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Susi Sánchez: “El estrellato está siendo un torbellino y me pilla un poco mayor”

Durante cinco décadas, fue una actriz tan respetada como desconocida. Tras su Goya por ‘Cinco lobitos’, estrena ‘Loli Tormenta’, película póstuma de Agustí Villaronga, y una serie con la productora de Almodóvar

Susi Sanchez actriz
Desde que ganó su segundo Goya por 'Cinco lobitos', le llueven las propuestas. La actriz lleva vestido de Issey Miyake y zapatos de Bottega Veneta.Santiago Belizón
Álex Vicente

Su terapeuta se lo advirtió hace unos meses. Cuidado con el éxito porque puede matar. Susi Sánchez tiene esta frase grabada a fuego, por lo que desconfía de su nuevo estatus de estrella madura del cine español. Hasta no hace tanto vivía tranquila, en un plácido rincón, con sus discretos papeles de reparto, dando clases de interpretación. Era una de esas secundarias respetadas por el oficio pero desconocidas para el gran público, con una carrera errática en cine, teatro y televisión, aunque nunca le haya faltado el trabajo. Hasta que, de repente, cuando ya rozaba la edad de la jubilación, se le empezaron a multiplicar las ofertas y los premios. Y, con ellos, llegó una especie de borrasca que intenta atravesar a bordo de una modesta barquita.

“Lo único que pido es poder seguir haciendo mi trabajo como hasta ahora. Lo que me gusta es desentrañar mis personajes, y nada más. Lo que me gusta de mi trabajo es mi trabajo”, afirma en una mañana soleada en Madrid, en la recta final del invierno. “Sé que muchos se hacen actores para llegar a la fama, al éxito, a algún lugar. Yo nunca he querido llegar a nada, a ninguna parte. No necesitaba este reconocimiento. Está siendo un torbellino muy grande y me pilla un poco mayor”, dice. No quiere sonar desagradecida, pero prefiere pensar que este sueño se va acercando al final. Un día, dentro de poco, la dejarán de llamar y volverá a vivir tranquila. “Si no eres consciente de que las caídas existen, las bajadas son un batacazo. ¿Viste que me caí en los Goya? Tal vez fuera una premonición…”.

Susi posa con camisa de Max Mara, camiseta de Cortana, pendientes de Joaquín Berao y collares de Isidoro Hernández.
Susi posa con camisa de Max Mara, camiseta de Cortana, pendientes de Joaquín Berao y collares de Isidoro Hernández.Santiago Belizón

No hay falsa modestia en las palabras de esta actriz de 68 años. Tal vez solo una pequeña dosis de autoengaño que le permite conservar la cordura. ¿Una de las mejores actrices de su generación, capaz como pocas de transmitir verdades sobre la condición humana? Ya será menos. En el fondo, lo suyo no es para tanto: se aprende un papel y luego lo recita. No cree tener más talento que cualquier hija de vecino que se ponga a estudiar cuatro tardes seguidas. “He estado toda mi vida con eso que llaman síndrome del impostor. Durante mucho tiempo, creí que se darían cuenta de que todo era una estafa, de que yo no valía”. ¿Y cuándo se lo empezó a creer? “Con el Goya por Cinco lobitos. Esa noche me dije: bueno, igual hay algo…”, se carcajea. El premio recompensó su papel de matriarca enfrentada a la enfermedad, tosca pero sacrificada, rebosante de remordimientos y renuncias. Casi tanto como el Goya, lo que le hizo ilusión fue que auténticos desconocidos le escribieran mensajes como este: “Eres más vasca que mi madre vasca”. En realidad, es valenciana —nació en Xirivella—, pero llegaremos a eso más tarde.

Pese a no ser vizcaína, Sánchez fue la primera opción para el personaje de Begoña. “Quería retratar a un ama de casa de toda la vida al margen de los lugares comunes. Que alguien se dedique al hogar no significa que no sea un ser complejo y con secretos, aunque no siempre se las haya retratado así”, dice la directora de Cinco lobitos, Alauda Ruiz de Azúa. “Susi aportaba ese misterio, esa personalidad, un sentido del humor muy de madre vasca, seca pero que cae bien. Era la combinación perfecta”. Desde su estreno, le llueven los papeles. La actriz acaba de estrenar en cines Loli Tormenta, la película póstuma de Agustí Villaronga (1953-2023), donde interpreta a una abuela con alzhéimer, y tiene a punto la serie Mentiras pasajeras, producción de El Deseo que lanzará Paramount+, entre otras cosas que no puede anunciar.

