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10 restauraciones de edificios en España que todos lamentan y ya no tienen vuelta atrás

Viviendas míticas desfiguradas, edificios maestros enterrados en un glaseado de yeso, ampliaciones imposibles... Estos son los casos más sangrantes en España, según las asociaciones de protección del patrimonio

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A la izquierda, el Palacio de Correos y Telégrafos de estilo neoplateresco proyectado por Jerónimo Arroyo en 1922. A la derecha, la reforma de los años sesenta en la que se añadió un cuarto piso y se quiso dar sobriedad al edificio.

En 2016, el Castillo de Matrera de Villamartín, Cádiz, siguió los pasos del Ecce Homo de Borja en su gira por los periódicos y telediarios de todo el mundo. La restauración de los restos de la torre, levantados hasta su altura original con una superficie blanca, era el último "disparate" —así lo calificó la asociación Hispania Nostra— de una lista que en España se remonta por lo menos a la construcción de una catedral en el vientre de la mezquita de Córdoba.

"Hacéis lo que puede haber en otras partes y habéis desecho lo que era singular en el mundo", se dice que lamentó Carlos V. En las últimas décadas la lista la han engrosado desastres como la rehabilitación del Convento de las Francesas —construido en Valladolid en el siglo XV— como centro comercial y bloque de viviendas durante los años setenta.

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La restauración del Castillo de Matrera de Villamartín (Cádiz), del siglo IX, fue comparada con el Ecce Homo de Borja, pese a que recibió multitud de premios internacionales a la conservación arquitectónica.

Pero mientras reformas como la del Castrillo de Matrera al menos consiguen abrir los telediarios, la de otros edificios de valor arquitectónico o histórico apenas tienen repercusión. Es el caso de la arquitectura del siglo XX, que bien por desconocimiento, bien porque al tratarse de una arquitectura todavía viva y vigente se presta a la especulación inmobiliaria, sigue protagonizando los mayores atropellos contra el patrimonio.

"Es el patrimonio más joven", explica a ICON Design Fernando Espinosa de los Monteros, vicepresidente del Comité Científico Internacional del Siglo 20 del ICOMOS (órgano asesor de la UNESCO en patrimonio cultural). "Infravalorado y desconocido, solo algunos ejemplos icónicos han sido reconocidos, mientras que la preservación del resto de patrimonio del siglo XX no se considera importante y es, por tanto, especialmente vulnerable y urgente la necesidad de protegerlo".

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La rehabilitación del Convento de las Francesas, construido en Valladolid en el siglo XV, y su transformación en centro comercial, es uno de los desastres restauradores más lamentados.

Estas son, en su opinión y en la de algunas de las principales asociaciones españolas de defensa del patrimonio cultural, las reformas que han demostrado la desafección en España por la arquitectura contemporánea.

La transparencia, el valor perdido

"Las fachadas, totalmente acristaladas, resuelven la iluminación natural del edificio, ponen de manifiesto su estructura y constituyen un magnífico escaparate para los coches almacenados que esperan su distribución". Con estas líneas de la memoria del proyecto, los autores del depósito de automóviles de la Seat en Barcelona (en la Gran Vía) —los arquitectos César Ortiz Echagüe y Rafael Echaide Itarte y el ingeniero Adrián de La Joya— resumieron los principales valores que tenía este magnífico edificio hasta que, en el año 1998, se actuó sobre él para cambiar su uso al de viviendas.

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A la izquierda, una fotografía de Català-Roca de la época (la fase 1 del proyecto se construyó entre 1958 y 1959). A la derecha, la reforma que se hizo del conjunto en 1998.

Susana Landrove, directora de la Fundación Docomomo Ibérico —dedicada a la defensa y difusión de la arquitectura moderna— explica que para ello "se cegaron sus fachadas con paramentos opacos y se ocultó la estructura, aniquilando las bellas transparencias y cualidades arquitectónicas que las fotografías de Català-Roca de la época muestran con claridad. Actuaciones menos rotundas, aunque no menos nocivas, socavaron también los valores de los otros dos edificios que componen el conjunto: la torre de oficinas y el espacio de exposición y venta de coches".

