Emilio Tuñón: “Un maestro solo es interesante si los discípulos llegan a florecer”

La Galería de las Colecciones Reales será el último edificio en inaugurarse que firmó junto a Luis M. Mansilla, fallecido en 2012. La muerte de su socio cambió el rumbo de uno de los estudios más prometedores de España

Emilio Tuñon
Emilio Tuñón, retratado en su estudio en Madrid.Gianfranco Tripodo

En el interfono del estudio de arquitectura, un edificio de Fisac atípico en el barrio madrileño de Tetuán, nadie ha sustituido el letrero: “Tuñón y Mansilla, arquitectos”. Hace 10 años que Luis Moreno Mansilla murió de un ataque al corazón. Juntos habían obtenido el Premio Mies van der Rohe, dado clase en Harvard y tenían entre manos un rascacielos circular: el Centro de Congresos para la Comunidad de Madrid. Todo se detuvo. Ahora, Emilio Tuñón (Madrid, 64 años) acaba de recibir el Premio Nacional de Arquitectura y está a punto de inaugurar el último edificio póstumo que también firmó Mansilla: la Galería de las Colecciones Reales de Madrid.

El suyo es un estudio de guapos simpáticos. Vestidos con vaqueros, pero atildados con americanas de gabardina, tienen todos un aire de familia, algo de eterna juventud vestida de azul marino. Tuñón, ahora asociado a Carlos Martínez Albornoz, que llevaba décadas con él, se ha pasado la vida lidiando con niños y adolescentes. Es el último de una familia de 10. Tiene cinco hijos y siete nietos. Uno de esos nietos es mayor que su último hijo, Emilio Jr. Se casó joven con su novia de toda la vida. Y sigue con ella. “Soy de mantener las amistades, la familia, los empleados… Me gusta la fidelidad. Igual es ser conformista, pero pienso que lo que tienes es lo que está bien”.

¿Como arquitecto es conformista?

No me definiría así, pero siempre hemos trabajado en un entorno cómodo. Está mal visto. Se supone que para pensar hay que producir incomodidad intelectual. Nosotros aprendimos las herramientas con Rafael Moneo y construimos nuestro idioma.

¿La estación de Atocha es suya?

La hizo Moneo. Todo lo que sale de su estudio, al 100%, es de Rafael. Cuando trabajas para él, tú eres su herramienta. Nos recuerdo a los tres en verano. Yo dibujando el Banco de Jaén. Luis, la planta del edificio de la Previsión de Sevilla, y Rafael, el alzado y cantando “solamente una vez… amé en la vida”, una y otra vez. A Luis le gustaba el edificio de la Fundación Miró de Palma. Rafael podía ser aaltiano en Mallorca y posmoderno en Sevilla. Nos cuesta reconocer que Rafael fue posmoderno, pero lo fue.

Emilio Tuñón, retratado en su estudio de arquitectura de Madrid.
Emilio Tuñón, retratado en su estudio de arquitectura de Madrid.Gianfranco Tripodo

¿Canta cuando dibuja?

Con los ordenadores, menos. En el estudio hay una que lleva cascos y canta. Desafina y nos hace mucha gracia.

¿Qué hace la mejor arquitectura?

El respeto a las personas y a la ciudad, a la profesión, a los compañeros, a los principios de construcción y a lo que vamos a dejar para el futuro.

Pero ha tomado decisiones drásticas: convertir la Fundación Helga de Alvear de Cáceres en una calle entre el casco histórico y la ciudad.

El respeto no excluye el cambio, al revés, a veces lo precisa.

Está a punto de inaugurar, tras más de dos décadas, la Galería de las Colecciones Reales.

El tiempo es para nosotros un material de construcción. Es necesario para pensar, dudar y dialogar. Más cuando “las cosas de palacio van despacio”. Pero impresiona ver cómo en el primer croquis, de 1999, ya estaba la idea de convertir el edificio en zócalo, de ponerse al servicio del lugar.

El museo también está en el límite de la ciudad.

Marca la frontera ente el Madrid de los Austrias y la Vega del Manzanares, justo donde está el origen de la ciudad, la alcazaba y la Almudaina hispanomusulmanas. A eso se sumó el Palacio Real de Sachetti. Era la cornisa de Madrid que el tiempo y los arquitectos Sabatini, Segarra y Pepullés, o la catedral del marqués de Cubas y Chueca Goitia, han ido modificando. Nuestro edificio trata de completar esa cornisa que había quedado incompleta.

