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‘Her’, ‘Joker’, ‘Gladiator’, ‘Two lovers’... Todas las películas de Joaquin Phoenix, de la peor a la mejor

Esta noche, el actor puede conseguir su primer Oscar por 'Joker'. Sería un premio a una carrera que comprende una treintena de películas en las que se ha ganado el apelativo de "actor más perturbador de su generación". Pero no todo han sido triunfos

Joaquin Phoenix Oscars
En 25 años Joaquin Phoenix ha rodado 30 películas. Las hay buenas, malas y magistrales, pero (casi) ninguna es predecible.

Tras abandonar la secta Hijos de Dios, el matrimonio Bottom se cambió el nombre a Phoenix para simbolizar su renacer e inscribieron a sus cinco hijos en una agencia de actores infantiles. Joaquin (San Juan, Puerto Rico, 1974) también se puso un nombre artístico, Leaf (“hoja”) porque se sentía excluido de la temática hippie de sus hermanos (River, Summer, Rain, Liberty) y apareció en cuatro películas con ese nombre. Son filmes irrelevantes de sus inicios con pequeños papeles que no hemos incluido en esta lista. 

Pero en 1989, a los 15 años, perdió interés en la interpretación. Hasta que el más famoso de sus hermanos, River, llegó un día a casa con el vídeo de la película Toro salvaje, se la puso a Joaquin dos veces y le dijo: “Vas a volver a actuar”. El resto es historia (negra) de Hollywood: River Phoenix fallecería de una sobredosis en 1993, un Joaquin de 19 años fue quien llamó a la policía y el audio se acabó filtrando a la prensa traumatizándolo de por vida.

Un año después, Joaquin Phoenix regresó al cine para hacer honor a la orden de su hermano y desde entonces ha rodado 30 películas que le han forjado como uno de los mejores actores de su generación. Ha sido nominado cuatro veces al Oscar (por Gladiator, En la cuerda floja, The Master y Joker), pero todavía no lo ha ganado. Quizá este año con por Joker.

Dentro de la filmografía de Phoenix hay películas buenas, malas y magistrales, pero (casi) ninguna es predecible. Este es el ranking de su filmografía, de la peor a la mejor...

Cartel del falso documental 'I'm Still Here' que Joaquin Phoenix protagonizó en 2010.
Cartel del falso documental 'I'm Still Here' que Joaquin Phoenix protagonizó en 2010.

La peor: 30. 'I'm still here' (Casey Affleck, 2010)

En 2008, Joaquin Phoenix aseguró que se retiraba del cine para iniciar una carrera como rapero, con gafas de sol, pelo enmarañado y barba descontrolada. Todo el mundo se rio de él y se olvidó del asunto hasta que dos años después resultó que había sido una gamberrada para el falso documental I'm still here, dirigido por su entonces cuñado Casey Affleck (casado con su hermana, Summer Phoenix, aunque ya separados). La broma de I'm still here carece del discurso, el humor o el sentido del entretenimiento de experimentos similares como Borat, This is Spinal Tap o Popstar y se limita a encadenar momentos de Phoenix siendo una persona horrible contra gente que no estaba dentro de la broma: no es una sátira, es una crueldad.

Es el chiste entre colegas más largo jamás contado. Phoenix contrata a dos prostitutas (y se le ve manteniendo relaciones con una de ellas), insulta a los asistentes de sus conciertos llegando a agredir a varios de ellos y humilla a periodistas que estaban haciendo su trabajo entrevistándolo y preguntándole si su retirada era un montaje para un falso documental. Si I'm still here sirve para algo es para comprobar hasta qué punto la gente está dispuesta a bailarle el agua a los famosos, pero la única moraleja que se puede extraer es que los tipos como Joaquin Phoenix pueden hacer lo que les dé la gana y el mundo les seguirá dando oportunidades.

Phoenix asegura que la experiencia fue una humillación pública que se le fue de las manos, pero le ayudó a crecer como actor al aprender a arriesgar sin miedo en su construcción de personajes. Al menos a él sí le sirvió de algo, pero estuvo a punto de costarle la carrera: Phoenix empezó a sospechar que todo había sido mala idea cuando la proyectaron en el festival de Venecia y, de entre los mil espectadores, las únicas dos personas que se reían eran Affleck y él.

