El arte en la era del Metaverso

David Zuckerberg lanzó un vídeo naíf para explicar el arte en el internet inmersivo. ¿Conseguirán los artistas darle sentido a esa nueva dimensión de la realidad?

Fotograma del vídeo de la campaña de Meta basado en el cuadro de Rousseau ‘Lucha entre un tigre y un búfalo’, de 1908.
Fotograma del vídeo de la campaña de Meta basado en el cuadro de Rousseau ‘Lucha entre un tigre y un búfalo’, de 1908.

El universo artístico de Meta, nombre actualizado de Facebook, cabe en un vídeo publicitario de un minuto. Dos chicos y dos chicas se cuelan en un cuadro de Henri Rousseau —Lucha entre un tigre y un búfalo, de 1908— y montan una animada rave bailando en 3D con los animales de la jungla. “Esto va a ser divertido”, se lee. Es el lema de una nueva frontera, el metaverso, también llamado internet inmersivo o tridimensional, que según afirmó el presidente de la compañía, Mark Zuckerberg, conectará a la gente “más allá del mundo físico”.

¿Qué visión del arte plantean entonces Zuckerberg y sus ingenieros? A juzgar por ese vídeo, triunfarán las fórmulas más estandarizadas. Algunas ya son muy conocidas, popularizadas en instalaciones audiovisuales de luz, color y sonido en el espacio real, como las dedicadas a Van Gogh, El Bosco, Frida Kahlo, Goya, Arcimboldo… O Klimt, objeto de una muestra en la nave 16 del centro cultural Matadero con la que arrancó a primeros de marzo el proyecto Madrid Artes Digitales, dedicado a las experiencias tecnológicas inmersivas (la exposición estará abierta hasta septiembre).

Las posibilidades de jugar pueden ser inagotables para los usuarios polisensoriales (el colectivo londinense Marshmallow Laser Feast abordó en 2021 a Shakespeare a través del avatar de Puck, el duende de Sueño de una noche de verano). Y mejor no infravalorar todas estas aproximaciones lúdicas. Es lo que defiende Dean Kissick en un artículo publicado en The New York Times. Kissick recuerda que Henri Rousseau y sus contemporáneos Picasso, Gauguin o Seurat tuvieron un papel visionario a la hora de crear realidades artísticas inéditas. “Hoy parece factible”, afirma Kissick, “tal vez por primera vez en este siglo, la posibilidad de inventar nuevas estéticas al completo, siempre que alguien tome las riendas de los tecnólogos”.

Ese alguien son los artistas. Y aunque lo tengan difícil, abocados como están a lidiar con dimensiones neurotecnológicas desconocidas, ¿se amilanarán ante el metaverso? No lo parece. Llevan décadas, en museos y planetarios, preparando el salto. En 2018, uno de los centros de arte europeos más dinámicos, el Martin Gropius Bau de Berlín, dedicó una exposición a las atmósferas inmersivas generadas por los artistas desde los años sesenta del siglo XX. Se tituló Welt ohne Außen (mundo sin fronteras) y participaron más de 45 personas y grupos, entre creadores que exponían y performers. El talento era desbordante: de la nitidez de los espacios lumínicos de Doug Wheeler a las composiciones de aromas de Wolfgang Georgsdorf, pasando por la denuncia política y social en 3D de la pionera del periodismo inmersivo Nonny de la Peña.

Thomas Oberender fue comisario de la exposición junto con el artista Tino Sehgal. Oberender ha dirigido durante una década el prestigioso festival de la cultura de Berlín, Berliner Festspiele. Y el pasado mayo proclamó que las artes han de ir ajustando su narrativa a los cuatro poderes del mundo, “Gaia, el clima, los virus y lo digital”, y seguir modernizándose “a velocidad de vértigo”.

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