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Manual de uso del poder, según Don Vito Corleone

El académico Alberto Mayol encuentra en ‘El Padrino’ una lección magistral sobre cómo llegar a mandar y conservar el mando sin consideraciones morales

Lessons on power from Don Vito Corleone
Marlon Brando, como Vito Corleone en la película 'El Padrino' (1972), de Francis Ford Coppola.John Springer Collection (Corbis /Getty Images)
Miquel Echarri

En uno de los momentos más memorables de la serie de animación Padre de familia, los Griffin están a punto de morir y Peter, el desnortado patriarca, se decide a hacer a su familia una última confidencia: “No me gustó El Padrino”. Su esposa e hijos le recuerdan que se trata de una obra maestra, un poema visual, “la gran tragedia americana”. Peter zanja la discusión con una frase displicente: “Lo siento, pero yo soy más de Esta casa es una ruina”.

Si la broma funciona es porque a (casi) todo el mundo le gusta El Padrino. La trilogía de Coppola es uno de esos artefactos culturales que generan un raro consenso, un clásico popular que es a la vez pasto de la cinefilia, un éxito instantáneo que conserva cinco décadas después su reputación intacta. Alberto Mayol, sociólogo, politólogo y escritor (Santiago de Chile, 47 años), ha encontrado, además, tanto en las películas como en la novela de Mario Puzo que les sirve de sustrato una herramienta de reflexión y aprendizaje. El Padrino es “un curso acelerado de poder: cómo se consigue, se conserva, se acrecienta y se ejerce”. Cómo lo hacen profesionales de la destreza amoral y desprejuiciada de Vito Corleone y el heredero de su emporio, su hijo Michael.

Mayol presenta estos días la edición en España de Las 50 leyes del poder en El Padrino (Arpa Editores), un manual de uso que tal vez resulte útil para sátrapas de bolsillo, pero que supondrá, sobre todo, una iluminación para esa mayoría silenciosa que nunca ha reflexionado sobre la naturaleza del poder y, por tanto, se condena a padecerlo. Mirando atrás, el autor recuerda que entró en contacto con la saga fílmica en 1990, cuando se estrenaba en Chile la tercera entrega: “Mi tío insistió en que fuéramos a verla, aunque yo fuese menor de edad. Su argumento, escandaloso para el niño de orden que era yo por entonces, era que para disfrutar de verdad una película así hay, en primer lugar, que infringir alguna ley”. Años después, Mayol se sorprendería volviendo una y otra vez a secuencias tan impactantes como la de la cabeza de caballo entre las sedosas sábanas de un productor de Hollywood y encontrando en ellas “una reflexión muy profunda, en absoluto trivial, sobre ese dios mitológico que llamamos poder y está detrás de casi todas las relaciones sociales, no solo en el ámbito de la política”. De esa intuición nació un popular ciclo de seminarios sobre El Padrino y un aún más popular podcast, La Cosa Nostra, que creció y extendió sus tentáculos durante la pandemia. Y de ahí brotó también el libro.

Durante la jornada inaugural de su seminario, Mayol suele decir, en tono jocoso, que el suyo es “un método analítico esencialmente de derechas, porque parte del pragmatismo más descarnado”. Citando una y otra vez ejemplos concretos, desentraña la inexorable lógica Corleone y llega a conclusiones muy reveladoras: “Don Vito ejerció siempre el poder sin inhibiciones, pero con sensatez y mesura”. Sus mejores alumnos habría que buscarlos, salvando las distancias, en el espectro conservador, en Winston Churchill, Giulio Andreotti o Angela Merkel. También en la trastienda de núcleos de poder tan formidable y opacos “como la CIA, el Vaticano o los consejos de administración de las multinacionales”. La izquierda occidental, en su opinión, “no genera líderes, porque se ha atascado en un discurso de resistencia al poder que la condena a la ineficacia”. Lo mismo podría decirse del grueso de los ciudadanos de la Europa comunitaria, “herbívoros en un mundo de carnívoros”, algunos de ellos tan voraces como Vladímir Putin, “que no solo envenena a sus opositores, sino que quiere que se sepa”.

Sobre la firma

Miquel Echarri
Periodista especializado en cultura, ocio y tendencias. Empezó a colaborar con EL PAÍS en 2004. Ha sido director de las revistas Primera Línea, Cinevisión y PC Juegos y jugadores y coordinador de la edición española de PORT Magazine. También es profesor de Historia del cine y análisis fílmico.

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