29. 'El secreto de los Abbott' (Pat O'Connor, 1997)

Unos meses antes de que Pleasantville, El show de Truman o La tormenta de hielo dinamitasen los cimientos del american way of life, este melodrama romántico retrató la clase media de los 50 sin ironía, sin dobles sentidos y sin posmodernismo que valga. Parece rodada en los 50 de verdad. Es el tipo de película en el que alguien dice: “Nací en el lado equivocado de las vías del tren”. Su único hito en la filmografía de Phoenix es que marca el inicio de su tortuosa relación con la gomina: cuanta más lleve más encorsetado se sentirá en el personaje

28. 'Regreso al paraíso' (Joseph Ruben, 1998)

De entre todas las películas del subgénero “joven americano insensato se va de vacaciones, hace una travesura y acaba en una cárcel infrahumana”, esta es la más aburrida. No ayuda que sus dos protagonistas, Vince Vaughn y Anne Heche, estuvieran más pendientes de hacerse famosos que de ponerse al servicio de la historia y ni siquiera su trágico conflicto (Phoenix está condenado a la pena de muerte por posesión de marihuana pero, si sus dos amigos confiesan, las tres condenas quedarían reducidas a diez años) tiene calado emocional porque este es el tipo de película que mete una historia de amor en medio de un juicio. Cosas de los 90. Phoenix es lo único memorable y encuentra uno de los pocos momentos de paz en su filmografía, cuando explica que el eco de su celda hace que sus oraciones suenen más hermosas.

Cuando rodó 'Demasiado profundo', el cine aún no le había dado a Phoenix la oportunidad de demostrar al mundo lo convincente que es interpretando al malo de la película.
Cuando rodó 'Demasiado profundo', el cine aún no le había dado a Phoenix la oportunidad de demostrar al mundo lo convincente que es interpretando al malo de la película. Foto: Alamy

27. 'Demasiado profundo' (David Dobkin, 1998)

Un desgraciado se suicida cuando descubre que su mujer está teniendo una aventura con su mejor amigo (Joaquin Phoenix), así que el mejor amigo se siente tan culpable que decide romper la relación con la viuda. Se nota que Phoenix todavía no había mostrado sus cartas como actor, porque le dieron el papel protagonista cuando habría sido mucho más disfrutable (para él y para el público) que interpretase al asesino en serie que, con toda su buena intención, mata a la mujer para quitarle el marrón de encima al protagonista. Por desgracia ese asesino, absolutamente desconectado de la realidad como los mejores personajes de Phoenix, está interpretado por Vince Vaughn.

26. María Magdalena (Garth Davis, 2018)

Cabría esperar más truculencia y menos tópicos de una película con Joaquin Phoenix como Jesucristo, pero él mismo ha reconocido que solo aceptó el papel porque buscaba un personaje con significado y porque Rooney Mara le caía genial (se enamoraron durante el rodaje y siguen juntos). Lo único memorable de esta película es la fotografía del rodaje en la que Phoenix está ensangrentado y crucificado mientras a los pies de la cruz Mara apura un cigarrillo.

25. 'Todo es por amor' (Thomas Vinterberg, 2003)

El director, Thomas Vinterberg (cofundador del movimiento Dogma junto a Lars Von Trier), tiene obras tan subversivas como Celebración, La caza o Lejos del mundanal ruido. Pero este romance posapocalíptico entre una pareja a punto de divorciarse (Phoenix y Claire Danes, quien se dice que se puso a llorar cuando vio la película de lo mala que era) que decide darse una nueva oportunidad ante la amenaza de un colapso cósmico en 2021 fue ridiculizada en el festival de Sundance y todo su reparto renegó de ella. Lo malo de la ciencia-ficción romántica es que el choque entre dos conceptos tan dispares como existencialismo y amor (en un momento dado, clonan a Danes y Phoenix tiene la misma poca química con ese clon que con la original) puede generar risas nerviosas entre el público. Y si no que se lo digan a Christopher Nolan e Interstellar. Pero por suerte nadie vio Todo es por amor. Y lo más parecido a un colapso cósmico que va a pasar en la década de los (dos mil) 20 es que Joaquin Phoenix gane un Oscar por una película, Joker, basada en un cómic. Eso sí que nadie lo habría visto venir en 2003.

24. 'La otra cara del crimen' (James Gray, 2000)

Antes de erigirse como la estrella favorita de los votantes de Trump, Mark Wahlberg mostró inquietudes artísticas como en este drama negro que marca el inicio de la colaboración de Phoenix con su director fetiche, James Gray. Ambos se han ido moldeando mutuamente y aquí ya aparece el germen de su simbiosis: tipos que saben que nunca van a dejar de ser perdedores (como manda la tradición de todo buen noir), traumas del pasado sobre los que nadie habla pero que resuenan a gritos en cada diálogo, y personajes como el de Phoenix, que no quiere caerte bien porque no le serviría de nada y tampoco sabría cómo hacerlo. Su última escena con su novia, Charlize Theron, genera una violencia silenciosa que después se convertiría en la imagen de marca de Phoenix.

