Ir al contenido
_
_
_
_

Gabriel Rolón, el psicólogo que llena estadios: “Solo alguien que nunca se psicoanalizó se identifica con sus logros”

Con más de 2,5 millones de ejemplares vendidos, es hoy uno de los escritores más leídos de Sudamérica. Autor de libros sobre conversaciones reales —llevadas al cine o la televisión—, ha firmado ensayos como ‘La felicidad’ o ‘El duelo’ y acaba de publicar ‘La soledad’ (Paidós).

Gabriel Rolón, retratado en Barcelona, donde fue jurado del Premio Paidós de ensayo.Caterina Barjau

Gabriel Rolón (La Matanza, Argentina, 64 años) defiende que cada persona es un misterio para sí misma. Pero parece conocerse. Fue criado por un padre albañil y una madre costurera, que le permitieron elegir: fue músico antes que psicólogo. Psicoanalizándose decidió llegar a pacientes y lectores con honestidad.

Sus ensayos demuestran que la elocuencia es didáctica. Combinan casos reales, mitología griega, literatura y cine para explicar las aportaciones de Freud, de Lacan o de él mismo.

Escribe: “El analista no comprende al paciente. Lo acompaña hasta el borde del abismo”.

La escuela americana de psicología ideó una psicoterapia que busca el bienestar. Los analistas freudianos renunciamos a eso para buscar la verdad que el paciente no sabe que sabe.

¿Buscan una verdad dolorosa?

Por algo se ha olvidado. La psiquis reprime lo que no puede tolerar en los primeros años de vida.

¿Y si uno no ha tenido problemas de niño?

Ser un ser humano ya es traumático. Uno no llega a la vida: cae en un mundo que no entiende. Convertirse en ser humano genera dolores que arman una matriz sobre la que se van a montar los dolores que vengan.

Fue un niño querido. ¿Cómo llegó al psicoanálisis?

Mi papá fue criado en un orfanato. Algunas noches, lo escuchaba dar vueltas, tomar café y fumar. Con cinco años, me senté frente a él. “Te estarás preguntando en qué está pensando el loco de tu padre”, dijo. Le escuché hablar de soledad y dolor. Años después entendí que era la primera pregunta analítica que había hecho en mi vida.

¿Fue instinto? ¿Amor?

Para mí, el psicoanálisis es un acto de amor. No creo ese estereotipo de analista frío que no habla ni saluda. Los profesionales que trabajan así se creyeron los libros en lugar de vivir el psicoanálisis.

¿Por qué decidió psicoanalizarse?

Por un dolor de amor profundo. El psicoanálisis es para quien percibe que solo no puede con el dolor que lo atraviesa. Y para quien no entiende. Los humanos sacamos el dolor del cuerpo con las palabras. A veces, lo tememos tanto que quien nos quiere nos impide hablar: ya pasó, te enamorarás de nuevo…

Entre sacar el dolor y recrearse en él…

A veces quien no encuentra un lugar en el mundo, halla uno como víctima. Es preferible a no ser nada, ¿no? Es similar a estar en una trinchera: un lugar horrible donde uno se siente protegido. El trabajo del analista es que esa persona intuya que hay lugares mejores para ella.

Cuando se psicoanalizó, ¿se curó? ¿Se conoció?

Mi dolor dejó de ser desmesurado. Hablar te lleva a recorrer momentos de tu vida en los que te sentiste solo o maltratado… Empezás por la última de las ramitas y buscas las raíces del dolor.

¿Escuchar problemas relativiza los propios?

Hay que tener cuidado con no respetar el dolor del otro porque no es extremo. Cuando alguien no puede soportarlo, ese dolor es gravísimo. Solo si están gozando como víctimas hay que quitar escucha. En nosotros pelean dos fuerzas. La pulsión de vida te impulsa a perseguir deseos. La de muerte quiere nuestra muerte en vida.

Freud quería que la comunidad científica reconociera el psicoanálisis.

Lacan, en cambio, buscó que le entendieran muy pocos. El problema fue de sus seguidores.

¿Usted no es lacaniano?

No y sí. Estudiando psicología, le dije a mi analista: “Soy lacaniano, como usted”. Y él, que se llamaba Gustavo Fulchi, dijo: “Era lacaniano, como usted, cuando era estúpido, como usted. Ahora soy fulchiano. Y usted será estúpido hasta que sea roloniano, se apodere de los conceptos del psicoanálisis y encuentre una manera propia de trabajar”.

Lacan escribió: “Toda persona tiene derecho…

a ser escuchada más allá de lo que dice”. Es su análisis de lo que nos pasa por ser hablantes. Todo psicoanalista es un freudiano: creemos en el inconsciente. A partir de ahí, por qué no tomar de otros —como Lacan hizo con Melanie Klein y la pulsión de muerte—. Ante un paciente soy un cirujano que a veces necesita el escalpelo y otras el abridor.

El psicoanálisis abre la puerta a la confusión sin garantías.

Quien te proponga la cura, te miente.

¿Los pacientes llegan también por curiosidad?

Puede ser una excusa. Alguno dice que quiere estudiar psicología y, tras cinco entrevistas, llora.

¿Todos lloramos?

En el mejor de los casos. ¿Quién no ha tenido pérdidas? Michel Tournier considera adulto a quien ha perdido a alguien. Cualquiera que sea la edad. Esa frase impresiona. Trabajé en un hogar de niños abandonados.

¿El sufrimiento confiere madurez?

No. La vida duele. Obtener ese conocimiento con cinco años viviendo en la calle… Ser analista no tiene que ver con saber. Tiene que ver con sostener el lugar de desconocimiento. Abrir un espacio donde ni vos ni yo sabemos nada.

El psicoanálisis fue subversivo.

Por eso fue denostado por religiones y poderes. ¿Te imaginas hablar de sexualidad infantil en 1890? ¡Querían matar a Freud por degenerado! O decir: “Esta persona, orgánicamente, no tiene nada. Pero no puede caminar y no está mintiendo”. La separación entre lo orgánico y lo físico que hizo fue revolucionaria para la ciencia. Lo sigue siendo. Por eso los seguros médicos no nos quieren. El psicoanálisis necesita tiempo. Es una búsqueda íntima, contraria a la sobreexposición en redes sociales.

El descrédito del psicoanálisis critica sesiones irregulares de 50 o 15 minutos.

Fue un cambio lacaniano que le costó la expulsión de la Internacional Psicoanalítica. El corte de una sesión es una de las intervenciones más importantes del analista. Si a los 15 minutos dijiste algo sobre un dolor importante, abriste una puerta y quiero que te vayas a pensar. No vas a decir nada más importante. El problema de los lacanianos fue que creyeron que las sesiones tenían que durar 15 minutos para ser lacanianos.

¿Alguien que apenas habla cómo le ayuda?

No es un silencio desinteresado. Es silencio activo. El psicoanalista está en el territorio donde no se entienden las cosas. Todos llevamos dentro un Jekyll y un Hyde incapaces de entender cómo fuimos capaces de decir eso. Lo más importante en un relato es cuando el paciente duda. Por esos huecos nos metemos.

¿Siempre tiene esa capacidad de observación?

Tengo días mejores y peores. No todas las canciones de Serrat son igualmente bellas.

Nadie confía su estado anímico a la inspiración de Serrat.

No sos vos el que sabe, es el dispositivo analítico. En cuanto el paciente dice algo importante, te hace ruido. Se llama atención flotante. Escuchas más allá de lo que dice.

¿Fuera de consulta sobreanaliza?

Existe el vicio, como el músico que detecta que alguien desafina. Pero no por eso lo corrige. Frente a una pareja pienso: les quedan dos minutos.

¿Sus padres sabían lo que era un psicoanalista?

Claro que no. Quise ser actor, músico, matemático… Cuando me di cuenta de que me gustaba la psicología ya era mayor. Le dije a mi padre que ya había fracasado en muchas cosas para empezar de nuevo. Dijo: “No quiero tener un hijo que renuncia a sus sueños por temores falsos”. Cuando me gradué le llevé el título a una obra en la que trabajaba.

Su padre temía las emociones. Usted las derrocha.

Tal vez tenga que ver una cosa con la otra. Intentamos reparar donde podemos aquello que no podríamos reparar donde quisiéramos. Me hubiera gustado abrazar al niño que fue mi papá, que tenía miedo y estaba solo. Me gusta transmitir el afecto y la gratitud.

Dante sitúa en el último anillo del infierno a los ingratos.

Por debajo de los asesinos. El ingrato es un traidor. Cuando no estás a la altura con alguien que te ha tendido la mano, estás traicionando un acto de amor.

¿El amor no debería aceptar cualquier cosa?

Debe tener límites claros. A una paciente su pareja la golpeaba. Le preguntaba: ¿por qué no te vas? “Porque lo amo”, respondía. No todos los amores merecen ser vividos. El amor, si no es condicional, es necesidad. Y la necesidad es patológica.

¿Se puede reaprender a amar?

Para eso estoy yo. El que hace daño proyecta su energía destructiva sobre los demás. A veces, de vuelta, se lastima. Con una persona autodestructiva lo que quieres es que desee. El deseo es el motor de la vida.

¿Qué límites tiene el deseo?

La diferencia entre una actitud sana y una patológica es nada más que de medidas.

El equilibrio griego. ¿Amamos desequilibrados?

Las emociones fuertes desequilibran. Duran poco. Y tienes que pagarlas. El deseo se opone a la fuerza destructiva que tenemos: nunca vamos a encontrar todo lo que queremos. Siempre vamos a ser seres deseantes. Ahora, el deseo ha de tener límites. Imagina que a alguien se le ocurra desear a un niño de ocho años. Las normas están para que sepamos hasta dónde se puede llegar.

¿Normas por si falla la ética?

Puedes desear algo que no te puedes comprar. Y no lo robas. Se complica cuando la vida te lleva a la ausencia de deseo. El deseo de nada es el deseo de muerte. El deseo otorga placeres. Unamuno diría placeres de juguetería, pero te alcanzan para vivir.

Utiliza referencias literarias, cinematográficas, lee el Nuevo Testamento cada año…

Jesucristo fue un revolucionario. Alguien capaz de ver más posibilidades que el a favor o en contra. Cuando acusaron a María Magdalena de adulterio y querían aplicar la ley lapidándola, ni negó la ley ni la aplicó, dijo: “Quien esté libre de culpa que tire la primera piedra”. La excepción es importante. Hace que te enamores. El mundo es blanco y negro y aparece alguien en colores.

El amor cura y daña.

El psicoanálisis es la clínica del duelo. Duelo viene de batalla y de dolor, la batalla dolorosa que tiene que llevar adelante quien perdió algo que amaba. “Morir es haber vivido”, dice Borges.

¿Se puede ser psicoanalista sin ser culto?

A Freud le preguntaron qué debería tener una Facultad de Psicoanálisis. Contestó que arquitectura, poesía, filosofía, literatura, religión…, las maneras en que los humanos hemos intentado encontrar un sentido frente a la angustia del vacío existencial.

¿Ser uno mismo es el mayor desafío al que nos enfrentamos en la vida?

El peor de los tormentos es querer ser alguien distinto al que se es. Lo escribió Kierkegaard. Nadie sabe quién es. Psicoanalizarse es adentrarse en esa búsqueda.

¿El camino es siempre la humildad?

Es muy difícil analizar a alguien que cree que lo que hace siempre está bien. No solo analizar, es muy difícil vivir con alguien así. Solo alguien que nunca se analizó se identifica con sus logros. Di una charla en un estadio de Montevideo ante 7.500 personas. Hablaba con Cynthia, mi mujer, y me preguntaba: “¿Por qué vinieron?”.

Su esposa es también psicoanalista.

La persona que amamos no es la que nos completa, sino la que nos permite tener una incompletud que no duele. Para que funcione hay que renunciar a esa demanda desmesurada de completud.

Cynthia es su segunda esposa…

Sí. He sido abandonado, he abandonado…, por eso creo que puedo tener un compromiso tan potente con la mujer que amo.

¿El desamor se parece a la muerte?

Una de las cosas más difíciles de duelar no es la pérdida del otro, sino la pérdida del lugar que teníamos para el otro. Cuando te dejan de amar, dejas de ser único y pasas a ser del montón.

¿Bajar a los infiernos es necesario para renacer?

Es inevitable atravesar ese territorio de dolor donde la vida carece de sentido. ¿Cómo voy a vivir sin escuchar la voz de mi padre? ¿Cómo sin el amor de mi vida? Sientes que no vas a poder. Te culpas de lo hecho y de lo no hecho. Es el descenso, la catábasis. El dolor no lo produce la pérdida, sino el esfuerzo que hacemos para no morir con esa persona. A mí la gente dolorida —el que dice no aguanto más, voy a morir…— no me preocupa. Están batallando. Me preocupa el que ya no siente ni dolor. Ese se ha dado por vencido. A mi pareja le pregunto, hasta su hartazgo, si sigue eligiendo estar conmigo.

¿Necesita que se lo confirme?

Borges dice que en las grietas acecha Dios. Creo que también acechan los demonios. Y que corremos el riesgo de hacer la pregunta cuando ya es tarde.

Quien se contiene para no discutir, ¿hace bien?

Hay que tener cuidado con la necesidad catártica de sacarse la ansiedad de encima de inmediato. Es necesario poner tiempo y pensamiento entre el estímulo y la respuesta. Decirle a tu pareja: mejor hablamos después. Si lo hacemos ahora diré cosas que no quiero. También creo que no todas las batallas deben ser libradas.

Usted parece peleón.

Soy luchador. Pero siempre intenté hacerme cargo de las cosas que digo. No voy a decirte que eres lo peor que me pasó en la vida por más que en un momento lo sienta, porque el enojo todo lo enturbia. Voy a esperar a estar tranquilo.

¿Siempre lo consigue?

Casi. Y si no, pido perdón. La vida es un lugar dificilísimo.

¿Nos enfadamos con otros por nuestros fallos?

La proyección es el primer mecanismo de defensa que aprendemos. Un niño se pega con la mesa y los papás la golpean y dicen: “Mala la mesa”.

¿Ponerse filtros es madurar?

Si esos filtros son hijos del respeto y la consideración y no del miedo, sí.

Su último libro, La soledad, aterra y libera.

La soledad nos separa de los otros y nos acerca a nosotros.

¿Solos estamos incompletos?

Acompañados también. Es la maravillosa tragedia del ser humano. Si estuviéramos completos, ¿qué buscaríamos?

¿La soledad voluntaria proviene del miedo?

A veces uno elige no atosigarse con compañías nuevas hasta no estar a la altura de la situación. Otras es producto de hacerse el que quiere estar solo porque tiene miedo del rechazo. Estar con alguien es un desafío complicado. Hay personas que temen ese desafío y no están con nadie y otras que enmascaran el no estar con nadie estando con muchas, que es otra manera de no estar con nadie.

Cuando alguien lee, ¿está solo?

Cuando lees, los otros molestan. Leer es un momento de soledad para habitarse de multitudes.

Escribió La felicidad. ¿Somos más infelices que nunca?

Esta época invita a la frustración permanente porque no sostiene los logros. Te esforzaste por tener un auto y a los tres meses te dicen que es viejo. Hay que desarrollar una inteligencia para quedarse con el placer de lo logrado. Parte de alcanzar cierta sanidad es poder darle a lo logrado un tiempo a nuestro lado.

Escribe que la felicidad no hay que encontrarla dentro de uno.

Hay que construirla. No es una búsqueda del tesoro.

“El fracaso es que no haya nada de uno mismo en lo que se hace”.

El psicoanálisis hace que te acerques a comprender quién eres. Yo me trabajo con analistas. Cada tanto necesito chapa y pintura. Me pregunto si con mi actitud me acerco o me alejo de la persona que quiero ser. “Le contestaste mal, pero lo merecía”. ¿Y yo? ¿Merecía tener esa actitud? Los gestos no hablan de quien los recibe sino de quien los hace.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

_

Últimas noticias

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_