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TRABAJAR CANSA
Columna
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Ideas de bombero

Un buen periódico tiene que subir el nivel. Le exijo que me recuerde mi ignorancia y que todo es más complicado de lo que parece

Livorno (Italia)
Los trabajos de recuperación de las dos estatuas falsas de Modigliani, en un canal de Livorno (Italia) en julio de 1984.Gianni GIANSANTI (Gamma-Rapho / Getty Images)
Íñigo Domínguez

En periodismo, y en general, lo más difícil es tener una idea. Mientras te arrastra la actualidad se trata de seguirla, pero lo malo son esos momentos en los que hay que pensar, meditar sobre lo que uno ve y lo que sabe, y darse cuenta de lo que uno no ve y no sabe, para intentar hacer algo al respecto. Tener una idea para saber por dónde tirar, detectar un problema, desenterrar un secreto. En fin, ser útil. No se crean que hay tantas ideas por ahí, quizá ya lo han notado. Ideas es como se llama esta sección del periódico y se propone eso, dar ideas, y luego ya hace usted con ellas lo que quiera. Pensar y ayudar a pensar es vital en un diario, y más hoy que vamos todos corriendo. Un espacio de asuntos aparentemente intempestivos. No ver solo lo que ha ocurrido, sino cosas que no se te habían ocurrido. Que ayude a comprender algo en el caos, o al menos a sobrellevarlo y, en tiempos de simplificación, que muestre que todo es más complicado de lo que parece. Ideas a las que agarrarse, salidas en medio de un incendio (yo casi llamaría al suplemento Ideas de bombero). En fin, una lectura que te recuerde que no tienes ni idea de nada, y que para eso lees el periódico: un buen periódico tiene que subir el nivel. Vamos, es que yo espero, le exijo, que me recuerde y me demuestre mi ignorancia.

Huyendo de la solemnidad, les cuento una historia sobre ideas de bombero, aniversarios, el riesgo de estar muy seguro de algo y la dificultad de orientarse en un mundo complejo. Ocurrió en el verano de 1984 en Livorno. El Museo Progresivo de Arte Moderno organizó una exposición por los 100 años del nacimiento de Modigliani, que por mucho que se haya hecho para hacerlo pasar por francés sigue siendo de Livorno. Tuvieron una idea: ¿por qué no aprovechar para resolver uno de los misterios sobre el artista? Se decía que en 1909 algunos amigos de Modigliani se rieron de sus esculturas, unas cabezas de piedra, y él las arrojó al foso de la fortaleza de los Médici. Nadie las había buscado, y pareció una gran idea hacerlo. Se anunció a la prensa, gran expectación mundial, las excavadoras empezaron a sacar fango del canal. Pero pasaron 10 días y nada.

A cuatro jóvenes gamberros se les ocurrió una idea aún mejor: fabricar una escultura falsa y arrojarla de noche al agua. Al día siguiente la encontraron y causó gran conmoción. Los autores se rieron mucho, pero solo hasta que aparecieron otras dos cabezas. Otro vecino, un artista, había tenido la misma idea, no como una broma, sino para denunciar la falsedad del mercado del arte, etcétera. Y ya puestos, había fabricado dos. Entretanto la cosa se fue de las manos: grandes expertos confirmaron sin duda la autenticidad de las obras, un acontecimiento histórico. Al final los autores salieron a la luz. En la RAI alguien siguió perfeccionando el desmadre: tuvo la gran idea de llevar al grupo de amigos para que replicara su creación en directo y demostrara que su obra era falsa. No sé si captan la sutileza del concepto: probar que de verdad era de mentira. Allí se pusieron con un taladro y un martillo a dar mamporros a un bloque de granito y sacaron un auténtico modigliani falso.

Epílogo: en 1991 apareció un señor que dijo que tenía tres cabezas del artista, pero las de verdad, que llevaban años en un rincón de su taller de coches. Pero ya no le creyeron e incluso le denunciaron. El proceso duró hasta 2007, pero al final le dieron la razón. Es decir, parece que eran las cabezas de verdad. El caso es que todo el mundo recuerda más la historia de las falsas. Miren la que puede liar gente imaginativa y qué complicado puede ser todo. Felicidades a Ideas.



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Sobre la firma

Íñigo Domínguez
Corresponsal en Roma desde 2024. Antes lo fue de 2001 a 2015, año en que se trasladó a Madrid y comenzó a trabajar en EL PAÍS. Es autor de cuatro libros sobre la mafia, viajes y reportajes.
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