Woody Allen y Joaquin Phoenix durante el rodaje de 'Irrational man', película en la que el actor interpreta a un profesor universitario en horas bajas.
Woody Allen y Joaquin Phoenix durante el rodaje de 'Irrational man', película en la que el actor interpreta a un profesor universitario en horas bajas. Foto: Alamy

23. 'Irrational Man' (Woody Allen, 2014)

Quizá lo más cerca que ha estado Woody Allen de parodiarse a sí mismo: jovencitas bobas enamoradas de señores intelectuales, mujeres que empiezan adorables y acaban histéricas y hombres impotentes que culpan a todos los demás de su fracaso. Y Phoenix tiene muchos talentos, pero ser gracioso no es uno de ellos.

22. 'Un cruce en el destino' (Terry George, 2007)

Esta podría haber sido la película de venganza de Joaquin Phoenix que todo actor de carácter debe tener en su filmografía, pero se queda en un drama de sobremesa que exige demasiados saltos de fe al espectador para lo monótona que es. Un niño fallece atropellado y su padre (Phoenix) acaba contratando como abogado al conductor que se dio a la fuga. Nadie quiere ver a Phoenix haciendo de hombre normal, para eso ya hay muchos otros actores, pero lo único que explica que él aceptase el papel es que en la década pasada se hacía poco cine con personajes a la altura de su complejidad. Y había que pagar el alquiler.

21. 'La noche es nuestra' (James Gray, 2007)

Este melodrama criminal se beneficia de la cualidad de Phoenix para expresar con su cara un choque de pensamientos contradictorios (a veces dos, a veces más) y aquí su personaje se enfrenta a su sentido del deber para con su familia, su búsqueda de la felicidad y la necesidad de proteger su propia vida y la de su novia. La noche es nuestra es un ejemplo de cómo algunos guiones de James Grey tienen la trama de una comedia de enredo (mafiosos rusos, policías ineptos, malentendidos delirantes), pero dialogada por un tipo al borde del suicidio. Si el enredo no se va de madre es gracias, siempre, a que Joaquin Phoenix no se altera ante cada nuevo giro chiripitifláutico ni intenta explotarlos para su lucimiento: sus personajes nunca saben que están en una película. Por eso no ha terminado de cuajar como estrella de verdad, ni falta que le ha hecho.

Claire Danes, Joaquin Phoenix y Sean Penn en 'U-Turn, giro al infierno'.
Claire Danes, Joaquin Phoenix y Sean Penn en 'U-Turn, giro al infierno'. Foto: Alamy

20. 'U-Turn, giro al infierno' (Oliver Stone, 1997)

Ninguna película ha reunido tantos actores de estómago, de los que actúan como si fuesen a vomitar sus frases, como U-Turn: Phoenix, Sean Penn, Nick Nolte, Jon Voight... El problema es que ninguno estaba en el momento adecuado para que la colisión explotase. Penn aún quería ser una estrella, Nolte seguía traumatizado por haber sido nombrado “el hombre más sexy” según la revista People cinco años antes, Voight se había hecho el peor lifting de los 90, y Phoenix parecía pedir disculpas por trabajar. Ni siquiera Jennifer Lopez, la chica de la peli, era J-Lo todavía. Pero se adivina la furia de Joaquin en detalles como la modulación de su voz (irreconocible), las iniciales del nombre de su personaje afeitadas en su coronilla (“TNT, porque cuando me cabreo soy como dinamita”, porque Oliver Stone siempre explica sus metáforas) o su escena cumbre achantando a Penn (y eso no lo consigue cualquiera) mientras de fondo suena, precisamente, Ring of fire, de Johnny Cash.

19. 'No te preocupes, no llegará lejos a pie' (Gus Van Sant, 2018)

Este biopic del dibujante de viñetas de humor John Callahan no huye del sentimentalismo del subgénero de artistas con discapacidades (Callahan está paralítico), porque se centra en el poder del arte, del humor y de los amigos para recuperarse de las mayores tragedias. El protagonista transmite amargura cuando cuenta chistes y comedia cuando cuenta desgracias. Así es cómo él ve el mundo y así consigue transmitirlo la película.

18. 'Hotel Ruanda' (Terry George, 2004)

Este es uno de esos dramas de Hollywood que insiste en manipular emocionalmente al espectador como si su trama (un hotelero acoge, y salva, a mil personas durante el genocidio de 1994 que asesinó a entre 500.000 y un millón de ruandeses) no fuese ya suficientemente devastadora. Una película con buenas intenciones concebida para limpiar la conciencia de Hollywood y que nominen a sus protagonistas, Don Cheadle y Sophie Okonedo, a todos los premios. Phoenix sabe que su rol es el de acompañar al espectador y limitarse a ser un testigo más de la barbarie del gobierno y el coraje del dueño del hotel. Es exactamente la película que parece. Ni más, ni menos.

