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Cinco reflexiones sobre la crisis de la covid-19 y el impacto en países pobres

Expertos de la red SDSN ofrecen elementos para evitar una catástrofe humanitaria sin precedentes

Para 60 millones de brasileños que viven por debajo del umbral de pobreza, el confinamiento es un lujo que no se pueden permitir
Para 60 millones de brasileños que viven por debajo del umbral de pobreza, el confinamiento es un lujo que no se pueden permitir EFE

Es difícil calibrar ahora hasta qué punto la COVID-19 va a transformar los fundamentos con los que hemos venido operando hasta este momento. Lo que sí sabemos es que la devastación de la epidemia es cierta, que la respuesta implicará un esfuerzo de envergadura posbélica y que el impacto será percibido de manera muy diferente de acuerdo con el lugar geográfico y social que ocupamos cada uno.

Precisamente para considerar estos elementos y estimular una respuesta a la altura del desafío, la Red por las Soluciones para el Desarrollo Sostenible (SDSN, por sus siglas en inglés) celebró esta semana un masivo evento online en el que se compartió información actualizada y se debatieron posibles respuestas a la situación actual. La versión completa está disponible aquí, pero estas son cinco cuestiones que nos llamaron la atención y que hemos recogido para ustedes:

1. La lista de prioridades es muy similar para regiones ricas y pobres. O eso al menos lo que piensa el economista Jeffrey Sachs, que vino a trasladar una idea fundamental: las regiones más ricas del planeta son hoy el foco del problema, pero no hay solución común sin una intervención equiparable en los países en desarrollo. Su hoja de ruta tiene siete componentes:

  • Detener la epidemia.
  • Reforzar los sistemas hospitalarios.
  • Apuntalar/construir sistemas de salud pública.
  • Proteger a las poblaciones vulnerables (por edad, situación social u otros).
  • Financiar la respuesta de emergencia.
  • Restaurar la actividad económica en cuanto sea posible.
  • Desarrollar nuevos tratamientos y vacunas.

La sesión incluyó unas estupendas y didácticas presentaciones de ISGlobal (España) y otros centros de análisis de Corea, Estados Unidos, China e Italia donde se puso de manifiesto las diferencias en la estrategia y envergadura de la respuesta. Para muestra, esta impresionante imagen que resume la respuesta coreana.

2. Los países más pobres sufrirán más los efectos indirectos de la crisis, pero los de renta media no van a salir mejor parados. Brasil es un ejemplo. La presentación de los investigadores del centro de análisis Fiocruz describió un panorama inquietante en el que la debilidad fiscal, institucional y de los sistemas de salud se conjurarán contra poblaciones muy agrupadas y con un alto grado de vulnerabilidad por su edad o condiciones previas. Para 60 millones de brasileños que viven por debajo del umbral de pobreza, el confinamiento es un lujo que, sencillamente, no se pueden permitir.

3. Refugiados y migrantes constituyen uno de los grupos sociales más vulnerables a la crisis de la COVID-19. A las dificultades propias de la pobreza, en el caso de este grupo se une el hacinamiento en condiciones insalubres. Los campos de refugiados y desplazados son el peor contexto para garantizar medidas básicas como el aislamiento y la higiene. La previsible disminución de la ayuda y la impermeabilización de las fronteras en muchos países van a disparar las carencias e incertidumbre de las poblaciones en movimiento. Para millones de migrantes sin papeles, su condición administrativa puede determinar el acceso a servicios de salud esenciales en los países donde residen.


4. La magnitud del shock económico no tiene precedentes; tampoco debería tenerla la respuesta. Las previsiones ofrecen cifras mareantes, como una caída del PIB global de entre el 10% y el 15% y una pérdida del 50% de los ingresos fiscales. Para los países pobres, especialmente los que ya arrastran niveles de deuda poco sostenibles, el golpe puede ser definitivo. La envergadura de la respuesta debe ir dirigida a evitar el colapso financiero y económico del mundo en desarrollo, a través de una caja de herramientas que incluye: préstamos al sector público; financiación del FMI y bancos multilaterales; congelación de la deuda; y refinanciación por la vía de los bancos centrales para evitar crisis de liquidez y de reserva de divisas.

El representante del FMI describió un nuevo fondo fiduciario destinado a atender la crisis, pero advirtió que los recursos son escasos y la crisis se prevé muy larga. Ninguna mención o compromiso con respecto a la congelación del servicio de la deuda para orientarlo a gasto sanitario y protección. Referencias vagas a la posibilidad de que economías como China intenten modelos más verdes de crecimiento en la nueva etapa.

5. No esperen un milagro científico y actúen en consecuencia. Las vacunas llegarán, pero no antes de 12-18 meses. Incluso con una involucración activa de sectores público y privado, la ruptura del confinamiento deberá ser progresiva y basada en principios básicos de precaución y equidad. La crisis ofrece lecciones fundamentales acerca de la importancia de la cobertura universal de salud y de los mecanismos cooperativos como respuesta a las siguientes fases de la crisis. Las innovaciones médicas y científicas deben estar abiertas para facilitar que sean replicadas y llevadas a escala, también en los países pobres. La imprescindible introducción de mecanismos tecnológicos de seguimiento individual y comunitario debe estar condicionada para garantizar libertades fundamentales y evitar abusos.

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