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El Valle de los Caídos "es una tumba en la que cagarse": el documental de la BBC sobre la arquitectura de Franco

Jonathan Meades, experto en arquitectura, repasa los grandes monumentos del franquismo, desde los pueblos de la colonización hasta las grandes metropolis de sol y playa, pasando por las iglesias. Destroza unos y ensalza otros: "Benidorm tiene la fuerza de la música barata"

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Complejo del Valle de los Caídos, de donde serán exhumados los restos de Franco a fibnales de este mismo mes. |

Poner la BBC y escuchar de sopetón la frase "esta es una tumba en la que cagarse", pronunciada en perfecto español con la imagen del Valle de los Caídos de fondo, sorprende tanto como descubrir que el señor con gafas de sol y ropa negra que aparece luego en pantalla, agigantado con un croma a la misma escala del monumento, está presentando un documental sobre arquitectura y no un programa de Ricky Gervais. Es necesario cierto conocimiento de la parrilla de Reino Unido para entenderlo a la primera: Franco Building, emitido en BBC4 el pasado 27 de agosto, es la cuarta entrega de una serie dedicada a la arquitectura de los dictadores del siglo XX que el periodista, escritor, ensayista y director de cine británico Jonathan Meades comenzó hace 25 años con Jerry Building, centrado en la Alemania nazi, y continuó con los otros dos que dedicó a Stalin (Joe Building, 2006) y a Mussolini (Ben Building, 2016).

Vaya por delante el genio irreverente por el que es famoso Jonathan Meades en su país. Cuando le llamamos para preguntarle qué le parece la exhumación de Franco, contesta: "Bien, arrojemos los huesos a un vertedero". El Valle de los Caídos, ¿debería reconvertirse en un museo o ser derribado después de la exhumación? "No, hay que dejar que se derrumbe", dice. Supongamos que después de Franco Building retoma su serie con un documental sobre la arquitectura postBrexit. ¿Qué edificio escogería como más representativo del Reino Unido? "Un bloque de apartamentos de lujo al alcance únicamente de un oligarca saqueado y reducido a cenizas con Boris Johnson dentro".

Dice Jonathan Meades que aunque a Franco su mausoleo le mantenga de actualidad 44 años después de su muerte, lo cierto es que la arquitectura le interesó bastante menos que a Hitler o Mussolini. "Al contrario que la mayoría de dictadores del siglo XX, Franco rara vez fue preceptivo en temas de arquitectura. En general pasó por alto o consideró irrelevante el poder de la arquitectura como instrumento para subrayar el poder del Estado", explica.

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El periodista, ensayista y director de documentales Jonathan Meades, experto en arquitectura y en gastronomía en una imagen de 'Franco Building'. |

Y como resultado, la del dictador español es la entrega de la saga de documentales en la que Meades habla menos de arquitectura. En cambio, dedica buena parte a analizar temas como la afición de Franco al Real Madrid, el Camino de Santiago, la trayectoria de Buñuel y su afirmación de que la mortadela la hacían los ciegos, o anécdotas como la vez que, durante una cacería, "Fraga le disparó a la hija de Franco, Nenuca, un perdigón en el culo".

La arquitectura "xenófoba"

Hay que esperar cerca de media hora desde el inicio de Franco Building para que la pantalla comience a llenarse de edificios.

Primero, la cámara recorre el Cine Barceló, la Gasolinera Gesa, el Teatro Monumental y otras muestras del racionalismo español construidas en Madrid antes del golpe del año 36. Una arquitectura que "había sido progresista, una variante española del movimiento moderno internacional que a los nacionales le pareció demasiado internacional. Demasiado cosmopolita, moderna e insuficientemente española. Se parecía a la del resto de Europa, a la de América y, específicamente, a la argentina. Era una arquitectura hecha por ciudadanos del mundo, no por xenófobos", explica Jonathan Meades.