No lo llames derribo, llámalo 'fachadismo'

Proyectada por José Barreras Massó en el año 1900, La Metalúrgica, antigua fábrica de conservas, "fue uno de los mejores ejemplos de la arquitectura industrial viguesa, además de un importante testimonio del impacto que la industria conservera tuvo en la economía gallega", cuenta Carlos Henrique Fernández Coto, presidente de la Asociación para a Defensa do Patrimonio Cultural Galego.

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El declive de las conserveras, sin embargo, la llevó al cierre en los años 80. Posteriormente, sus rehabilitaciones como parque de bomberos y como depósito de vehículos de la policía alteraron la armonía del edificio, que acabó en estado semirruinoso. Hasta que, en 2016, la vieja fábrica fue derribada y comenzaron las obras para construir en su lugar las nuevas oficinas de la Tesorería de la Seguridad Social de Vigo.

"Aún pudiendo recuperar los volúmenes originales, únicamente conservaron una de las fachadas, construyendo un edificio totalmente ajeno al anterior", protesta Fernández Coto. Otro caso más, en definitiva, del famoso fachadismo.

Si la sobriedad del franquismo fuera una reforma arquitectónica

Construido en 1922 por Jerónimo Arroyo, el Palacio de Correos y Telégrafos fue uno de los mejores ejemplos de la arquitectura neoplateresca de Valladolid. En los años 60, sin embargo, una reforma para construir el cuarto piso actual desfiguró el edificio.

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Diego de Miguel, arquitecto de Ciudadanos por la defensa del patrimonio en la provincia de Valladolid, explica a ICON Design que "la reforma arruinó la centralidad de la esquina principal, destacada hasta entonces por una torre, rebajando su altura hasta coincidir con la del resto de la fachada". A esto se sumó la retirada de la elegante balaustrada que, a imitación del estilo plateresco, coronaba el palacio. "Con ello se pretendió dar al edificio una mayor sobriedad que hiciera concordar su imagen con la rectitud moral propagada por el franquismo", añade de Miguel.

La Rotonda ahora es cuadrada

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Ricardo Vergara, presidente de SOS Monuments, aplaude la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña que ha ordenado el derribo de las reformas realizadas en 2016 en La Rotonda (Barcelona), un edificio modernista construido en 1906 por Adolf Ruiz i Casamitjana, e incluido en la Ruta del Modernismo de la ciudad.

La reforma, proyectada por el arquitecto Alfredo Arribas, ha alterado la altura del edificio original al construir una nueva planta, destinada a oficinas, aunque sobre todo ha afectado a las ampliaciones que en los años diez, treinta y cincuenta realizaron en la finca el arquitecto noucentista Enric Sagnier y su hijo. Ha desaparecido, por ejemplo, la fachada secundaria, sustituida por otra totalmente nueva de estética moderna y grandes ventanas rectangulares.

Un solo bloque de hormigón puede dar la vuelta a una ideología

Si en Madrid los amantes de la arquitectura moderna todavía lloran el derribo de La Pagoda de Miguel Fisac, asociaciones como Plataforma por la Defensa del Patrimonio Cultural de Murcia o Docomomo advierten a ICON Design de que tampoco en Cartagena ha tenido mejor suerte la obra de este famoso arquitecto.

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A la izquierda, el estado actual de la vivienda, ampliada en 2006, que Fisac construyó para su familia en 1968 con el propósito de ser respetuoso con el entorno natural.

