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Ridley Scott: “El dinero en el cine da libertad para hacer lo que uno quiere”

El director estrena 'Todo el dinero del mundo', por la que Christopher Plummer está nominado al Oscar al mejor actor de reparto

Todo el dinero del mundo
Ridley Scott con la actriz Michelle Williams durante el rodaje de 'Todo el dinero del mundo'. ALL THE MONEY US, LLC

Ridley Scott no quita la vista del obrero que se acaba de subir a lo alto de una grúa en el solar contiguo al hotel Four Seasons de Los Angeles. “¿Qué serán, 14 pisos de altura? Y como si tal cosa”, admira su proeza. En Hollywood, son más los que admiran la proeza de sir Ridley, el británico que a sus 80 años puso sobre la mesa una jugada tan rápida como arriesgada eliminando a Kevin Spacey de Todo el dinero del mundo, y sustituyendo al actor marcado por el escándalo por el veterano Christopher Plummer. Todo ello en nueve días. El resultado: tres candidaturas a los Globos de Oro, incluida una a mejor director, y otra en los Oscar para Plummer como mejor actor de reparto. “Nadie creyó que sería capaz pero con las cartas en la mesa le dije a Tom Rothman ¿cuándo apuestas?”, recuerda a EL PAÍS. Habla del presidente de los estudios Sony, distribuidores de la película y uno de los ejecutivos con el puño más cerrado de la industria. Aún así aceptó una apuesta que suponía otros diez millones de dólares para salvar una cinta posiblemente muerta de otra forma. Y Scott cumplió su palabra. “Eso es lo que da todo el dinero del mundo, libertad para hacer lo que uno quiere”, resume sin quitar la vista del obrero de la construcción.

Scott no tiene todo el dinero del mundo, pero tampoco le va mal. “Son 50 años en esta industria. Junto a mi hermano llegamos lejos”, mira atrás recordando a Tony Scott, fallecido hace cinco años. “Tendría que escribir un libro porque tengo tanto, tanto que contar de Hollywood... Pero soy un vago”, bromea. Vagancia es la última palabra que acompaña a este octogenario cuyo ritmo de producción incluye tres películas al año y una miríada de series de televisión con su sello y de las que suele dirigir el piloto “porque así se vende mejor”.

Esa codicia que brilla en sus ojos es la que le atrajo a Todo el dinero del mundo, una película centrada en el hombre más rico del mundo, Jean Paul Getty, y la forma en la que jugó sus cartas durante el secuestro de su nieto. Scott asegura que no ha trabajado un día en su vida. “Me pagan por hacer lo que quiero y así fue desde que llegué a Hollywood, ya en mis cuarenta, disfrutando de una buena posición económica porque soy bueno con el dinero”, comenta quien salió de una familia de clase media trabajadora. Como dice pasó a formar parte enseguida de esa “tonta amalgama de gente con mucho dinero”, aunque Scott prefirió dejar su propia marca. Llegó para hacer Blade Runner (1982) tras contar con una carrera en cine y publicidad en Londres y, dinero o no dinero, no estaba dispuesto a pasar ni una. “Mandé a la mierda a más de un inepto. Y eso no me hizo especialmente popular”, se ríe socarrón quien sigue llamando a las cosas por su nombre.

Por ejemplo, se le llena la boca hablando de Penélope Cruz y de Javier Bardem, encantado de haber trabajado con ambos. Pero su rostro solo muestra desinterés cuando le preguntas si ha visto el último filme de ambos, Loving Pablo. “Más de lo mismo, ¿no?”, apostilla quien está colgado de la serie Narcos y prepara Cartel, película que describe como El Padrino para una nueva generación. También sigue asombrado de la devoción que profesa Guillermo del Toro a su vilipendiado trabajo en El consejero (2013).  “Él hace películas más fantasiosas y lo mío es hard core”, compara. Aún así Scott se cuenla entre los fans de La forma del agua. “Tampoco hay mucho más que ver”, añade. “Incluso en televisión. Por eso cuando no puedo seguir pintando, algo que hago todos los días, solo veo documentales”.

Sus gruñidos no le impiden disfrutar de Hollywood. Reside en Francia y no se considera parte de la industria, pero la respeta. “Me ayudan y yo les ayudo”, afirma sin más dar más nombres. El que sí cita como razón de su energía es el de su esposa, Giannina Facio, actriz costarricense con la que contrajo matrimonio en 2015 y que le tiene “a raya” haciéndole tomar “esto o lo otro”, algo que recuerda mientras se abalanza a por los caramelitos mentolados que hay encima de la mesa. “Una mujer dura de pelar, a la que le pone el fitness y no es vanidad”. Una esposa que también controla quién se sienta junto a su marido como por ejemplo durante los Globos de Oro, cuando pidió que cambiaran a Natalie Portman de mesa.

Gracias a su decisión de eliminar a Spacey de Todo el dinero del mundo, Scott se situó en el centro del huracán Harvey. No tiene nada bueno que decir del productor. Y poco o nada del actor. “No tengo queja de su trabajo, pero eso no se hace. Y con chavales. Inaceptable. O con chicas que buscan trabajo”, murmura. Aún así teme una posible criba, quizá necesaria para frenar algo que se teme lleva años ocurriendo. “A Christopher no le sorprende lo que está pasando. Claro que él trabajó con los demonios de Hollywood”, añade. “¿Yo? Lo que pienso es que en mi compañía las mujeres mandan desde hace años y estoy convencido de que el siglo XXI será el tiempo de la mujer. Eso sin discusión”.

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