¿Es un museo del siglo XXI?

Plantea una de las cuestiones propias de este comienzo de siglo: la preocupación por vincularse a la memoria del lugar y por reparar en vez de empezar de cero. Museísticamente, trata de acercar las colecciones de la monarquía a la ciudadanía.

Es su último gran edificio. Siendo uno de los arquitectos más reputados de España, solo ha construido 18 proyectos.

Necesitamos estar presentes en lo que hacemos. Firmé 12 con Luis y llevo seis con Carlos. Hace 10 años que murió Luis. La proporción es la misma. Nos ha interesado la calidad por encima de la cantidad.


El arquitecto Emilio Tuñón.
El arquitecto Emilio Tuñón.Gianfranco Tripodo

¿El Musac es la única aventura que se permitieron?

¿Sí? Yo no lo veo. Es la única obra que hicimos fuera del límite del casco histórico. Se podía ser más libre. En aquel momento pensábamos que el arte contemporáneo reclamaba una forma más dinámica. Admitido, es diferente. Pero todos los proyectos tienen una aventura. A veces formal, aunque, en general, tiene que ver con cómo te acepta la gente. En Cáceres encontramos dos personas, Toño y Jose [los dueños del restaurante Atrio], de un entorno intelectual muy distinto al nuestro: la exquisitez en la cocina y la música tecno. Ahora son wagnerianos, pero cuando los conocimos eran tecno. Creo que lo que querían era que los cambiáramos.

¿La arquitectura puede hacer eso?

Puede empujar. Ellos habían decidido cambiar. Pasaron de la ciudad nueva a la antigua. La ciudad no miraba el casco histórico, aunque existía un plan de revitalización. Eso quiere decir que se había detectado que estaba moribundo. Cambiaron el bakalao por Wagner.

¿La música de la arquitectura es wagneriana?

Nooo. Pero hay mucha arquitectura wagneriana: solemne, de largo recorrido. Es la de los arquitectos que se toman en serio a sí mismos.

¿Por ejemplo?

Hombre… Mucho de Foster tiene esa monumentalidad wagneriana. Y Chipperfield también, ¿no? La música contemporánea es más elástica. Transmite la sensación de que las cosas pequeñas también son importantes. Aunque soy forofo de que la arquitectura se produzca lenta, en el tiempo.

La idea de romper el perímetro del edificio está en sus trabajos, al contrario de lo que defiende Moneo.

Es cierto. Con Moneo aprendimos a respetar la ciudad y honestidad: a no hacer nada para figurar.

¿Cómo se sobrepasan las ideas de un maestro?

Un maestro solo es interesante si los discípulos llegan a florecer. Cáceres nos enseñó a ser humildes. Nos dijo lo que había que hacer. Nos prohibieron levantar el primer hotel. Y después de casi un año dudando nos planteamos: ¿y si los que no tenemos razón somos nosotros? El proyecto final salió mejor.

Otro referente suyo, Enric Miralles, era casi opuesto a su arquitectura.

Aprendimos de él que las cosas se pueden romper para volverse a reconfigurar. La primera vez que oí a Miralles decir que era discípulo de Moneo me quedé en shock. Luego descubrí que en momentos de duda recurría a él. Aunque formalmente su arquitectura era muy distinta, Miralles desplegó el mismo respeto por la ciudad que Moneo. Moneo reconoció su talento. Y cuando murió, más.

¿Qué ocurrió cuando murió Luis M. Mansilla?

Su capacidad intelectual para darle la vuelta a cualquier pensamiento con elegancia generó nuestra idea de lo que es la arquitectura: una conversación continuada con la ciudad. Luis era capaz de darle un sentimiento profundo a lo pequeño y, al revés, de aligerar lo profundo.

¿Qué ha cambiado sin él?

Todo. Y, en realidad, nada. Éramos dos, pasé a ser uno, ahora de nuevo dos, pero Luis es Luis. Está presente.

¿Han perdido ambición?

Decidimos reducir el estudio y acometer obras más pequeñas.

¿Se recogió?

Redujimos. Y me dediqué a la docencia. Necesitaba estudiar más, dialogar más, trabajar más mi lado académico.

