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El ‘modus operandi’ de los traficantes de migrantes

Frontex, la agencia de control de fronteras exteriores comunitaria, calcula que tan solo en 2015 las mafias ganaron 4.000 millones de euros por cruzar migrantes a la UE

Es conocido que los refugiados recurren a las mafias para intentar alcanzar suelo europeo y es conocido que lo hacen en Turquía y Libia, las dos rutas más concurridas y que más de 209.707 personas han utilizado durante los dos primeros meses de 2016. Menos público es, sin embargo, el recorrido que han atravesado más de un millón de inmigrantes y refugiados por África, Asia y Oriente Próximo hasta llegar hasta allí. Esclavitud, violaciones, hambre, sed, fatiga, enfermedades y toda clase de “actos deplorables”, según Frontex, la agencia europea de control de fronteras exteriores, son algunas de las miserias que los migrantes atraviesan antes de atravesar de sur a norte el mar Mediterráneo.

Refugiados rescatados en la isla de griega de Lesbos.
Refugiados rescatados en la isla de griega de Lesbos. AP

Frontex desvela en su página web el modus operandi de las decenas de mafias que se benefician de esta tragedia humana. Se estima que en 2015 los traficantes sacaron un rédito de 4.000 millones de euros que es reinvertido en la compra de armamento y drogas. El camino que los migrantes deben recorrer hasta alcanzar Turquía o Libia donde las mafias campan a sus anchas aliadas en muchas ocasiones con milicias y grupos locales que secuestran a las mujeres y las violan es largo. “Muchos traficantes, además, meten a migrantes a punta de pistola en barcas de dudosa resistencia debido a la sobrecarga de gente”. El barco, por tanto, se colapsa y los que allí viajaban mueren hundidos en el mar o sofocados bajo la propia cubierta, atrapados cerca del motor sin que sople el aire, sostiene la agencia. Tan solo en 2015, 154.000 personas cruzaron el Mediterráneo central (es decir, de Libia a Italia), y 18.696 en el primer trimestre de 2016.

Varias etapas

Desde Afganistán hasta Turquía los migrantes tienen que atravesar un largo trecho: Pakistán, Irán, Irak y Siria, lo que se traduce en un total de 4.084 kilómetros. Y, en el caso africano, las distancias son inimaginables: desde Malí hasta Libia o, aún peor, desde Somalia hasta la costa magrebí, a 7.042 kilómetros de distancia, casi la distancia que separa Madrid de La Habana (Cuba). “Es imposible calcular cuánta gente ha muerto en este trayecto”, describe Frontex para advertir de los peligros que entraña atravesar el desierto del Sáhara.

Las mafias suelen moverse en las ciudades y contactan sólo a aquellos con los que comparten nacionalidad —e idioma, según un vídeo que Frontex ha colgado en su página web. Los traficantes, además, se benefician del enorme alcance que tienen las redes sociales: el vídeo muestra varias páginas de Facebook que son utilizadas “como agencia de viajes”.

Khartoum, en Sudán, se convierte en una especie de hub africano donde confluyen los migrantes que llegan desde Somalia y Eritrea, en el Cuerno de África. Allí se efectúa el pago al primer grupo de traficantes de personas que prometerá a estas familias desesperadas una vida mejor al otro lado del Mediterráneo. Los trasladarán a Libia.

Fuente: Frontex

Asímismo Agadez, en Níger, es el otro centro de operaciones que trabaja en el África Occidental. Allí llegan los miles de costamarfileños, ganeses, nigerianos y malienses que quieren encontrar nuevas oportunidades en Europa. Todos comparten el mismo destino: Libia, donde se efectúa un segundo pago para poder embarcarse en unas gomas sobrecargadas y arriesgar la vida en alta mar para llegar a Italia, donde los migrantes esperan por fin continuar su camino hacia el corazón de la UE.

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