Construida en 1968 como chalet de vacaciones para su propia familia en Isla Plana, a Miguel Fisac el proyecto de esta vivienda, conocida en la zona como "La Cajonera", le sirvió como experimento para ensayar una nueva arquitectura turística respetuosa con su entorno natural. Deshabitada durante años, la casa sobrevivió, pero en 2006 fue víctima de una ampliación por parte de sus nuevos dueños que estropeó la armonía del conjunto, constituido originalmente por cuatro módulos rectangulares de color blanco en los que Fisac repartió las distintas estancias. La ampliación es un nuevo ala de hormigón gris, con una pared roja, que da cabida a una piscina, eso sí, con unas vistas únicas de la bahía.

Desfigurada por un 'glaseado' de yeso

No muy lejos de allí, en La Manga del Mar Menor, se levantó en 1967 Casa Catena, una vivienda de estilo racionalista, construida sobre una duna de la playa por el estudio Corrales y Molezún, responsable precisamente de otro de los edificios peor tratados de Madrid: el Pabellón de los Hexágonos de Casa de Campo.

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Sí, la original permanece ahí, debajo de las capas de cemento y yeso pintado de verde pastel que han ocultado la estructura limpia y de estilo racionalista que el estudio Corrales y Molezún (el mismo del Edificio de los Hexágonos) proyectó en 1967.

Hasta no hace mucho era considerada una de las mejores viviendas unifamiliares de la región, pero nada queda ya de la estructura original, desfigurada hace algunos años por una agresiva reforma. "Hemos perdido una lección de arquitectura ejemplar: la pureza de la línea, el uso de los recursos mínimos, la racionalidad constructiva…", lamenta el arquitecto Enrique de Andrés Rodríguez, miembro de Plataforma por la Defensa del Patrimonio Cultural de Murcia.

La rehabilitación que unos aman y otros lamentan

Los miembros de la Asociación Vasca del Patrimonio Industrial y de la Obra Pública se debaten entre reformas como la de Antigua Alhóndiga de Bilbao (hoy Azkuna Zentroa) o el del Depósito franco del Puerto de Bilbao en el Canal de Deusto como las más desastrosa en País Vasco.

Finalmente, se decantan por la que en 2015 convirtió la Fábrica de Tabacos de San Sebastián en el Centro Internacional de Cultura Contemporánea Tabakalera, una obra que, sin embargo, alaban arquitectos como Javier Peña Ibáñezdirector del Festival Internacional de Arquitectura y Diseño Concéntrico.

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Arriba, el prisma de cristal que sobresale del eje central en la reciente reforma de la Tabakalera de San Sebastián enfrenta opiniones, sobre todo por el recubrimiento final que se aplicó y que eliminó toda posibilidad de que fuera una estructura invisible, como se había prometido.

"Pese a ser el resultado del fallo de un concurso, la intervención de la Fábrica de Tabacos se produjo sin tener en cuenta su gran valor patrimonial, algo especialmente chocante al ser el nuevo destino un equipamiento cultural", explica en representación de esta asociación Joaquín Cárcamo. Durante las obras de rehabilitación emprendidas por el estudio Naiara Montero en 2011, "se eliminaron forjados, cubiertas, carpinterías exteriores e interiores, pavimentos, zócalos, revestimientos, mobiliario…", enumera.

"Además, aunque el gran prisma que sobresale en el eje principal de la fábrica se planteó como un elemento de vidrio poco visible, al final se le superpuso un Tramex [una rejilla que se emplea para los falsos techos]", que contrasta con la piedra del edificio original, inaugurado en 1913.

Cuando lo anodino gana a lo excepcional

"Si hubiese que mencionar un edificio moderno cuya concepción original haya sido profundamente alterada en Asturias, hasta resultar prácticamente irreconocible, esa es la gasolinera Mayfer", dice el arquitecto Benigno Gómez en representación de INCUNA, una entidad en defensa del patrimonio industrial, con sede en Gijón.

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Los paraguas invertidos que el arquitecto Benigno Gómez había diseñado para la gasolinera Mayfer fueron sustituidos por las mismas cubiertas de chapa metálica que pueden verse en todas y cada una de las gasolineras de España.