¿Aumentó sus clases para aprender?

Claro, uno siempre da clase para aprender. Cuando es joven, da mucho a los alumnos y recibe poco. Tal vez porque no lo sabe ver. De mayor eso se da la vuelta porque cuando eres joven eres más impositivo y de mayor te vuelves más respetuoso.

¿Quién es el mejor arquitecto?

El que sirve mejor a la sociedad. Entendiendo que la sociedad no siempre sabe lo que quiere.

¿Quiénes lo han hecho?

Abderramán I. La mezquita de Córdoba y Santa Sofía de Constantinopla son los dos edificios más brutales que he conocido. La arquitectura histórica es una lección de vida por su capacidad de aceptar el cambio y el paso del tiempo. Marcel Breuer o Le Corbusier supieron transformar y transformarse. Contemporáneo no voy a decir ninguno.

Me hubiera sorprendido.

Me gusta mucho Siza.

¿Alguien un poco más joven?

H Arquitectes. Tienen una forma de hacer arquitectura muy profesional y natural. Todo el mundo sabe que cuando algo parece natural en realidad está muy trabajado.

¿Es viable defender la artesanía de la arquitectura frente a la industria?

Nos interesa la huella humana. Por eso somos pocos: para establecer vínculos. Para tener tiempo de hablar con la persona que pone los ladrillos de las virtudes de cada solución. Nos interesa más la imperfección de esa forma de trabajar que la perfección de los sistemas industriales. Hemos dicho que no a muchos encargos. Nos interesa la vivienda colectiva. Pero siempre nos hemos dado de bruces con personas que querían especular. Está bien hacer dinero, pero no si eso afecta a la calidad de la obra. La avaricia de ciertos clientes la hemos detectado en vivienda y urbanismo. Eso es lo que creo que hay que enseñar a los alumnos: a decir que no.

Emilio Tuñón, retratado en su estudio de arquitectura de Madrid.
Emilio Tuñón, retratado en su estudio de arquitectura de Madrid.Gianfranco Tripodo

El no de los arquitectos se asociaba al divismo.

No es un no por empeñarnos en una solución formal. Es evitar problemas para la ciudad o para los usuarios del edificio. Para nosotros es una ética. Aunque de la ética al paternalismo solo hay un pasito. Trabajar en proyectos equivocados puede acabar con tu vida profesional. Y destrozar la ciudad. Puede haber tanta arquitectura en la reforma de una casa como en un rascacielos.

¿Qué coste tiene decir no?

Perder red, contactos. Pero hemos ganado más. Cáceres es el ejemplo de lo que nos interesa.

¿Sus mejores proyectos están allí?

Como conjunto, sí. Por eso elegimos que nos entregaran allí el Premio Nacional.

En su familia no había arquitectos.

Soy el décimo de una familia de marinos. Mi padre era cordobés, y cuando me llevó a la mezquita, siendo niño, vi algo que no reconocía: la oscuridad, el silencio, la repetición. No digo que sea arquitecto por eso. Yo quería ser ingeniero naval, como mi hermano mayor. Pero mi madre me dijo que ya que dibujaba bien, que probara arquitectura. Una madre de 10 hijos distribuye profesiones.

¿No ha sido nunca rebelde?

No creo. La arquitectura tiene una parte politécnica y otra beaux-artiana. Siempre me he sentido más ingeniero, hacemos técnica que trata de resolver problemas.

¿La parte artística era Luis?

Luis era un poeta. Pero también era ingeniero. Su hermano gemelo es ingeniero naval y él no lo fue para no hacer lo mismo. Siempre decía que las personas vivían de la segunda cosa que sabían hacer mejor. Él escribía muy bien.

¿Qué cosa hace usted mejor?

Pintar. Pero hace años que no tengo tiempo.

Fue el pequeño de 10 hijos. ¿Eran del Opus Dei?

Mi madre. Yo soy católico practicante. Pero la mitad de mis hermanos son kikos y la otra del Opus.

¿Lo vivió alguna vez como una coacción?

No. Ha sido algo con lo que he convivido. Mi padre era marino de guerra, un militar. Yo fui al colegio de Huérfanos de la Armada que te preparaba para la marina y para la ingeniería. Eso me permitió no suspender nunca en la carrera. Pero fui feliz en mi infancia y adolescencia. No sé si al ser el pequeño era más libre porque tus padres pasan más de ti. No tuve necesidad de ser rebelde.

