Cormoranes y veraneantes en Sol de Riu

Un paseo de tres kilómetros desde Les Cases d’Alcanar, el último pueblo de Tarragona, hasta la desembocdura del río Sénia

El enclave de Sol de Riu, cerca de la localidad de Les Cases d’Alcanar (Tarrgona).
El enclave de Sol de Riu, cerca de la localidad de Les Cases d’Alcanar (Tarrgona).Javier Rodríguez Marcos

¿En qué se parecen los cormoranes y los veraneantes? En que, según la guía de pájaros de Volker Dierschke, son seres muy sociables que viven en colonias “laxas”, pescan juntos y se reúnen en “grandes dormideros” al atardecer. También en que tienen un plumaje “nupcial” y otro que no lo es, igual que los humanos. Son gente de costumbres, como todas las aves migratorias.

También lo son los vecinos de Les Cases d’Alcanar, el último pueblo de Tarragona por la costa meridional. Una de sus costumbres más arraigadas es pasear hasta Sol de Riu, a tres kilómetros y medio del pueblo. Dejando atrás el puerto -uno de los pocos de España pagado por los marineros (la cercanía de otros enclaves pesqueros jugó en contra de construir este)-, los paseantes caminan hacia el sur sobre un acantilado de media altura con el mar perpetuamente a la izquierda. Sucesivamente, dejan también atrás la playa del casco urbano, la del Marjal –como todas las de aquí, de cantos rodados- y una sucesión de playas vírgenes salpicadas de nidos de ametralladoras. Construidos con hormigón armado, los instaló la República durante la Guerra Civil en previsión de un desembarco de las tropas franquistas. La cercanía de la estratégica bahía de los Alfaques –dominada por San Carlos de la Rápita- hizo que Les Cases sea ahora uno de los pueblos con mayor patrimonio costero de la guerra. Parte de él está ya bañado por el agua.

El puerto de Les Cases d’Alcanar (Tarragona).
El puerto de Les Cases d’Alcanar (Tarragona).Gonzalo Azumendi (AGE)

Sol de Riu es el lugar en el que el río Sénia –aquí, ‘la’ Sénia- desemboca en el Mediterráneo y el límite geográfico con la provincia de Castellón. Si lo cruzas, no tardan en aparecer las primeras casas de Vinaroz. Cruzarlo en verano es fácil sin mojarse los pies: el agua queda detenida por una lengua de piedras que crea lo que llaman aquí “laguna de rambla”. Por mucho que se empeñen los poetas, los ríos no siempre van a dar a la mar. O no todo el año. Embalsado de forma natural en los meses más secos después de que su caudal se filtre a los acuíferos que alimentan los pozos de riego, el Sénia es en su desembocadura un humedal flanqueado por enea, carrizos y fresnos que en la zona rocosa y en los taludes ceden su sitio al hinojo y al lentisco.

Pese a la maravilla de la vista, como río tal vez sea poca cosa, pero los que más saben aportan sus matices: situado entre el delta del Ebro –al norte- y la Albufera de Valencia –al sur-, Sol de Riu es un lugar clave de reposo para las aves migratorias. A primera hora de la mañana o a última de la tarde, los vecinos de Les Cases caminan hasta allí, contemplan el vuelo de las gaviotas y de los cormoranes y predicen si hará buen tiempo en función de las nubes que coronen –o no- la cumbre del Montsià, el monte tutelar de la comarca. Luego vuelven al pueblo deshaciendo el camino. A cambiar de plumas.

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Sobre la firma

Javier Rodríguez Marcos

Es coordinador de la información literaria en 'Babelia', suplemento cultural de EL PAÍS. Antes trabajó en 'ABC'. Licenciado en Filología, es autor de la crónica 'Un torpe en un terremoto' y premio Ojo Crítico de Poesía por el libro 'Frágil'. También comisarió para el Museo Reina Sofía la exposición 'Minimalismos: un signo de los tiempos'.

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