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Olga Barroso, psicóloga: “Las mujeres tenemos que buscar otro enamoramiento que no sea la pareja. Los hombres lo hacen todo el rato”

En ‘Rupturas. Relaciones entre hombres y mujeres en el patriarcado’ la autora reflexiona acerca de qué significa amar cuando se ha aprendido a hacerlo bajo normas desiguales

La psicóloga Olga Barroso.Cortesía de Shackleton books

“El machismo tiene las mismas propiedades que los plásticos hechos de polímeros sintéticos, ambos tardan mucho en degradarse completamente, permanecen por cientos de años”, escribe Olga Barroso en Rupturas. Relaciones entre hombres y mujeres en el patriarcado (Shackleton books, 2026). La psicóloga especializada en la atención a mujeres supervivientes del maltrato en la pareja examina la manera en la que las huellas del patriarcado influyen en la forma en que hombres y mujeres se relacionan en pareja.

Desde una mirada feminista, el libro plantea una pregunta de fondo: ¿qué significa amar cuando hemos aprendido a hacerlo bajo normas desiguales? En ese recorrido, también señala uno de los grandes retos contemporáneos: la dificultad de muchos hombres para comprometerse emocionalmente desde la honestidad, la responsabilidad afectiva y la vulnerabilidad. Barroso examina cómo el sistema patriarcal establece reglas desiguales en el terreno afectivo que colocan a las mujeres en una posición de desventaja. Como consecuencia, muchas relaciones no les resultan plenamente satisfactorias y se ven obligadas a invertir energía extra en señalar esa desigualdad y reclamar un trato más justo. “Estamos agotadas de sostener relaciones con personas que no saben querer”, escribe en el prólogo Isabel Calderón. “Estamos agotadas de inventarnos relaciones en la cabeza que no son reales, por el mero hecho de aguantar porque estamos enamoradas y pensar que es transitorio, que todo puede cambiar por nuestro amor incondicional”, añade.

Pregunta: Algunos hombres dicen que por culpa del feminismo, tener pareja es harto complicado.

No se puede tener una relación de pareja en la que esté establecido que quien tiene siempre un poquito más es el hombre. Se da por hecha que una relación es aquella en la que es la mujer la que ha de comprender al hombre, quien trabaja por el vínculo y la que aporta más cuidados. Si queremos una relación en la que los hombres salgan ganando bajo el argumento de que lo natural es que las mujeres se responsabilicen de los cuidados, y por si fuera poco, les guste… Entonces no podemos tener una pareja. Por supuesto que no.

Respuesta: ¿Cómo organiza el patriarcado nuestro deseo?

Hombres y mujeres recibimos desde que nacemos una socialización diferente. Nuestra cultura no considera que niños y niñas sean iguales y no nos relacionamos igual con unos que con otros. A los varones les decimos que son fuertes y valientes; a las niñas, que son sensibles y cuidadoras. A cada uno le acaba gustando, por lo general, hacer lo que les hemos dicho que esperamos de ellos. Si ellos han recibido una socialización extremadamente machista, se les enseña que su realización implica evitar estar creando y cuidando un vínculo afectivo. Lo que se les enseña que es para ellos es lo que les apetecerá. Lo adecuado sería tener un equilibrio entre la independencia y la interdependencia que subraye que tener un proyecto compartido no implica una renuncia a la libertad individual.

P: Y aquí es cuando conviene recordar que el patriarcado, al imponer un reparto del poder desigual, imposibilita la existencia de relaciones amorosas de calidad.

En el momento en el que establecemos que lo adecuado en las relaciones es que las mujeres sean las que dan más y quienes están pendientes del vínculo, terminamos por establecer ese orden y esa estructura en las relaciones. Los hombres van a esperar que eso sea lo que tienen que recibir y que ellos no tienen por ello que darlo. Desde esa organización patriarcal, se establecen unas normas injustas para las mujeres, porque se entiende que lo correcto es que ellas den más y tengan menos.

R: ¿Cómo puede el machismo extremo llegar a impedir el amor?

El machismo extremo va a defender que las mujeres son diferentes a los hombres y que en esa diferencia, son inferiores. Si yo como hombre considero que la mujer es un ser de una categoría inferior, ¿cómo me va a traer y cómo voy a admirarla? En el amor la admiración es un elemento esencial, y en esta dinámica, esa admiración se imposibilita. La igualdad es un requisito para que exista el amor.

P: Si la pareja ha de ser concebida como un objeto de deseo, ¿es posible desear a un hombre al que se materna o con el que el mankeeping imposibilita el deseo?

R: Una mujer no desea a su hijo. Los hombres tienen que tener un funcionamiento emocional maduro. En el momento en el que no sean capaces de gestionar por sí mismos sus propias emociones, se supone que es la mujer la que tiene que cuidarle y al hacerlo, ha de suplir algo que él no sabe hacer. Esto conlleva de nuevo un comportamiento maternal que extingue cualquier deseo.

P: Pero no ha de ser fácil renunciar a los privilegios. ¿Cómo hacer que el hombre desee la igualdad cuando implica despojarse de ellos?

R: Hay muchas vías. La más radical sería que todas, de alguna manera, nos negáramos a tener pareja, aunque tuviéramos puntualmente un amante. Entonces verían que no les queda otra y se esforzarían por mejorar. Se puede cambiar de una manera extrínseca o intrínseca. Lo extrínseco implica no tener una motivación interna para hacer algo pero al tener una consecuencia tan externa, dura y grave, no le quedará otra. Luego está la parte más profunda, que implica que haya una motivación interna. Para esto es importante que ayudemos a los hombres a tomar conciencia de lo injusta que es esta situación. Debería llegar ese momento en el que ellos hicieran esa reflexión que les haga ver que tienen que devolver lo que han usurpado. Pero me temo que para eso, todavía queda mucho…

P: ¿Cree que es casualidad que los hombres que recurren a muñecas sexuales con IA prefieran que la personalidad de tales muñecas sea dócil y sumisa?

R: Tiene sentido, porque ellos definen que la norma en la relación es que ellos puedan hacer lo que quieran, siendo esa su definición de lo que es normal. Como no encuentran ese comportamiento ni esa actitud en las mujeres, lo buscan y como es lógico, no es algo que se dé de manera natural. Y si no existe la manera natural es porque no lo es. Por eso han de recurrir a algo artificial que se ha construido como su deseo, es decir, de una manera artificial e injusta. Pero ese funcionamiento actual pasa factura y no van a tener una salud mental decente. Si la única vía que les queda es esa, relacionarse con objetos, entonces, ¿supone que somos nosotras también objetos?

P: Señala que la anomalía, y no la norma, es tener un novio que realmente sea respetuoso y que tenga una cultura emocional feminista y evolucionada.

R:Absolutamente, porque todavía a nivel global y a nivel general lo que impera no es eso. Lamentablemente, lo que debería ser normal se ha convertido estadísticamente en lo que no es frecuente.

P: ¿Cómo pueden los hombres desarrollarse emocionalmente?

R: Como ocurre con otras capacidades emocionales o cognitivas, todo requiere práctica. Te aprendes a aburrir aburriéndote, aprendes a vivir las emociones emocionándote y aprendes a cuidar cuidando. Si seguimos sin incluir a los hombres desde que son niños en ese registro, no lo van a desarrollar. Es una cuestión de estimulación. Y no somos conscientes de hasta qué punto no invitamos y no ponemos a los niños en esos comportamientos ni de cuánto se les castiga. Desde pequeños los niños no se atreven o se les permite tener ese registro más sensible porque cuando lo tienen, automáticamente sale el rayo censor y se les dice que son ‘mariquitas’, ‘débiles’, ‘nenazas’… Eso sigue estando ahí.

P: ¿Necesitamos más cultura amorosa?

R: Hay que hablar más. Lo afectivo y sexual es algo que tenemos que hablar y tener presente en las conversaciones, independientemente del género.

P: Cuando habla de su primer no-novio después de los ligues de las dating apps, explica que cuando lo que creía que había sido su vida con él durante esos meses y lo que pensaba que iba a ser, se acaba desmoronando. ¿Puede ser que lo habitual sea que ellos midan el tiempo, el momento en el que una relación va a más?