Sus hijas sí lo han sido.

Sí. Son personas más de este momento. Si comparamos la España de cuando yo era un niño con la de ahora, esta es mucho mejor. Mis hijas han querido conocer otras formas de ver la vida. En su generación el feminismo ha pasado de cero a 100. El mundo tenía que cambiar. Nuestra segunda hija es arquitecta y es neorrural. En la Vera, se dedica a la agricultura ecológica y al catering.

Sus hijas han cuestionado su religión, su profesión…

Creo que las hemos dejado respirar. La primera estudió Psicología. El tercero, en ESADE y tiene cuatro hijos. La cuarta, Ciencias del Medio Ambiente y tiene dos hijos. Y el pequeño, Emilio, tiene 16 años.

Tuvo un nieto antes de tenerlo.

¡Con la misma mujer de siempre! Lidiar con adolescentes te da la vida. La vida es transformación y la adolescencia es ver cómo se transforman. Como padre he aprendido a ver el mundo a través de los ojos de los chicos. Me ha interesado mucho mirar a través de los ojos de los demás.

¿Qué dice la madre y abuela?

La familia no hubiera salido adelante sin Mercedes. Aunque siempre ha trabajado como historiadora en la Administración pública, sigue cuidando a sus hijos, a sus nietos y a su madre.

Sin tomar tranquilizantes.

Nada. Y sin quejas. Vive dedicada a los cuidados.

¿Usted cuida?

El servicio a la sociedad lo canalizo en mi profesión. Pero he hecho lo que he podido. Cuando nos casamos, Mercedes me dijo que a las ocho en casa, y no he trabajado ni una noche. Algo que parece imposible a los arquitectos. He conciliado todo lo que se conciliaba hace unos años. He cocinado. Y ahora que solo somos tres en casa…, estamos más tranquilos, la verdad.

¿Qué ha sido lo mejor de su vida?

Mercedes, sin duda.

¿Y lo peor?

La muerte de Luis, quizá. O la de mi madre, justo después. Sin tu amigo y sin tu madre te das cuenta de que eres el que tiene que tirar para adelante. Lo he hecho partido a partido, como diría Simeone. Igual ser familia numerosa obliga a tirar para delante.

¿Se puede ser padre de cinco y sentirse frágil?

Mi infancia feliz me ha hecho una persona resistente. He podido sentirme triste, pero no desvalido.

Ideológicamente, ¿dónde está?

En los cuidados y en el servicio. Me siento conservador por mi trayectoria vital. La arquitectura para mí tiene que ver con la conservación de lo que hay.

Conservador y cuidador a veces es un oxímoron. La derecha no apuesta por la sanidad pública.

Estás entrando en precisiones muy específicas.

Ha tenido una hija enferma de cáncer.

En España todos defendemos la sanidad pública.

Todos los partidos políticos no.

Yo sí. Sin duda. Soy burgués y conservador. Pero estoy a favor de los cuidados.

Disculpe que insista, pero la traducción política de los cuidados —coches fuera del centro, sanidad y educación públicas— no coincide con los programas de los partidos conservadores.

Políticamente, soy de centro, que hoy parece que no se pueda ser. A veces he votado al PSOE, otras a Ciudadanos. Me considero una persona centrada, conservadora en su vida y autor de edificios que aspiran a permanecer con calidad y con belleza, que considero una parte del servicio público que deben ofrecer.

¿Se ha planteado alguna vez si ha dudado poco?

En su autobiografía, Frank Lloyd Wright cuenta que, cuando era niño, su tío Jenkin le pidió que subiera con él a una colina. El tío lo hizo en línea recta. Frank iba de un lado para otro recogiendo una piedra, una ramita… Al llegar a la cima el tío le dijo que en la vida debía seguir una línea recta. Y el niño abrió las manos: tenía un montón de tesoros. Hay dos formas de vivir: dando vueltas o centrándose. Las raíces te llevan a moverte de forma lineal. Pero admiro a los arquitectos que se mueven, creo que al final tienen muchos tesoros.

Suscríbete para seguir leyendo

Lee sin límites
Normas

Más información

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS