar una maquinaria política alrededor de sí mismo y esperaba que la gente lo aceptara porque era brillante.

P. ¿Qué queda hoy en día de Stalin?

R. De alguna forma, el terror que generó a su alrededor. Por otro lado, ha sido el líder ruso más exitoso de la historia después de Genghis Khan.

P. ¿Cómo ve el futuro de Rusia?

R. A largo plazo, creo que seguirá desarrollándose porque es un país sofisticado. A corto plazo, soy pesimista, porque hay una gran fuga de talentos, toda la gente inteligente y liberal abandona el país. El Gobierno se está convirtiendo en un Estado centrado en un solo hombre. La posibilidad de colapso es real.

P. ¿Cómo definiría a Putin?

R. Es un político muy talentoso y sabe leer a la gente, pero en última instancia se ha quedado corto. El éxito que alcanzó al crear un Estado centrado en sí mismo le impide tomar cualquier riesgo. Está constantemente buscando la forma de mantenerse en el poder.

P. ¿Cuál cree que es la intención de Putin, crear una Rusia al estilo soviético, o imperial, o algo diferente, que no se haya visto hasta ahora?

R. Creo que busca un híbrido entre los Romanov y el sistema soviético. Pero no es la repetición de nada, porque cuenta con la fachada de las elecciones y de la democracia. Tiene la popularidad y la organización que nunca tuvo la figura del zar, y su régimen es mucho más popular de lo que fue la Unión Soviética. La diferencia es que él no asesina gente como lo hacía el zar, aunque haya logrado proyectarse como tal. Rusia no es un Estado totalitario.

P. ¿Rusia tiene ahora más poder que nunca?

R. Sí, porque ahora tiene la capacidad de actuar e influir. Antes de la victoria de Trump, Estados Unidos estaba de alguna manera paralizado por el peso de sus extremismos. Ahora Rusia sacará provecho si Trump recurre de nuevo a la fuerza de Estados Unidos. Quién sabe.

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