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“EE UU no está contento con la filtración de documentos del TTIP”

El negociador europeo niega una rebaja de estándares y advierte de que enterrar el tratado afectaría a la relación transatlántica

Ignacio García Bercero, negociador jefe de la UE, en su despacho de Bruselas.

Las negociaciones del tratado comercial entre la Unión Europea y Estados Unidos (TTIP, por sus siglas en inglés) emprenden una huida hacia adelante en medio de los recelos de la opinión pública europea. En una semana marcada por la filtración de un borrador de la negociación de 248 páginas por parte de Greenpeace Holanda, sus partidarios basan su posición en el crecimiento del PIB y la creación de empleo mientras sus detractores critican la opacidad de las negociaciones y advierten de que puede suponer una rebaja en los estándares normativos de la UE.

En la reanimación de ese animal herido que es hoy el acuerdo trabaja en primera línea Ignacio García Bercero (Madrid, 1958), el negociador jefe de la UE. Licenciado en Derecho con casi 30 años de experiencia en la Comisión Europea, y acostumbrado a lidiar en negociaciones multilaterales, afronta el mayor reto de su carrera moviéndose entre los despachos de Washington, Nueva York y Bruselas con la fe del que cree en lo que hace: "El TTIP es un instrumento para gestionar mejor la globalización", dice como el que clama en el desierto.

El funcionario español ya conoce la reacción americana a las revelaciones de Greenpeace, que destaparon las presiones estadounidenses para rebajar la regulación europea en materias como el medio ambiente o la salud. "Evidentemente, EE UU no está contento porque, seamos claros, en cualquier negociación internacional un principio básico de la diplomacia es que respetas la confidencialidad y los documentos de la otra parte", afirma desde su acristalado despacho en la sexta planta de un edificio en pleno barrio europeo de Bruselas. Pese a la fuga de información, no se ha tomado ninguna medida adicional para mejorar la seguridad de los documentos, a los que hay un acceso restringido en salas de lectura de muchos de los Estados miembros.

El Gobierno norteamericano ha pedido a Europa más información sobre la filtración y se ha mostrado preocupado por el daño que puede causar a la imagen del acuerdo. "Nos han preguntado cómo íbamos a gestionarlo también a nivel de comunicación", explica García Bercero. La respuesta a esa demanda sale a relucir durante toda su intervención, en la que trata de desmitificar las acusaciones de la organización ecologista: "La posición de la UE sobre esa cuestión [la rebaja de estándares] es que no estamos de acuerdo con la propuesta de EE UU. No veo que haya nada en estos leaks que cambie la situación de la negociación".

El abogado se muestra tajante al señalar que no aceptarán en ningún caso una rebaja de la regulación en cuestiones como la seguridad alimentaria, la protección al consumidor, el medio ambiente o la privacidad. "Todo lo que hacemos se basa en el principio de que podemos trabajar donde es posible aumentar o mantener el nivel de protección. Donde no es posible, no es posible", zanja. Eso incluye cerrar la puerta a la importación de productos transgénicos, los conocidos como OGM, que aparecen en los papeles que sacó a la luz Greenpeace: "La UE está en desacuerdo en su totalidad con esa propuesta de EE UU, por eso está entre corchetes", alega.

La situación de las conversaciones es ahora mismo incierta. Tres años después del comienzo del diálogo, apenas la mitad de los entre 25 y 30 capítulos con que contará el tratado comercial tienen un texto consolidado, e incluso en ellos hay múltiples temas entre corchetes pendientes de discutirse. La filosofía de las negociaciones ha sido en todo momento avanzar en los puntos de unión y aplazar hasta el final los que crean fricciones. "Hay mucho trabajo que hacer para reconciliar las posiciones", reconoce el negociador jefe de la UE.

La negativa estadounidense a facilitar las condiciones de participación de empresas europeas en las licitaciones públicas es uno de los escollos del proceso y una exigencia irrenunciable para la UE. "EE UU sabe muy bien que para concluir esta negociación es necesario poner sobre la mesa una oferta sustancial en este tema". La ley del Buy American obliga a las empresas a tener todos sus suministros en EE UU para participar en los concursos públicos. Si se abre la posibilidad de importarlos, las pymes europeas que forman parte de la cadena de proveedores de las multinacionales podrían beneficiarse del mercado americano. La relevancia que otorga Europa a esa apertura es tal que el ministro de Economía alemán, Sigmar Gabriel, advirtió durante la visita de Barack Obama al país germano de que si EE UU no cambia su postura en este aspecto, el TTIP fracasará.

Una fuerte oposición

García Bercero no es ajeno al rechazo que provoca el tratado. Ese sentir se ha expresado en diversas encuestas y a pie de calle en multitudinarias marchas como la que reunió a unos 35.000 manifestantes en Hannover (Alemania) hace dos semanas. "Es evidente que hay en Europa un cierto sentimiento de que los acuerdos comerciales no tienen en cuenta los intereses de los ciudadanos", concede el negociador. Pero las trabas no solo vienen de las plazas de Europa. El presidente francés, François Hollande, que bate récords de impopularidad en los sondeos y afrontará elecciones en un año, habló esta semana de un claro no de su país al tratado en su estado actual. "No siento ningún rechazo de Francia. La Comisión tampoco está de acuerdo porque estamos en pleno proceso de negociación. Lo que tenemos sobre la mesa por parte americana no nos parece suficiente", afirma García Bercero restando importancia a las declaraciones del presidente galo.

La presión de los lobbies también planea sobre el acuerdo. Un grupo de 16 consejeros representantes de grandes y pequeñas empresas, sindicatos, organizaciones ambientales, de consumidores y de salud se reúnen periódicamente con los negociadores europeos antes de presentar propuestas a Estados Unidos. También mantienen encuentros puntuales con la patronal europea, la industria del automóvil y otras entidades ambientales y sindicales interesadas en el devenir del tratado. "Ningún grupo de interés en Europa tiene un acceso privilegiado a los negociadores de la UE", deja claro García Bercero, que se dice dispuesto incluso a recibir a representantes de Greenpeace.

Ni Europa ni Estados Unidos contemplan de momento un pacto de mínimos que apruebe únicamente los puntos menos conflictivos del tratado. La próxima ronda de negociaciones será en Bruselas en julio. Un nuevo examen que medirá si, como algunas voces defienden, el acuerdo está ahora más lejos que nunca. García Bercero avisa de que enterrar el TTIP no saldría gratis: "Si fracasan las negociaciones la señal sobre la relación transatlántica será fuerte y muy negativa. La capacidad de mostrar que la UE desempeña un papel diligente en el comercio internacional se vería fuertemente afectada".

¿Qué se juega España?

Aranceles. Pese a que los aranceles medios entre Europa y EE UU son bajos y no superan el 4%, en productos importantes para Europa y España son aún muy altos, a menudo superiores al 20%. El tratado busca acabar con esa situación en algunos sectores donde las compañías españolas son competitivas, como el de las conservas de atún y sardinas, quesos, productos textiles, confección, calzado y cerámica.

Industria automovilística. Actualmente un vehículo fabricado en España necesita costosas adaptaciones para ser vendido en Estados Unidos por reglamentos de seguridad diferentes. El acuerdo busca armonizar las leyes y evitar así ese gasto.

Licitaciones públicas. España tiene grandes constructoras presentes en el mercado americano pero para participar en licitaciones tienen que tener todos sus suministros en EE UU, lo que dificulta su participación. El acuerdo busca la igualdad de condiciones con las empresas norteamericanas.

Denominaciones de origen. Aún no hay acuerdo sobre la protección de las denominaciones de origen. Ello abre la puerta a que imitaciones de vinos como el Jerez o el Málaga, o de turrón como Jijona, puedan exportarse a Europa bajo esos nombres aun siendo fabricadas en Estados Unidos. Otras como el Rioja, ya están amparadas por pactos anteriores.

Ganadería. Los negociadores europeos admiten las grandes ventajas competitivas del sector ganadero norteamericano. Por eso, aseguran que están buscando una apertura controlada que minimice los daños para los ganaderos europeos.

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