“Lo que me gusta es desentrañar mis personajes, y nada más. Lo que me gusta de mi trabajo es mi trabajo”, dice la actriz, que lleva traje de Alexander McQueen y zapatos de Bottega Veneta.
“Lo que me gusta es desentrañar mis personajes, y nada más. Lo que me gusta de mi trabajo es mi trabajo”, dice la actriz, que lleva traje de Alexander McQueen y zapatos de Bottega Veneta.Santiago Belizón

De repente se ha tenido que poner selectiva, ella que solía decir que sí a todo lo que le llegaba. Y reconoce que lo pasa mal. “Me parece injusto elegir. ¿Por qué unos sí y los otros no?”, responde con un inexplicable candor. Ahora también la paran por la calle por primera vez en cinco décadas de trayectoria. “Pero la gente es muy respetuosa conmigo, más que con mis compañeros jóvenes que trabajan en televisión. A ellos los tocan, hay una familiaridad. A mí se me acercan, pero a distancia”. ¿Tal vez porque impone un poco? “No lo hago adrede, pero eso me dicen. No sé si es por mi estatura, o por mi forma de hablar, que puede ser un poco tajante o áspera. Supongo que es un mecanismo de defensa. Todos tenemos nuestras formas de ir por la vida”. ¿Y cuál es la suya? Sánchez tiene algo que recuerda a un ave corredora, una elegancia un tanto desgarbada. Falsas hechuras de diva que esconden una inseguridad turbadora. Una modestia casi patológica, una tendencia irrefrenable a la sinceridad. Una voz algo cavernosa, que parece salir de algún abismo interior. Esa belleza —no necesariamente plástica, que también— que suelen desprender las buenas personas. Su falta de autoestima, respecto a la que es transparente, la atribuye a su educación. “En casa no querían que fuese actriz. Yo era una niña muy obediente, y que mi padre no me diera su bendición me dolía. Era un hombre mayor, nacido en 1913, y consideraba que este era un oficio de putas y de maricones. Para él, habíamos venido al mundo a hacer lo que nos toca, no lo que queremos”, relata.

Para Sánchez, la interpretación ha sido, entre otras cosas, una forma de autoconocimiento. “Es una persona con un gran interés por la psicología humana, incluida la suya”, dice el director Ramón Salazar, que la llevó a la primera línea, cuando era una semidesconocida, con 10.000 noches en ninguna parte y La enfermedad del domingo, por la que recibió su primer Goya en 2019. “Conecta tan bien con personajes complejos y enrevesados porque sabe localizar sus traumas”. La actriz suele trabajar a partir de su experiencia, de su infancia, de su familia. “Pero lo hace desde lo luminoso. Ha sabido perdonar a quien le ha hecho daño y la ha paralizado. Es como si el trayecto y el sufrimiento hubieran merecido la pena en el canal de sanación que para ella ha sido el arte”, añade Salazar.

Susi Sánchez lleva caftán de Cortana y brazaletes de Joaquín Berao.
Susi Sánchez lleva caftán de Cortana y brazaletes de Joaquín Berao. Santiago Belizón

Susi Sánchez lleva su historia familiar a flor de piel. Nació en 1955 en Valencia “por casualidad”, hija de un militar “de izquierdas”, descendiente de una estirpe de ferroviarios extremeños, que había luchado en el bando republicano antes de aceptar un trabajo en el ejército franquista. “Lo aceptó, sobre todo, porque tenía acceso al economato de los militares, un suministro de pan, leche en polvo, café y aceite. Para alimentar a su familia, se metió allí y ya se quedó para siempre”, relata la actriz. “Fue un hombre que vivió con miedo. Le preocupaba que alguien viera el póster de Jesucristo Superstar que tenía en mi habitación. Se quedaba bebiendo hasta tarde y me hablaba de la guerra. Cuando estaba ebrio, siempre se preguntaba lo mismo: ‘¿Qué sentido tiene la vida?’. Me tenía trastornada”.

Su madre era murciana, hija “de un buscavidas”, y la única superviviente de todos sus hermanos, que murieron de pequeños. “Era una mujer mucho más dura, que se casó con 17 recién cumplidos. Se perdió toda su juventud. Era una mujer muy vital, pero no debía de ser muy feliz. Era una de esas mujeres increíbles que lo superaban todo, aunque a veces a costa de su entorno. Nos exigió mucho”. Falleció hace siete años, a los 90. ¿Qué sintió? “Alivio”, responde Sánchez sin dudar. Un amigo cubano, sacerdote yoruba, le dijo que su muerte rompería un maleficio. Y eso fue lo que sucedió.

Desde la muerte de su madre y la de su hermano Ismael, también actor, la carrera de Susi Sánchez ha dibujado una curva ascendente. Le da pudor decirlo, pero sabe que no es casualidad. “Mi hermano no trabajaba tanto, y yo lo pasaba mal. En mi generación, había como un acuerdo tácito en las familias: hasta que los hombres no triunfaran, las mujeres no podían. Entonces yo no podía triunfar, ¿entiendes?”, responde. “Con el tiempo, me he ido quitando una sensación de freno, de no tener derecho. Cuando murió mi madre, esa sensación ya fue definitiva”. Esa libertad también abarca su vida privada, ya que le permitió reconocer su lesbianismo. “En realidad, mi familia lo ha sabido siempre, pero mi madre me pidió que no hablara de estas cosas en público hasta que estuviera muerta”.