Proyectada en esta ciudad en 1959 por Mariano Marín Rodríguez-Rivas, dicha gasolinera fue considerada una de las principales obras de la arquitectura moderna del Principado. Destacaba sobre todo por la elegante composición de paraguas invertidos de diferentes alturas, siguiendo el ejemplo de otras gasolineras que levantaron figuras como Arne Jacobsen. En 2001, sin embargo, los paraguas de la Mayfer "fueron pasto de la piqueta, al tiempo que el resto de elementos se vulgarizaron en busca de una anodina imagen corporativa", lamenta Benigno Gómez. El resultado es una gasolinera estándar donde hubo una arquitectónicamente excepcional.

La copia contra el original

Fernando Espinosa de los Monteros lamenta la suerte que precisamente corrió otra gasolinera. En este caso, la que en 1927 construyó Casto Fernández-Shaw en la calle Alberto Aguilera de Madrid: "La Gesa, una gasolinera racionalista que constituyó uno de los más nobles ejemplos del patrimonio de la primera parte del siglo XX, y representó ese movimiento cultural que fue el Grupo de Artistas y Técnicos Españoles para el Progreso de la Arquitectura Contemporánea (GATEPAC), por no hablar de su belleza plástica y expresionista", elogia Espinosa de los Monteros este hito de la arquitectura moderna española.

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Que las apariencias no te engañen. Si en Casa Catena, el original seguía estando ahí, aquí ves son dos gasolineras distintas: la de la izquierda, la racionalista que diseñó Casto Fernández-Shaw en 1927; a la derecha, una copia que el Ayuntamiento obligó construir a los propietarios de la finca.

En 1977, sin embargo, la gasolinera fue parcialmente derruida por sus propietarios con el objeto de construir sobre el solar.

Años después, en 1996, el Ayuntamiento de Madrid condicionó la licencia de construcción del hotel que pretendían edificar a la reconstrucción literal de la gasolinera, pero la réplica que desde entonces se levanta a las puertas del edificio no satisfizo a todos. "Por supuesto, un valor fundamental del patrimonio cultural es la autenticidad", dice Espinosa de los Monteros. "¿Qué interés tendría el Guernica [dePicasso] si hubiera sido repuesto por una copia?".

La indecisión como género arquitectónico

El Gran Teatro Fleta de Zaragoza, un edificio de José de Yarza inaugurado en 1955, fue declarado de Interés Arquitectónico por el Ayuntamiento de Zaragoza y está considerado uno de los más importantes del patrimonio aragonés. "Además, era un lugar muy querido en la ciudad, pues estaba arraigado en la memoria ciudadana", explica a ICON Design Carlos Bitrián, arquitecto y presidente de Acción Pública para la Defensa del Patrimonio Aragonés (APUDEPA).

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Entre el pon esto y el quita aquello, del magnífico teatro que construyó José de Yarza en 1955 no quedan ni los huesos; de hecho, el proyecto de restauración de Basilio Tobías acabó con la caja escénica.

De propiedad privada, el teatro fue adquirido a finales del siglo XX por el Gobierno de Aragón con la intención de convertirlo en un gran teatro de ópera. "Por desgracia, el programa propuesto por el Gobierno resultaba incompatible con la naturaleza del edificio, por lo que el proyecto de rehabilitación de Basilio Tobías generó graves daños", dice Carlos Bitrián. "Entre otras cosas, supuso la destrucción de la caja escénica". El Gobierno detuvo las obras a mitad de la operación e inició un proceso para su derribo. Luego, se abandonó este plan y se seleccionó un nuevo proyecto de finalización de las obras, pero los trabajos quedaron detenidos.

"Esta es la triste situación en la que todavía se encuentra el edificio", lamenta Bitrián. "Se trata, sin duda, de una de las intervenciones más nefastas sobre el patrimonio de nuestro país".

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