Luego, viene la arquitectura oficial del régimen, aunque solo tres edificaciones llaman su atención: el Valle de los Caídos, "la hipocresía hecha piedra", lo llama; la Universidad Laboral de Gijón, considerado el edificio más grande de España y construido originalmente como orfanato; y el Ministerio del Aire, diseñado por el mismo autor del cine Barceló, Luis Gutiérrez Soto, tomando como modelo El Escorial, uno de los dos pilares del imaginario arquitectónico del franquismo junto al Alcázar de Toledo. "Es raro, pero su obsesiva y repetitiva sobriedad resulta tan vertiginosa como el recargado frenesí del barroco o el churrigueresco. Y, curiosamente, su rigor gélido parece más bien protestante", dice Jonathan Meades sobre el estilo herreriano.

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La Universidad Laboral de Gijón, considerado el edificio más grande de España, por la extensión que ocupa. |

El revival Habsburgo promovido inicialmente por la dictadura, sin embargo, no sobrevivió en el segundo franquismo. En una época en la que "el fascismo se había extinguido en los demás lugares", al régimen le convenía más mirar al futuro que al pasado, así que a partir de los años cincuenta dejó hacer de nuevo a los arquitectos racionalistas. "El tan cacareado aislamiento internacional de la dictadura no impidió que los arquitectos españoles estuvieran al tanto de lo que pasaba en el resto del mundo. Sabían que el estilo oficial era agua pasada".

Los pueblos racionalistas

La falta de interés y de coherencia de Franco en temas de arquitectura queda especialmente clara en el capítulo del documental dedicado a los más de trescientos "pueblos de colonización" que la dictadura levantó de la nada entre los años cuarenta y setenta, la mayoría en Andalucía y Extremadura, para transformar el secano en regadío.

Aunque muchos fueron bautizados con el apellido "del Caudillo", su diseño corrió a cargo de arquitectos tan vanguardistas como Alejandro de la Sota (autor del gimnasio del colegio Maravillas) José Antonio Corrales (creador del pabellón de España en la Expo de 1958) José Luis Fernández del Amo (impulsor del Museo Reina Sofía) y otros notables representantes españoles del movimiento arquitectónico que Adolf Hitler había considerado "degenerado" en el Tercer Reich. Vegaviana, uno de los poblados diseñados por Fernández del Amo en Cáceres, ganó la medalla de oro de la Bienal de São Paulo de 1961, cuyo jurado presidió ese año ni más ni menos que el arquitecto Oscar Niemeyer.

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Casas de los colonos y trabajadores agrícolas en Vegaviana, Cáceres, del arquitecto José Luis Fernández del Amo (1958).

Naturalmente, alguien tan devoto del hormigón como Jonathan Meades, que desde hace ocho años vive en uno de los apartamentos diseñados por Le Corbusier en la Cité Radieuse (en Marsella, al sur de Francia), enseguida se ve atraído por "monstruos de cemento" como las famosas Torres Blancas de Madrid, diseñadas por Francisco Javier Sáenz de Oiza y terminadas en 1969, la Torre Valencia, proyectada en 1968 por Javier Carvajal, o el imponente Santuario de Nuestra Señora de Aránzazu, uno de los pocos lugares que Jonathan Meades visita personalmente en el documental, en vez de teletransportado con un croma. No es casualidad, porque la historia de este templo guipuzcoano explica bien por qué tantas iglesias del franquismo fueron construidas en el estilo moderno.

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Torres Blancas de Sáenz de Oiza. |

La deriva moderna de las iglesias

Hay que retroceder para ello a 1955, cuando, cinco años después de que Sáenz de Oiza y Luis Laorga comenzaran a construir la basílica, la Comisión Diocesana de Arte Sacro ordenó paralizar las obras por entender que habían "sufrido un extravío por las corrientes modernistas" y no tenían en cuenta "los preceptos de la Santa Iglesia en materia de Arte Sagrado".

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La basílica de Aranzazu, de Sáenz de Oiza y Luis Laorga (1955), estuvo inacabada durante 14 años porque la Comisión Diocesana de Arte Sacro consideró que había "sufrido un extravío por las corrientes modernistas" y no tenía en cuenta "los preceptos de la Santa Iglesia en materia de Arte Sagrado". |

Como resultado de este y otros contratiempos, Nuestra Señora de Aránzazu quedó inconclusa durante 14 años, hasta la liberación que el Concilio Vaticano II supuso para los arquitectos respecto a la tiranía de las formas clásicas, lo que supuso también la construcción de casi 4.000 iglesias de vanguardia en plena Polonia comunista, se levantó el veto y, en 1969, la basílica pudo ser completada con la colocación del famoso friso de la fachada, obra de Jorge Oteiza.

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Parroquia de Santa Ana y la Esperanza en Madrid, de Miguel Fisac.

La parroquia de San Pedro Mártir de Madrid (en la salida por la A-1), realizada en 1955 por Miguel Fisac con el mismo espíritu vanguardista que luego el Concilio Vaticano II impulsaría, es otra de las iglesias de estilo moderno en las que se recrea la cámara de Franco Building. Hay otros casos notables como la parroquia de Santa Ana y la Esperanza (calle de la Cañada, Madrid), también obra de Fisac, o ese templo del brutalismo que es Nuestra Señora del Rosario de Filipinas, realizada en 1967 (Conde de Peñalver, Madrid). "El Concilio Vaticano II permitió que los arquitectos hicieran lo que quisieran y dio carta blanca a los más arriesgados. Nadie sabe cuál es gusto de Dios, así que para que darle más vueltas", explica Jonathan Meades a ICON Design.

Benidorm: la maravilla arquitectónica del franquismo

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Interior de la iglesia de Nuestra Señora del Rosario de Filipinas (Miguel FIdsac, 1967), en la calle Conde de Peñalver, en Madrid.

Meades, al que cuando le preguntamos qué tal ha comido en España mientras grababa el documental (durante 15 años fue el crítico gastronómico de The Times) contesta que los restaurantes Michelin de San Sebastián le parecen "bastante pretenciosos y mediocres", pero que el plato de sesos rebozados que pidió en una cafetería de Ceuta es una de las mejores comidas de su vida, no tiene reparos en proclamar a Benidorm como la verdadera maravilla arquitectónica del franquismo.

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La parroquia de San Pedro Mártir de Madrid es un icono en la salida de la capital al norte por la A-1 (Miguel Fisac, 1955).

Un "nuevo tipo ciudad" que Pedro Zaragoza, el impulsor de su turismo, inventó sin darse cuenta. "Se resiste a toda sofisticación. Es una afrenta a lo cool, un dedo en el ojo para el minimalismo. Posee la fortuita colisión de estilos, formas y tamaños que solo la laxitud, la codicia y la falta inconsciente de buen gusto puede lograr", describe Jonathan Meades con el humor seco que emplea en todos sus documentales, aunque con cierto entusiasmo.

Relaciona el origen de Benidorm con Prora, el resort que el nazismo levantó a orillas del Báltico, solo que la primera no adolece de "la falta de imaginación de escala épica" que caracteriza a la segunda, explica a ICON Design. Benidorm "tiene la fuerza de la música barata. Si la arquitectura fuese música congelada, esto es The Rubettes […] El mal gusto es vigoroso", dice en el documental. También triunfó Benidorm donde fracasó la "cultura proletaria" impulsada por la Revolución Rusa. "Es lo que la Proletkult debió ser. Algo construido por gente poco refinada para gente poco refinada y sin la intromisión de la burguesía culta con su condescendencia".

El epílogo del documental nos traslada a un campo. Está desierto, pero enseguida aparecen en pantalla los esqueletos de un grupo de fusilados en una fosa. "Son el verdadero monumento de Franco", concluye Jonathan Meades, "un legado todavía por exhumar".

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