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Chile entierra el legado de Pinochet

Los partidos políticos acuerdan reformar el sistema electoral heredado de la dictadura para hacerlo más justo y competitivo ante las demandas sociales

Piñera, en un mitin en 2010. Ampliar foto
Piñera, en un mitin en 2010. EFE

La crisis de legitimidad que sufren las instituciones democráticas chilenas —desde los partidos hasta el Parlamento y el Poder Judicial— ha logrado estremecer a la clase política del país sudamericano: por primera vez desde el fin de la dictadura en 1990, los dirigentes de la mayoría de las tendencias han mostrado su voluntad de reformar el sistema electoral binominal, la última gran herencia de la dictadura militar de Augusto Pinochet.

El presidente, el conservador Sebastián Piñera, señaló el jueves en cadena nacional televisada que el sistema electoral actual “ya cumplió su ciclo” y anunció el envío de una reforma al Parlamento. La fórmula del Ejecutivo, que ha llegado formalmente este lunes al Congreso para su discusión, busca mantener una lógica de sistema mayoritario, pero con mayores grados de proporcionalidad y competencia que el binominal. “El objetivo es facilitar la formación de coaliciones políticas amplias y estables”, explicó el jefe de Estado.

El sistema vigente —estampado en la Constitución de Pinochet de 1980— tiende a la estabilidad política y al empate entre la Alianza de derecha y la Concertación de centroizquierda, las dos principales coaliciones que han gobernado Chile hace 23 años. Contempla 120 diputados, dos por cada uno de los 60 distritos del país, y 38 senadores para las 17 circunscripciones. Este modelo fue ganándose el rencor de la ciudadanía, cuya máxima expresión de malestar fue el movimiento estudiantil de 2011, por no favorecer la competencia ni la representatividad de las fuerzas minoritarias.

Entre otras materias, el proyecto de Piñera propone mantener el actual número de diputados a nivel nacional y disminuir la cantidad de distritos de 60 a 30. Respecto a la Cámara alta, matiza el sistema binominal y propone una redistribución de las circunscripciones en cuatro regiones de Chile para aumentar la competencia: Santiago, Valparaíso, Maule y Biobío, las que tienen mayor población.

En estos veinte años, la derecha se había resistido a la modificación del sistema electoral, sobre todo por la negativa de uno de los partidos que se ha visto más favorecido por el actual régimen: la Unión Demócrata Independiente (UDI), el grupo más grande del país. El Gobierno de Piñera, sin embargo, se vio en la obligación de actuar sobre la base de hechos consumados. El lunes 8, el propio partido del presidente, Renovación Nacional (RN), anunció un acuerdo inédito con la oposición para cambiar el binominal. La noticia sorprendió a La Moneda, a sus socios de la UDI y al candidato presidencial del sector, el exministro Pablo Longueira.

Este segundo modelo contempla un modelo proporcional para elegir a los diputados, que pasan de 120 a 150, y mantener el binominal en la Cámara alta, aunque aumentando el número de senadores de 38 a 48.

La discusión de ambas iniciativas correrá en forma paralela en el Congreso y, aunque parece clara su aprobación, el nuevo sistema que se acuerde en el Parlamento chileno no alcanzará a regir para las elecciones parlamentarias y presidenciales del próximo 17 de noviembre.

El fin del binominal simboliza el fin de una era en Chile que comenzó con el restablecimiento de la democracia en 1990. Desde entonces y hasta la fecha todos los parlamentarios fueron electos bajo este sistema electoral que posibilitó la convivencia de los dos principales bloques después de 17 años de dictadura. El modelo, sin embargo, comenzó a dar muestras de su agonía en 2011, con las protestas estudiantiles. Los jóvenes reclamaban una educación pública gratuita y de calidad, pero pronto estas demandas derivaron en peticiones de mayor participación ciudadana y representatividad.

En esos meses, una encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP) consultó sobre la confianza de los chilenos en su Congreso. La respuesta fue categórica: apenas un 13% dijo aprobar y legitimar la labor de los legisladores. Fue la segunda institución peor evaluada del país junto con los tribunales y solo superó en respaldo a los partidos políticos, que obtuvieron un 7%. La distancia entre la sociedad y sus representantes no se ha acortado en estos 24 meses.

La reforma del binominal se produce en plena campaña presidencial chilena, donde la expresidenta Michelle Bachelet cuenta con amplia ventaja. En las primarias de la oposición, que se llevaron a cabo el 30 de junio, la exdirectora de ONU Mujeres se enfrentó a otros tres candidatos del sector y obtuvo un 73% de las preferencias. La médico socialista regresó a Chile con la aspiración de llevar a cabo un conjunto de reformas —entre ellas la del sistema electoral— que marquen un nuevo ciclo en lo político, social y económico.