Crisis fiscal en EE UU

Los veteranos desafían el cierre de la Administración

El Comité Republicano cubre los gastos del monumento en su honor durante un mes y podrá visitarlo cualquiera

Los veteranos en el interior del monumento a los combatientes en la Segunda Guerra Mundial. / C.G.
Los veteranos en el interior del monumento a los combatientes en la Segunda Guerra Mundial. / C.G.ALEX WONG / AFP

Casi dos días les ha costado a los veteranos de la Segunda Guerra Mundial conseguir el permiso para entrar a su monumento. Un espacio público, como tantos otros asentados en la capital, que está afectado por el cierre de la Administración decretado tras la falta de consenso entre republicanos y demócratas en relación al presupuesto.

Las 11.00 horas de la mañana y vigilados por una decena de guardias de seguridad, se dio el visto bueno a que un grupo de veteranos provenientes de la región del Medio Oeste del país visitasen el monumento en su honor, asentado a pocos metros del construido en memoria de George Washington. El martes, y durante varias horas, se sucedieron varias protestas frente a este asentamiento que culminaron con la entrada de un grupo de ellos, sin permiso y haciendo caso omiso a la señalización. Este miércoles han entrado con pleno derecho.

Dejar a los veteranos pasar ha sido una decisión a la que se ha llegado gracias a la intervención de varios miembros del Congreso, según explica Karen H, una de las vigilantes del parque, de unos 40 años. “Lo que quiero dejar claro es que el monumento sigue cerrado al público y a cualquier veterano que no participara en esta contienda bélica”. Un situación que ha cambiado con el paso de las horas.

A primera hora de esta tarde,  Reince Priebus, presidente del Comité Nacional Republicano (RCN, en sus siglas en inglés) ha visitado el monumento a los veteranos de la Segunda Guerra Mundial y ha anunciado que dicho comité cubrirá los gastos para que éste esté abierto los próximos 30 días, alegando que la culpa del cierre y de que los excombatientes no pudieran entrar “es, únicamente, del presidente de EE UU, Barack Obama”, según se explica en un comunicado.

“La Administración del presidente ha hecho que la suspensión sea lo más dolorosa posible. Y esto no es justo. Por lo que desde la RCN hemos puesto el dinero suficiente para que esto sea posible. Seguirán trabajando cinco vigilantes para que el monumento siga abierto tanto para veteranos como para visitantes”.

“Estos estadounidenses valientes han sacrificado todo por este país. Mientras los republicanos han actuado para que los parques y monumentos sigan abiertos, los demócratas permanecen de pie observando. Queremos hacer todo lo posible porque han sido ignorados por la Casa Blanca. Si la Administración de Obama se queja de la decisión, contestaremos que ellos también han tomado la decisión unilateral de no aceptar exenciones en su reforma sanitaria. Si son capaces de llegar a proteger sus intereses políticos con tanto ahínco, no cabe duda que también pueden ayudar a los que lucharon por los intereses de nuestra nación en la Segunda Guerra Mundial”, ha concluido Priebus.

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Los excombatientes, algunos de ellos en sillas de ruedas y otros de pie, han entrado al monumento con la camiseta propia, que reza: “Si puedes leer esto, es gracias a mí, si puedes leer esto en inglés, también es gracias a mí”. “Por supuesto, es necesario que lleven este mensaje y lo dejen claro. Si hubiéramos perdido la guerra ahora este lema podría estar en japonés o en alemán”, explica Jim Schumard, veterano, mientras aplaude con emoción tras el canto del himno de la nación.

El acto, organizado por la Asociación Honor Flag (Honor a la bandera, en español), ha defendido que esta no era la razón real. “Simplemente es una cuestión indiscutible de todo lo que le debemos a estas personas, de honrarlas”, explica su portavoz, John Doole, a las puertas del monumento, custodiado por una gran números de tiras amarillas y carteles que indican que “está clausurado por el cierre de Gobierno”.

Cerca del mediodía, otro grupo de veteranos ha hecho su entrada en el monumento, la mayoría con camisetas verdes y en silla de ruedas. Custodiados por un centenar de personas y entre aplausos, han hecho el paseíllo de honor con unos invitados de excepción, ya que entre los espectadores estaban diez congresistas y un senador, de los Estados de Illinois y Misuri, entre ellos Michele Bachman, lo que para algunos de los presentes no ha sido más que un lavado de cara.

“Estamos aquí porque estábamos seguros de que hoy acudirían algunos políticos; mientras muchos de nosotros no podemos acudir a trabajar por el cierre, ellos no están solucionando el problema y vienen aquí a mostrar lo buenos que son”, dice María Esteban, salvadoreña que trabaja en el Ronald Reagan Building, lugar en el que se celebran eventos y conferencias, en el centro de la capital. Ella, junto a otros veinte compañeros, ha acudido para protestar por su situación profesional ante el desagrado de los presentes, que les han hecho callarse, “porque el momento demanda honrar a los veteranos de la Segunda Guerra Mundial”, expresaba muy malhumorado uno de los asistentes.

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