La artista lleva vestido de Gucci y collar de Isidoro Hernández.
La artista lleva vestido de Gucci y collar de Isidoro Hernández.Santiago Belizón

De joven, sintió la llamada de Dios. “Por suerte, no duró. Aquello era tremendo…”, recuerda Sánchez. Se refiere a las monjas de su colegio, ejemplos de mezquindad y no de rectitud moral. “Me acobardaron, y yo ya era una niña bastante insegura. Me hicieron bullying, aunque entonces no se llamara así. Pero lo sufrí en todos los colegios donde estuve, sin excepción”. ¿Por qué? “Porque era rara, demasiado alta, y encima era rubia. Y en este país no se podía ser rara, alta y rubia. Me decían que tenía cara de caballo”, responde. En su casa tampoco tuvo mucho apoyo. “No me daban mucha confianza, no. Mi hermana Isabel ha sido la única que ha creído en mí. Siempre, siempre. Es la única con la que he podido compartir mis éxitos. Mi madre, cuando me nominaban a cualquier premio, me respondía: ‘¿Y cuándo es el sorteo?”. Y se ríe, aunque parezca triste.

Cuesta creer que Sánchez no rodara una sola película entre 1974 y 1994. Dice que fue por la época del destape, en la que “no tenía mucho que enseñar”, y por culpa de un debut catastrófico en Una pareja... distinta, con Lina Morgan y José Luis López Vázquez, donde interpretaba a una enfermera “con liguero y minifalda”. “Lo pasé fatal”, recuerda. Después se refugió en el teatro, de la mano de directores como José Luis Gómez y Daniel Veronese, y también en televisión, donde hizo Bodas de oro, algún Estudio 1 y una sección fija en el programa juvenil Cajón desastre, con Miriam Díaz-Aroca. Con la llegada de las privadas, encadenó los papeles en series como Médico de familia, Manos a la obra o La casa de los líos. Duele un poco imaginar qué hubieran hecho con ella Carlos Saura, Mario Camus o Pilar Miró.

La actriz lleva camisa, bodi, falda y zapatos de Valentino.
La actriz lleva camisa, bodi, falda y zapatos de Valentino.Santiago Belizón

Su estatura y su orientación sexual le han costado algún papel. Muchos no supieron qué hacer con sus 1,76 metros de altura. Por ejemplo, Alejandro Amenábar la descartó para Tesis por sacarle varias cabezas a Ana Torrent. “No encontraban a nadie que se emparejara bien conmigo. Los hombres eran más bajos que yo. Tampoco me daban secundarios porque se me veía más que a la protagonista. Entonces, en el teatro, me empezaron a dar personajes abstractos o de fenómenos atmosféricos. He hecho de sol, de viento y de luna”, relata. “Ya de mayor, fueron llegando chicos mejor alimentados y más grandotes que yo. A mí me salvó la generación del Cola Cao”.

Ser lesbiana tampoco le abrió puertas. “Había directores que tenían la idea romántica de vivir algún tipo de historia conmigo. Y como no podía ser… Uno dejó de llamarme durante 10 años. No puedo decir el nombre porque sigue vivo, pero me encantaría que le cayera una buena, ya que lo hizo con un montón de compañeras. Nos decía que no volveríamos a trabajar en este país”, recuerda. ¿Y con Vicente Aranda, con quien rodó cuatro veces? “Fue distinto, aunque también me dejó de llamar. Le presenté a mi mujer [la actriz y maestra de actores Consuelo Trujillo, de quien se separó hace cuatro años] y ya nunca volvimos a trabajar juntos. No me dijo que fuera por eso, pero puedo intuirlo. Creo que yo le atraía bastante, aunque él estaba más que casado, pero le gustaban mucho las mujeres. Se lo dije un poco a propósito, para que supiera que estaba ocupada”, dice. El MeToo le hizo tomar conciencia de la gravedad de comportamientos que consideraba normales y no lo eran. “Todas las actrices hemos sufrido abusos. La que diga que no, miente”, afirma. “Lo que pasa es que antes se resolvía con un bofetón, y ahora con una denuncia. No me parece mal, pero yo no necesito que venga la policía. Lo suelo arreglar con una buena patada en los huevos”. Así empieza el tercer acto de Susi Sánchez, y tiene una pinta trepidante.

Lo confirma Pedro Almodóvar, con quien ha trabajado cuatro veces haciendo pequeños papeles. “Además de ser muy buena actriz, tiene un físico apabullante y poco común, con un rango muy poco habitual. Puede ser ruda como en Cinco lobitos, pero también absolutamente sofisticada”, opina el director. “Me siento en deuda con ella, porque le he ofrecido cosas breves que no estaban a la altura de su talento. Tiene la edad perfecta para el tipo de papeles que estoy escribiendo ahora. Es mi gran esperanza trabajar con ella en un proyecto de mayor magnitud”.

CRÉDITOS

Estilismo: Beatriz Moreno de la Cova.
Producción:   Maia Hoetink. 
Asistente de fotografía: Henar de Torres. 
Asistente de estilismo: Diego Serna.
Maquillaje y peluquería: Cynthia de León (COOL) para Mac y Aveda. 

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Sobre la firma

Álex Vicente
Es periodista cultural. Forma parte del equipo de Babelia desde 2020.

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