Joaquin Phoenix se convierte en un espectador más del genocidio ruandés en la película 'Hotel Ruanda'.
Joaquin Phoenix se convierte en un espectador más del genocidio ruandés en la película 'Hotel Ruanda'. Foto: Alamy

17. 'Brigada 49' (Jay Russell, 2004)

Una rareza en la trayectoria de Phoenix, al tratarse de un drama comercial convencional. Es un homenaje al coraje de los bomberos (tres años después del 11-S) hasta el punto de beatificarlos y negarles su condición de seres humanos reales: no son personas ni personajes, son plegarias atendidas. Phoenix interpreta a un bombero que está atrapado en un incendio mientras su compañero (John Travolta) no se rinde y lucha por sacarlo con vida exclamando, por supuesto, frases como: “¡No pienso dejarte atrás!”. Phoenix ve pasar su vida ante sus ojos pero no como una sucesión de imágenes, sino como un relato sobre qué lleva a un hombre a decidir dedicar su vida a jugársela por los demás. Una de esas películas que parecen mejor si la ves un domingo por la tarde que cualquier otro día de la semana.

16. 'Buffalo soldiers' (Gregor Jordan, 2001)

Esta comedia cáustica, sobre un soldado en la Alemania de 1989 (meses antes de la caída del muro de Berlín) que no tiene ningún respeto por las reglas pero se aprovecha de los patriotas fanáticos que las siguen a rajatabla, acabó hundida cuando la gente empezó a acusarla de antiamericana. Se iba a estrenar justo después de los atentados del 11 de septiembre, pero su retrato de los militares (volátiles, descerebrados, corruptos) fue considerado poco patriótico y acabó estrenándose dos años después por la puerta de atrás. Incluso una señora le tiró una botella de agua a una de las actrices de la película, Anna Paquin, durante una rueda de prensa. Fue el primer papel protagonista de Joaquin Phoenix, pero es como si no hubiera existido. Merece la pena recuperarla, tiene mucha mala leche, pero sin caer en la crueldad.

15. 'Asesinato en 8 milímetros' (Joel Schumacher, 1999)

Cuando el héroe es Nicolas Cage (un investigador privado que descubre una red de tráfico de vídeos snuff), hace falta alguien muy oscuro para hacer de contrapunto (otra vez) oscuro. Ahí es donde entra Joaquin Phoenix. Aquí tuvo el nombre más trepidante de toda su carrera, Max California, y no hace gran cosa excepto servir como puente narrativo entre el detective y el submundo del porno y tomar decisiones espantosas como meterse en una guarida de mafiosos o teñirse el pelo de azul. Escrita por el guionista de Seven, este thriller es el tipo de americanada en la que el protagonista va a un sótano donde se venden vídeos porno y todos están clasificados por carteles como si fueran departamentos de un gran almacén (“sado-maso”, “niños”, “mucho más allá”). Merece la pena porque es entretenida y porque es una de las películas peor interpretadas del Hollywood reciente. De no dar crédito.

14. 'El sueño de Ellis' (James Grey, 2013)

Esta fábula sobre la inmigración y sobre los pobres desgraciados que sacrificaron su vida para que Estados Unidos prosperase a su costa se beneficia de la capacidad de Marion Cotillard para transmitir vergüenza y desamparo sin perder su dignidad. El villano (Phoenix) arrastra a una inmigrante polaca a la prostitución mientras se enamora de ella. Phoenix consigue anclar la casi esquizofrénica actitud de su personaje entre la compasión y la crueldad, entre el cariño y el individualismo. Como Estados Unidos con sus ciudadanos, vaya.

Phoenix interpreta al detective privado Doc Sportello en 'Puro vicio', la adaptación cinematográfica de la novela de Thomas Pynchon.
Phoenix interpreta al detective privado Doc Sportello en 'Puro vicio', la adaptación cinematográfica de la novela de Thomas Pynchon. Foto: Alamy

13. 'Puro vicio' (Paul Thomas Anderson, 2014)

Aunque se considere la obra menor de la filmografía del director Paul Thomas Anderson, esta adaptación de la novela de Thomas Pynchon tiene buen pulso a la hora de recrear los colores del Los Ángeles de los 70, la parsimonia despreocupada del ritmo de vida de sus habitantes y la pérdida de inocencia de su sociedad. Ahí es donde entra Phoenix, interpretando al detective privado Doc Sportello (el segundo nombre más cool de su carrera) que sin darse cuenta camina por las calles de la ciudad como el último hippie que queda vivo. Puede que las emociones de la película no estén en los diálogos, pero la deliberada ausencia de nostalgia hacia esa época es una de las decisiones más tristes que el director ha tomado en toda su trayectoria.

