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“Hasta hace dos días tuve una vida extraordinariamente feliz”

El nieto de la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo quiere seguir llamándose Ignacio y anima a que otras personas se hagan la prueba de ADN

Guido Montoya Carlotto, en su primera comparecencia pública junto a su abuela. Ampliar foto
Guido Montoya Carlotto, en su primera comparecencia pública junto a su abuela. EFE

La sonrisa no se le borró nunca. Ignacio Hurban, el nieto de la presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo, compareció el viernes ante la prensa en una pequeña sala abarrotada en la sede porteña de Abuelas. Y resultó ser una persona con gran sentido del humor y una extraordinaria facilidad de palabra; un músico de 36 años que tocaba el piano en la pampa hace tres días, con su mate y su “bizcochito”, intentando pasar la tarde de forma tranquila. Y de pronto, supo que era el nieto de Estela de Carlotto.

“Estoy un poco convulsionado”, reconoció. “Hace muy poco que pasó todo esto. Y me parece maravilloso y mágico. Yo quisiera que esta situación que estoy viviendo sirva también un poco para potenciar esta búsqueda [de los niños robados en la dictadura]”.

Ignacio Hurban fue el nombre y apellido que le dieron las personas con las que se crió. Sucedió días después de que fuese arrebatado de los brazos de su madre, Laura Carlotto, a las cinco horas de haber nacido. Y Guido Montoya Carlotto fue el que recibió de sus padres biológicos. En la presentación ante los periodistas, Estela de Carlotto lo presentó como Guido. Pero, ¿cómo preferiría él llamarse?

—Buenas tardes a todos. Yo soy Ignacio… o Guido, porque ella está muy firme con esa decisión- dijo.

Pero alguien insistió:

—¿Cómo te tenemos que preguntar, por Ignacio, por Guido…?¿Dónde te sentís más cómodo en cuanto a tu identidad?

Tardó unos segundos eternos en contestar. Decir Guido era asumir por la puerta grande el legado político de su abuela biológica. Y optar por Ignacio sería asumir el nombre con el que lo han llamado durante sus 36 años. Así que, tras esa eternidad, contestó:

Me siento más cómodo en la verdad. Yo estoy acostumbrado a mi nombre Ignacio y lo voy a seguir conservando. También entiendo que hay una familia que hace treinta y pico años que me está nombrando de esa manera y para ellos soy Guido. Pero me siento cómodo con eso. Me siento cómodo con la verdad que me toca. Y estoy esencialmente feliz.

A Estela de Carlotto, a su lado, también se la veía radiante.

—¿Qué sentiste el martes cuando te enterás [de la nueva identidad]?— fue la primera pregunta.

Y la respuesta expresó el mar de emociones en que vive:

—No sé, no te sabría decir. Quizás si volvemos a repetir esto dentro de unos meses voy a tener una perspectiva más clara. Es una alegría enorme. Yo lo estoy disfrutando. Máxime teniendo en cuenta la familia de donde vengo, que son puntales fundamentales en esta búsqueda. Lo que más disfruto es ver la felicidad en los demás. Ver en ese espejo la satisfacción de un trabajo cumplido.

Hace tiempo que tenía “ruiditos”, unas “maripositas" en la cabeza que le hacían dudar de sus orígenes. “Quizás le esté pasando a alguno que me esté mirando ahora”. ¿Cuál fue el detonante, por qué se originaron esos ruidos? Eso prefirió no contestarlo en estos momentos. Pero explicó que la primera vez que se planteó esas dudas fue en 2010, durante unos conciertos sobre la identidad organizados por Abuelas. ¿Cuándo se enteró de que las personas que lo criaron no eran sus padres biológicos? Atención a la respuesta:

—Poéticamente, el día de mi cumpleaños. Bueno… El día en que yo festejaba mi cumpleaños, el 2 de junio.

Estoy acostumbrado a que mi nombre es Ignacio y lo voy a seguir conservando

Ignacio Hurban, nieto de Estela de Carlotto

Estela de Carlotto, sin embargo, siempre creyó que su nieto había nacido el 28 de junio de 1978. Entre esas dos fechas quedan muchas preguntas por contestar. En cualquier caso, Hurban añadió: “Yo hasta hace dos días tuve una vida extraordinariamente feliz. Si a esta vida se le suma esta maravilla, mucho mejor”.

Hurban insistió en su labor proselitista en la causa de las Abuelas. Dijo que, a pesar de lo que le ha pasado a él —la juez que investigaba su desaparición, María Servini de Cubría reveló su identidad sin su permiso—, la confidencialidad de todo el proceso suele ser absoluta. “Repito otra vez y hasta el cansancio, en el marco de aquellos que están con dudas de presentarse: es necesario para reconstruir la memoria colectiva de la Argentina”.

Expresó su agradecimiento hacia la presidenta, Cristina Fernández, con quien se encontró el día anterior. “Mi agradecimiento, no solo por el gesto este mínimo de recibirnos a todos, sino por el gesto y la voluntad de todo lo que ha hecho para apoyar que esto suceda”.

Los periodistas le pedían un abrazo con la abuela y él lo regaló. Pero confesó que no estaba muy acostumbrado a esas efusiones. “Yo me crié solo en el campo, así que la onda del abrazo la tengo que desarrollar, no la tengo muy clara”.

Quedan muchas preguntas por desvelar. ¿Quién arrancó a Ignacio Hurban de los brazos de su madre? ¿Quién se lo entregó a sus padres? ¿Conocía él a esa persona? En algún momento tendrá que contestar acerca de todo eso ante la juez que investiga su propio robo. Pero Ignacio Hurban pidió un poco de tiempo para asimilar el proceso. Y los periodistas fueron sumamente respetuosos.


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