R: Totalmente. Es parte también de la cultura amorosa. Creo que nosotras nos tenemos que aventurar a tener muchísimas relaciones y a aprobar muchísimos registros dentro de esas relaciones. Y ahí hay otro de los estupendos castigos sociales. Si a las mujeres nos dicen que si tenemos muchas relaciones somos unas putas, ¿que cultura amorosa vamos a tener? Y si nos están diciendo que solo es lícito que tengamos una relación, se nos está impidiendo que tengamos el derecho a probar relaciones que no tengan por qué reunir esas condiciones. Nos conduce a la idea de que si queremos disfrutar del amor tenemos que pasar por esa fórmula de entrega. Eso supone que nos vamos a autoconvencer de que ese hombre nos gusta o nos enamora porque de lo contrario, estamos haciendo algo sucio. Es tremendamente limitante para las mujeres y es una especie de manipulación emocional que nos hacemos a nosotras mismas. Creo que ahí es importante que nos demos autoridad, que nos digamos que no estamos haciendo nada inadecuado y que no nos tenemos convencer a nosotras mismas de que nos hemos enamorado de este señor para poder tener una experiencia, sea del tipo que sea.

P: A ellos les da miedo mostrar emociones pero, ¿acaso no nos aterra a muchas hacerlo por si se alejan?

Absolutamente. Ahí entra en juego la autonomía emocional. Yo puedo perder ese miedo si también tengo claro que puedo expresar mi emoción sin que eso quiera decir que vaya a dejar de gravitar alrededor de mí misma. Si te estoy diciendo que tengo una serie de emociones, aunque yo tenga también mi autonomía emocional, y tú te asustas, ¿qué tipo de manejo emocional tienes? Si perdemos ese miedo podemos tener una herramienta para cribar.

P: ¿Realmente es posible dejar de fijar la atención tanto en las relaciones?

R: Ellos tienen que aprender practicando ciertas cosas y creo que nosotras también tenemos que tener derecho a aprender practicando la independencia y la autonomía emocional, porque nos han metido hasta la médula que realmente eso es lo que más satisfacción nos va a dar. Luego hay otra parte que tiene que ver con el enamoramiento: te enamoras y te obsesionas porque el cerebro está diseñado para eso. Otra cosa es que un componente de esa obsesión sea todo el legado patriarcal. Necesitamos ese tiempo para practicar poder vivir el amor sin esa obsesión. No lo vamos a aprender de la noche a la mañana y no lo vamos a aprender tampoco porque seamos feministas: hay que practicarlo y vivir el enamoramiento desde esa autonomía.

P: Y en esa autonomía, recordar la importancia de buscar cosas apasionantes al margen de las relaciones…

R: Es fundamental. Y eso también hay que practicarlo y buscar dónde encontrar otro enamoramiento que no sea solo de una pareja. Los hombres lo hacen y lo practican todo el rato. Tenemos que hacerlo nosotras también.

P: Escribe algo esencial: “Estar sin pareja no es estar en soledad, es precisamente no estar sola. Es tener una relación afectiva con la libertad y con una misma”.

R: Todas tenemos una personita que habita dentro a la que le apetecen cosas. Hay determinadas cuestiones que le dan placer y entusiasmo. Cuando lo descubres y te proporcionas todas esas actividades, esas personas, esos lugares que te hacen sentir esto, harán que realmente logres tener un bienestar. Y para cuidar de esa personita hay que tener una relación contigo misma. Pero de nuevo, si a las mujeres se nos pone tanto la mirada en estar para otro, se nos impide que generamos pericia en descubrir esa persona que tenemos dentro y disfrutar de tener una relación con ella. Los hombres están encantados de conocerse y nosotras también tenemos cosas que conocer. Cuando tú estás sola, están las condiciones que permiten que te preguntes qué es lo que deseas.

P: Asegura que redefinimos las relaciones a golpe de rupturas. ¿Hay forma de hacerlo sin llegar a romper o para redefinir hay que hacer borrón y cuenta nueva?

R: Hay un golpe de ruptura de lo que te gusta. No tienes por qué romper la relación, pero tú puedes romper las normas del juego. Hablando con un amigo que lleva muchos grupos de poliamor en Madrid, me contaba que a veces se encuentra con mujeres que le explican que se topan con una cuestión emocional que es completamente insatisfactoria. Comentan a sus parejas que no les están preguntando qué es lo importante para ellas, que no se implican en interesarse por lo que es importante para ellas, que no les dan un ‘cariñito’ y que por todo eso la relación es insatisfactoria. Les comentan entonces que si no son capaces de darles eso, que es algo que ellas necesitan para estar bien, entonces lo oportuno es que ellas lo busquen en otro lado. Mi amigo me comenta que a veces, los señoros les dicen que lo busquen fuera. Aunque otros hacen el esfuerzo por cambiar su comportamiento. Lo interesante es pensar en esas normas injustas y en romperlas.

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