12. 'Los hermanos Sister' (Jacques Audiard, 2018)

Este western sobre dos hermanos (interpretados por Phoenix y John C. Reilly) forajidos, asesinos a sueldo y buscadores de oro encuentra su corazón en la relación fraternal: el cansancio de verse las caras todos los días, el placer de la higiene dental o las constantes conversaciones en direcciones distintas (“nunca habíamos llegado tan lejos”, “¿emocionalmente?”, “no, a caballo en línea recta”). Tiene además hallazgos como la definición de la gran ciudad (“en San Francisco puedes matar a quien quieras, todo el mundo va a lo suyo”) o la concepción del trauma como algo que no se deja atrás por mucho que se cabalgue, porque se queda contigo como un cordón desatado durante el resto de tu vida. La película es una reflexión sobre cómo convivir con ese cordón.

En 'Quills', el actor da vida a un cura católico que lucha por mejorar las condiciones de los manicomios franceses. En la imagen, con Michael Caine.
En 'Quills', el actor da vida a un cura católico que lucha por mejorar las condiciones de los manicomios franceses. En la imagen, con Michael Caine. Foto: Alamy

11. 'Quills' (Philip Kaufman, 2000)

Resulta curioso que Phoenix interpretase uno de sus pocos personajes ampliamente benevolentes en un drama siniestro sobre el Marqués de Sade. Coulmier (al que da vida Phoenix), el cura católico reformista que mejoraría las condiciones de los manicomios franceses, es tan humilde como el trabajo de Phoenix: sabe que la película solo saldrá adelante si Geoffrey Rush (Sade) tiene espacio de sobra para desplegar su barroca naturaleza en esa minúscula celda. La película no se conforma con ser un biopic mecánico y se adentra en un erotismo gore, una vulgaridad al servicio del arte y un empeño en que el espectador nunca sepa cuándo excitarse y cuándo revolverse del asco. El marqués estaría orgulloso.

10. 'En la cuerda floja' (James Mangold, 2005)

A menudo se dice que los biopics convencionales solo valen la pena por el trabajo de sus actores, aunque sería más preciso señalar que los biopics dependen por completo del trabajo de sus actores. Y En la cuerda floja voló por encima de su guion gracias a Phoenix y Reese Witherspoon: Johnny Cash parece una criatura más humana, más compasiva y más diga de ser amada por cómo le mira June Carter. En vez de caer en la imitación, Phoenix apuesta por evocar lo que Cash hacía sentir al público. El sudor, los músculos tensados y la inexplicable pero innegable carga sexual de sus actuaciones no justifican el egoísmo del hombre detrás del genio, pero sí explican por qué tanta gente prefirió amarlo incondicionalmente en vez de reprocharle sus defectos. Esta es una película que no cree que el amor, el country y los peinados ahuecados sean cursis, sino que los considera la única forma de salir adelante en la vida.

9. 'Todo por un sueño' (Gus Van Sant, 1995)

Joaquin regresó al cine, ya con su nombre real, para cumplir los deseos de su hermano y precisamente lo hizo con el director que había convertido a River Phoenix en un mito en Mi Idaho privado en 1991. Todo por un sueño es una comedia negra sobre una ama de casa empeñada en salir por televisión. Una obra adelantada a su tiempo a varios niveles: satirizó la obsesión de la sociedad con la fama, desveló a Nicole Kidman como la estrella con menos miedo de todo Hollywood y explotó esa presencia incómoda que Joaquin ya tenía a los 20 años. Un tipo que, por diferentes motivos, nunca parece estar a gusto en su propia piel. Ni entiende qué hace ahí. Ni sabe qué espera la gente de él. Pero sigue buscando la (o algún tipo de) felicidad.

Nicole Kidman interpreta a una mujer obsesionada con salir en la televisión en 'Todo por un sueño'. Y para lograrlo no duda en manipular a un jovencísimo Joaquin Phoenix.
Nicole Kidman interpreta a una mujer obsesionada con salir en la televisión en 'Todo por un sueño'. Y para lograrlo no duda en manipular a un jovencísimo Joaquin Phoenix. Foto: Alamy

8. 'En realidad, nunca estuviste aquí' (Lynne Ramsay, 2017)

Una espiral de venganza perpetrada por un hombre roto en tantos pedazos que no va a perder el tiempo en intentar recomponerlos. La directora juega con nuestro propio deseo de ver violencia (en algunos planos la censura, en otros se regodea en ella) y contó que Phoenix le dio tantos rangos de emoción, reacción y acción que podría editar otras siete películas distintas con el metraje que se quedó fuera. El actor contó que la directora, Lynne Ramsay, le envió una grabación con el sonido de fuegos artificiales para explicarle lo que estaba escuchando su personaje en su cabeza y, a partir de ahí, creó a la criatura asesina.

7. 'Señales' (M. Night Shyamalan, 2002)

La alianza entre Phoenix y Shyamalan es lógica: ambos utilizan el cine comercial para explorar traumas que a la mayoría de los espectadores les resultan inconcebibles, insoportables o demasiado cruentos para comentar en voz alta. Señales abraza el terror de serie B y su paranoia rural mientras reflexiona sobre la pérdida de fe de un cura con la improbable cara de Mel Gibson. Lo que eleva la película es que, como suele suceder tanto en el cine de Shyamalan como en el de Phoenix, los terrores nocturnos y las enfermedades mentales reptan por debajo de la piel del espectador mientras la película le da los sustos y las emociones fuertes que ha venido a ver con un cubo de palomitas. La aparición de un alienígena en una fiesta de cumpleaños brasileña es una obra maestra de la planificación, precisamente porque su puesta en escena parece sencilla (pero no lo es). Y Phoenix consigue una vez más que la mayor chifladura (ponerse conos de papel albal en la cabeza) tenga una lógica aplastante solo porque él no se la cuestiona.

6. 'Two lovers' (James Gray, 2008)

Un personaje que empieza la película intentando suicidarse hace que Joaquin Phoenix se sienta en casa. Two lovers es contemplativa, silenciosa y a ratos inerte (resulta fría y poco apasionada para tratarse de un triángulo amoroso) y Phoenix aporta las emociones que no están en el guion al construir un hombre completamente desconectado de los códigos sociales (su especialidad como actor) que alberga muchos deseos, pero que desea por los motivos equivocados. Es un acosador, un egoísta y un amoral con sus dos novias, pero la grandeza de la película radica en que ni él es consciente de todo esto ni las personas que le rodean se explican qué le ocurre. Habrá quien opine que es de esas en las que “no pasa nada”, pero se trata de un melodrama atrevido porque no juzga la psicología de su protagonista: prefiere expresar, sin aspavientos ni dramatismos, cómo esa psicología es incompatible con la sociedad. Y por eso ha intentado suicidarse, porque literalmente no sabe cómo vivir. ¿Que no pasa nada? Vuelvan a verla.

Joaquin Phoenix en 'El bosque', de M. Night Shyamalan, donde interpreta a un personaje demasiado curioso y del que la protagonista está enamorada.
Joaquin Phoenix en 'El bosque', de M. Night Shyamalan, donde interpreta a un personaje demasiado curioso y del que la protagonista está enamorada. Foto: Alamy

5. 'El bosque' (M. Night Shyamalan, 2004)

La gente fue a verla por el tráiler engañoso que prometía una película de terror con sustos y final sorpresa, pero se encontró con una la radiografía de las sociedades fanáticas, el miedo al progreso y la paranoia colectiva. Y no pudieron olvidarla por esa banda sonora sacada de un sueño, esa fotografía mágica y ese plano de la mano de la protagonista ciega (Bryce Dallas Howard) extendiendo su brazo convencida de que su enamorado (Phoenix) aparecerá para salvarla. Y el espectador también sabe que aparecerá no porque sea una película de Hollywood (Shyamalan ha aplastado las expectativas optimistas del público en muchas ocasiones) sino por la devoción descarada con la que él, aprovechando que ella no puede verle la cara, la ha mirado durante sus interacciones iniciales: está enamorado como solo se enamoraba la gente en las novelas góticas como Cumbres borrascosas (sin esperanza de consumar, sin identidad individual, sin miedo a la muerte).

Muchos se sorprendieron cuando el director, M. Night Shyamalan, deconstruyó la mitología de los superhéroes, expandiendo su meditación de El protegido, con Múltiple y Glass (el director, por cierto, quería a Phoenix para el papel que acabó interpretando James McAvoy y ojalá vivir en la línea temporal en la que eso ocurrió), pero, en realidad, El bosque ya tiene el espíritu de una historia superheroica: la chica que, cual Lois Lane, confía en que su Superman aparecerá en el último instante para salvarla. Lo audaz de El bosque es que, a partir de la siguiente escena, el verdadero superhéroe de la peli será ella, quien tiene que superar 12 pruebas para salvarle a él. Un cuento moderno.

