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La actriz que se paseó por la alfombra, se fue a trabajar al teatro y volvió para recoger el Goya

Susi Sánchez, ganadora del premio como mejor intérprete, es una actriz muy apreciada en la profesión pero no muy conocida por el público

Susi Sánchez recoge el Goya 2019 a mejor actriz.

Asunción Sánchez Abellán (Valencia, 1955) no parece un nombre llamado al estrellato. Susi Sánchez sí. Pero durante lustros su trabajo en cine, televisión y teatro se ha realizado de manera soterrada, atrayendo la atención de sus compañeros, aunque no del gran público. Susi Sánchez es uno de esos maravillosos secretos que esconde la interpretación española: la Unión de Actores la ha premiado hasta en cuatro ocasiones; posee un Max de teatro por Cuando deje de llover. Y ha hecho mucho, incluso en películas populares, como encarnar a la reina Isabel la Católica en Juana la Loca (2001). Ni siquiera este Goya a la mejor protagonista con La enfermedad del domingo es su primera aparición en la ceremonia del cine español, ya que fue candidata en 2014 con 10.000 noches en ninguna parte, otra película realizada por el director que mejor la conoce, Ramón Salazar, que la ha dirigido en tres de sus cuatro películas. “Ramón conoce el alma femenina con profundidad, como pocas mujeres, con sabiduría de anciano, y a la vez disfruta de un espíritu lúdico", asegura entre entrevista y entrevista a las dos de la mañana en el sevillano Palacio de Congresos. “Y por eso siento el orgullo de haber sido la representante de La enfermedad del domingo. Con Pedro Almodóvar ya ha trabajado en cuatro ocasiones. “En Dolor y Gloria”, contaba anoche Sánchez, “solo hago una pequeña aparición, pero le agradezco que pensara en mí y me llamara aunque fuera para un día”.

Así entiende Susi Sánchez la profesión: fue la primera en pasar por la alfombra roja en Sevilla; se fue al Teatro Central a representar Espía a una mujer que se mata, una versión de Daniel Veronese de Tío Vania, de Chéjov, y tras hora y media en el escenario, volvió a la gala. En otras ediciones de los Goya ya hubo intérpretes que se sumaron a patio de butacas empezada la ceremonia por culpa del teatro (Irene Escolar actuó en Zaragoza en 2016 y cogió el AVE para llegar a tiempo a la gala), pero nadie había realizado este esfuerzo. “A mí no me quedaba otra”, confiesa la actriz. “Yo no puedo anular una función de teatro por venir a los Goya. Antes cancelo mi asistencia aquí. No puedo dejar vendidos ni a los espectadores ni a mis compañeros. Por suerte todo transcurría en Sevilla y así no me he perdido esta sorpresa tan agradable”.

La primera vez que la actriz fue candidata al galardón pensó que lo ganaba: “Esta vez, sinceramente, creía que no. Me ha ido al revés. Cuando vi mi trabajo en 10.000 noches en ninguna parte me sorprendí a mí misma, y por eso pensé que tenía posibilidades”. Sánchez ha pasado lagunas en su carrera: “Mi estatura a veces me ha eliminado de repartos”. Por ejemplo, recuerda cómo iba a encarnar a la madre de Tesis. “Alejandro Amenábar me llamó. Pero cuando fui al rodaje, descubrió lo alta que soy [1,76] y…”. Adiós a Tesis.

Sánchez empezó muy pronto en la actuación. “Mi hermano Ismael era actor”, recuerda, “y me llevó a un ensayo. Y allí conocí a dos de sus compañeros, que estaban en la Escuela de Arte Dramático, la RESAD, que estaban organizando su compañía de teatro, un grupo de expresión corporal para adolescentes. Yo tenía entonces 16 años. Me metí. Y en una de las clases, con música, alguien me hizo algo, no sé qué [Sánchez se toca el hombro] y grité. Yo era muy tímida, y de repente, con los ojos cerrados, sentí que me atrevía a entrar en esos mundos. Fue una sensación muy peculiar, necesité explorar y me lancé”. Con ellos estuvo un año en una versión de Las brujas de Salem, y con 18 años ya entró en la RESAD. “Alguna vez, de joven, por la limitación de mi estatura, sí me planteé renunciar. Con los años he encontrado mi lugar. He disfrutado de otros personajes más esotéricos”.

Con Presunto culpable, su última serie, muchos telespectadores han sido conscientes de su presencia. Con el Goya en la mano, asegura: "Ahora puedo elegir papeles. Me espera otra serie de televisión y más teatro. Y el cine me abre las ganas de más cine. Es una consecuencia del reconocimiento actual, pero me da mucha vergüenza decirlo porque muchas actrices se han ido quedando por el camino ante la falta de personajes. Esto es un dolor para mí”. Cierto, muchas actrices de su generación se han ido apartando de la profesión. Si la interpretación es uno de los campos laborales con mayor porcentaje de paro, la cifra se dispara en las mujeres de mediana edad. Sánchez se describe a sí misma como hormiguita, como una corredora de fondo. “El espectador no ve la otra cara. No ve que nosotros nos pasamos 16 horas debajo de la lluvia trabajando y con frío”.

Ahora Sánchez busca libretos de personajes femeninos “que al menos estén vivos”. En los últimos meses ha realizado diversas declaraciones recordando que las mujeres maduras son también sexys, que merecen ser reflejadas en el cine como son en la vida real, y que La enfermedad del domingo ha descubierto a ojos de los espectadores —porque la película se puede ver por todo el mundo a través de Netflix— a una gran intérprete. “Pocos directores hombres saben escribir personajes femeninos. Hay que impulsar que las mujeres escriban sobre mujeres. Hoy en la gala se ha visto claramente. No hay paridad. Y es cosa de todos: de hombres y de mujeres. Y cada vez hay más mujeres preparadas. Si no, habrá que hacer una revolución”.

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