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Las llegadas de migrantes a la UE caen un 72% en 2016

El número de fallecidos en el Mediterráneo se eleva a 4.400, un 38% más que el año anterior

Una familia siria juega con la nieve el pasado 30 de diciembre en un campo de refugiados al norte de Atenas (Grecia). Ampliar foto
Una familia siria juega con la nieve el pasado 30 de diciembre en un campo de refugiados al norte de Atenas (Grecia). AP

La inmigración es uno de los asuntos que mejor explica la salida del Reino Unido de la Unión Europea (UE). Y la política migratoria será esencial en las elecciones holandesas de marzo, las francesas de primavera y las alemanas de otoño. La presión en las fronteras exteriores de la UE es enorme, tanto por las tensiones geopolíticas en Oriente Próximo como por las llamadas migraciones económicas procedentes de África. Pero los fríos números remiten: las entradas de migrantes alcanzaron un récord de 1,8 millones en 2015, pero bajaron a poco más de 500.000 el año pasado, según las cifras de Frontex, la agencia comunitaria de control de fronteras exteriores.

Esa caída, en torno al 72%, es similar a la que muestran los datos de la ONU. Las primeras estimaciones muestran reducciones formidables de las entradas por las islas griegas, el 79%, por el acuerdo entre la UE y Turquía de marzo del año pasado. Las llegadas por los Balcanes occidentales se desploman también, con caídas similares, superiores al 80%. Pero los flujos aumentan por la ruta del Mediterráneo central, desde Libia hacia Italia, con un avance del 18% por la presión procedente de África.

Las cifras de Frontex no se corresponden exactamente con el número de migrantes que entraron en Europa el año pasado: la ONU estima que estuvo en torno al millón de personas (con una caída, por cierto, muy similar a la que muestran los datos de la agencia europea). La diferencia obedece a que Frontex contabiliza cada vez que un migrante cruza una frontera. Sirios (87.389) y afganos (algo más de 50.000) siguen siendo los dos contingentes más numerosos, según las cifras europeas.

Frente a la mejoría en el número de entradas —que aún así son, de largo, muy superiores a las de los años previos a la crisis migratoria—, los índices de mortalidad van al alza. El número de muertes en el Mediterráneo pasó de 3.175 en 2015 a 4.400 en 2016, el 38% más. Otras estimaciones elevan el número de muertes por encima de las 5.000, a pesar de los esfuerzos con operaciones de rescate frente a las costas libias.

La política migratoria europea pivota sobre un polémico acuerdo con Turquía, que hasta los recientes atentados terroristas amenazaba con volver a abrir las puertas de Europa a los migrantes. Además, Europa enfatiza la necesidad de devolver a los migrantes que no puedan acogerse al estatus de refugiado, pese a que las devoluciones en 2016 ascendieron a 162.260, apenas un 2% más. Alemania, Austria, Francia, Suecia, Dinamarca y Noruega mantienen además controles de fronteras en el área Schengen (libre circulación de personas), y es poco probable que eso cambie a lo largo de este año pese a los deseos expresados por la Comisión Europea, el brazo Ejecutivo de la UE.

Preocupación por Turquía y Libia

Las fuentes consultadas en Bruselas prevén que la entrada de migrantes se mantenga estable este año e incluso se reduzca de nuevo, en función de lo que suceda con el acuerdo con Turquía. El mayor desafío es cumplir con el objetivo de identificar al 100% de los migrantes. Frontex y la Comisión apuntan que el conflicto en Siria y la volatilidad en varios países del Norte de África —básicamente, Libia— seguirán siendo los principales focos. Europa teme sobremanera el regreso de combatientes del autodenominado Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés) procedentes de Siria, Irak y Libia, y las consecuencias sobre la seguridad en un año de elecciones en algunos de los grandes países europeos.

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