Joaquin Phoenix en 'Joker', de Todd Phillips. Cuando parecía imposible hacer un Joker mejor que el de Jack Nicholson o Heath Ledger, él se puso a la altura.
Joaquin Phoenix en 'Joker', de Todd Phillips. Cuando parecía imposible hacer un Joker mejor que el de Jack Nicholson o Heath Ledger, él se puso a la altura. Foto: Alamy

4. 'Joker' (Todd Phillips, 2019)

Con sus admiradores y detractores (aunque, por ruidosos que sean los segundos, son más numerosos los primeros), Joker le ha devuelto al cine la relevancia social, cultural y mediática que llevaba años sin tener. Un thriller psicológico que se aprovecha de la maquinaria de marketing en torno al cine de superhéroes (el único formato infalible en la taquilla actual) para explorar los diversos tipos de violencia: social, política, machista, intrafamiliar, laboral, económica y, por supuesto, física. Joker ha supuesto una catarsis colectiva para el cabreo del pueblo, que ha encontrado en la revolución asesina de Arthur Fleck una perversa liberación.

En El caballero oscuro el villano más peligroso era el que solo quería ver el mundo arder y, tan solo diez años después, el personaje que mejor define el mundo en 2020 es el que tiene razones de sobra para prenderlo fuego. Phoenix hace que te olvides de que la película está permanentemente a punto de descarrilar, interpretando a Arthur Fleck como si fuera la víctima de una película de terror (solo el público sabe que él es el monstruo, Fleck no lo ve así), la estrella de un musical y un perdedor que está contando un chiste sin saber que el chiste es él.

Phoenix ya había interpretado a tipos desconectados de la realidad antes, pero solo aquí consigue que su propia visión de la realidad acabe imponiéndose a la nuestra: el espectador sabe que, según su retorcido sentido de la justicia, Arthur no va a hacerle nada al enano cuando este no llega al cerrojo de la puerta. Phoenix mira de forma distinta a cada personaje con el que se cruza y así construye, contra todo pronóstico, una coherencia interna dentro de su nihilismo. Que Todd Phillips, el director, haya sabido contar su cuento de terror con poesía, fluyendo de una escena a la otra y sin remilgos a la hora de denunciar el sistema capitalista en una película financiada por la poderosa Warner confirma que la existencia de Joker no tiene ningún sentido y es tan anárquica como el propio Joker. Que haya calado tanto entre el gran público tiene, en realidad, demasiado sentido. Y eso es lo más escalofriante de la película.

Parecía que en 'Gladiator' no había sitio para más brillo que el de Russell Crowe. Pero Joaquin Phoenix lo consiguió con su papel del ambicioso y amoral Cómodo.
Parecía que en 'Gladiator' no había sitio para más brillo que el de Russell Crowe. Pero Joaquin Phoenix lo consiguió con su papel del ambicioso y amoral Cómodo. Foto: Alamy

3. 'Gladiator' (Ridley Scott, 2000)

Entre tantos decorados, tantas batallas y tanto Máximo Décimo Meridio, que el mundo recuerde al emperador Cómodo de Joaquin Phoenix es todo un logro. Que su interpretación, 20 años después, siga siendo una de las más influyentes es directamente un hito: Cómodo vive dentro del Joker de Heath Ledger, de Kylo Ren (Star Wars) y de Joffrey Baratheon (Juego de tronos). No es un villano con un plan, porque para lo único que quiere el poder es para quitárselo a Máximo, para que su padre se revuelva en su tumba y para poder acostarse con su hermana.

Gladiator es una película sin vergüenza alguna que consigue colar un sadismo sórdido, una exploración psicológica y una tensión sexual inéditos en el cine comercial (hizo muchísimo dinero, ganó cinco Oscars y se mantiene como un clásico popular) gracias a su posmodernismo pop: Máximo es más Bruce Willis en La jungla de cristal que Charlton Heston en Ben-Hur, los flashbacks parecen un videoclip de Enya y Cómodo se comporta como un niñato emo que ha crecido con demasiados videojuegos violentos (esa lengua fuera, cual fan de Linkin Park, cuando parten en dos a una gladiadora).

Pero la película sabe que el espectáculo de verdad está en el conflicto antediluviano entre el héroe (que no quiere el poder aunque sea el más indicado) y el villano (para quien el poder es un juguete que no soporta compartir con sus primos), tanto que su enfrentamiento resulta eléctrico a lo largo de los 171 minutos a pesar de que solo compartan dos escenas juntos. Y cuando por fin se enfrentan al final, la violencia de Máximo contra Cómodo no es física, sino humillante. Gladiator sabe dónde está el drama. Ridley Scott, su director, sabe dónde poner la cámara. Y Joaquin Phoenix sabe que te has quedado con ganas de ver la película de Cómodo y te sientes un poco culpable por ello.

Joaquin Phoenix en 'The Master', uno de los papeles más complejos de su carrera y que le valió su tercera nominación a un Oscar en 2013.
Joaquin Phoenix en 'The Master', uno de los papeles más complejos de su carrera y que le valió su tercera nominación a un Oscar en 2013. Foto: Alamy

2. 'The Master' (Paul Thomas Anderson, 2012)

Esta obra magna arrancó la segunda y actual etapa en la filmografía de Phoenix, cuando Hollywood no quería ni verle por la broma de mal gusto a gran escala que fue I'm Still Here. The Master recrea los orígenes de la Cienciología a través de su fundador (interpretado por Philip Seymour-Hoffman) y uno de sus pacientes, traumatizado por la Segunda Guerra Mundial e incapaz de reintegrarse en la sociedad (ahí entra en acción Phoenix). El paciente es un animal, violento hasta cuando se queda inmóvil, cuya expresión por defecto es una mueca de dolor que Phoenix adopta como si esa fuese su cara de verdad. La cámara parece temblar cuando él está en el plano, mientras que cuando aparece Seymour-Hoffman todo parece ralentizarse, las emociones se vuelven más turbias, los pensamientos más espesos y la amenaza más serena. Pero mucho más peligrosa en realidad: el líder de la secta tiene una actitud regia, a ratos afable y a ratos rabiosa, y nunca desvela si realmente se cree su filosofía explorativa del trauma o es un trilero intelectual, si es un genio o un patético.

The Master presupone, respeta y estimula la inteligencia de su espectador. Y es una obra visualmente exuberante, con unos colores intensos (que no brillantes) como si estuvieran pintados por un pintor furioso. El plano de Phoenix recordando su infancia y pasando de la inocencia a la agresividad sin, en apariencia, mover ni un solo músculo es un prodigio. El contraplano de Seymour-Hoffman sin inmutarse, pero igualando la intensidad de Phoenix, es inexplicable desde un punto de vista cinematográfico. Se trata de una película que evoca, durante dos horas y media, lo que siente una persona que convive con la ansiedad: nada en ella se puede racionalizar (excepto el personaje de Amy Adams, quien cuando masturba a su marido para convencerle de que abandone a su paciente demuestra qué tipo de mujer es y cuando al terminar se limpia con una toalla demuestra qué tipo de mujer no es), pero todo altera el estado nervioso del espectador. No solo cuenta los orígenes históricos de una secta, es que consigue que el público se sienta como los primeros incautos que cayeron en ella.

No lo nominaron al Oscar por 'Her' (sí a un Globo de Oro), pero Joaquin Phoenix puede presumir de haber puesto de moda gracias a ella algo tan denostado como el bigote.
No lo nominaron al Oscar por 'Her' (sí a un Globo de Oro), pero Joaquin Phoenix puede presumir de haber puesto de moda gracias a ella algo tan denostado como el bigote. Foto: Alamy

Y la mejor: 1. 'Her' (Spike Jonze, 2013)

Quién iba a pensar que Joaquin Phoenix podría resultan tan adorable. Este cuento de hadas sobre un hombre gris que se enamora de un sistema operativo captura la imaginación del espectador a través de los detalles: Phoenix sabe que su personaje es excéntrico para el público, pero no dentro del universo que plantea la película; comprende que los sentimientos son reales cuando se sienten reales, aunque su origen sea artificial; y no considera ridículo bailar con su novia virtual, charlar con ella hasta quedarse dormido o irse al campo en una cita doble porque interpreta a un enamorado puro sin ironía, cinismo o sarcasmo.

Su naturalidad, más esperable de un Tom Hanks que de un Joaquin Phoenix, humaniza un relato que analizado fríamente es absolutamente demencial y perturbador. El director, Spike Jonze, se la jugó mucho apostando por un actor con tendencia, precisamente, a la demencia perturbadora, pero ya demuestra su audacia como autor en ese guión que no da discursos condescendientes o de superioridad moral en plan “la tecnología nos está deshumanizando y alejando”, sino que muestra compasión por aquellos tan necesitados de amor que lo buscan en cualquier sitio; y construye una estética (la ropa, la decoración, la maquinaria) que se parece a la nuestra pero con matices distintos, para que ese futuro que retrata resulte ajeno pero reconocible. El mayor mérito de Her es creer tanto en sí misma que consigue que el espectador no la perciba como una excentricidad sino como una historia de amor, de pérdida y de optimismo. No hay otra película como Her ¿De cuántas puede decirse eso?

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