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OPINIÓN i

Refundar la Cooperación Internacional al Desarrollo o…

España es el donante que más ha reducido sus aportaciones al desarrollo en la última década, lo que, en opinión del director de Oxfam Intermón, refleja un desinterés político notable

Miembros del equipo Start de la Agencia Española de Cooperación y Desarrollo atienden a una paciente en Mozambique durante la respuesta a la situación de emergencia que provocó el ciclón Idai en Mozambique en 2019.
Miembros del equipo Start de la Agencia Española de Cooperación y Desarrollo atienden a una paciente en Mozambique durante la respuesta a la situación de emergencia que provocó el ciclón Idai en Mozambique en 2019. AECID

Refundar la Cooperación Internacional al Desarrollo o… dejar que agonice en la erosión continuada de recursos, capacidades e influencia que ha sufrido durante una década. El análisis recogido en el informe La Realidad de la Ayuda 2019, de Oxfam Intermón, refleja lo que sentimos muchas personas y organizaciones que creemos en la cooperación española y hemos apostado por su crecimiento y relevancia.

En términos de presupuesto, España es el país que más ha reducido su cooperación desde el inicio de la crisis en 2008. Un total de 2.500 millones de euros, cinco veces más que el siguiente y al contrario que países como Alemania o Francia, que han aumentado de forma significativa los recursos destinados a esta política. Una vez más España es diferente, en este caso en lo relativo a solidaridad internacional y responsabilidad con los desafíos globales de la humanidad.

Con un 0,20% de la Renta Nacional Bruta dedicado a ayuda al desarrollo en 2018, nuestro país ocupa la cola de los donantes de la OCDE, solo por delante de Estados Unidos y los países de Europa del Este, lejos de la media conjunta que está en un 0,31% y más aún de la media europea (0,47%).

El grueso de estos recursos se dedica a honrar las cuotas y contribuciones a las que está obligada España, bien hacia la UE o bien a bancos de desarrollo y agencias de Naciones Unidas. Las contribuciones voluntarias han caído al suelo mientras los recursos de la cooperación bilateral están al límite.

La partida de ayuda humanitaria, esencial para responder al sufrimiento provocado por los conflictos, el cambio climático y los desastres naturales ha pasado de 298 a apenas 51 millones de euros entre 2008 y 2017, precisamente en los años en los que la venta de armas “marca España” a países como Arabia Saudita se multiplicó. Hay ONG españolas con más recursos dedicados a acción humanitaria que el Gobierno.

Este panorama presupuestario, dramático de por sí, refleja un desinterés político notable que redunda en una escasa influencia de esta política en otras relevantes para el desarrollo internacional. Olvido achacable en primer lugar a los siete años de gobierno del PP, actor central en la laminación del sistema de ayuda, incluyendo su rama de cooperación descentralizada en ayuntamientos y comunidades autónomas. Dicho esto, y a pesar del empeño y buen hacer de sus responsables directos, el Gobierno actual no ha mostrado mayor interés aún. Hecho que quedó reflejado en la omisión de cualquier referencia a la cooperación al desarrollo en el acuerdo presupuestario firmado entre el PSOE y Podemos en 2018. Un hecho sorprendente teniendo en cuenta que fue el PSOE quien hizo de la cooperación una de sus banderas en el período de gobierno que comenzó en 2004.

España lleva un tiempo sentada a la mesa sin pagar la cuenta, pero haciéndose pasar por un comensal ejemplar

España lleva un tiempo sentada a la mesa sin pagar la cuenta, pero haciéndose pasar por un comensal ejemplar. Está bien durante un tiempo, pero el menú es caro además de sofisticado. Los retos globales exigen una inversión decidida de recursos y capacidades además de buenas palabras y papeles. El resto de países comenzará pronto a cuestionar la credibilidad de España, si sigue ocupando sillas sin arrimar el hombro con las inversiones necesarias.

La erosión es presupuestaria, aunque va más allá de los recursos. La cooperación española está desmoralizada, cuando es más necesaria que nunca, y requiere de una refundación en el nuevo contexto global definido por la Agenda 2030 y los desafíos de la crisis ecológica y de desigualdad. El asunto ya no es solo ayudar a quienes sufren crisis, defender derechos, fortalecer instituciones y promover el desarrollo sostenible en los países más vulnerables. Es afrontar juntos los retos de la humanidad que afectan, así sea de manera diferente, a la población española a la de Burkina Faso o a la de Perú.

De ahí que desde Oxfam Intermón proponemos no ya que la Cooperación Española se alinee con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, tarea avanzada y de consecución asequible, sino que se integre en el esfuerzo público para llevar adelante toda la Agenda 2030, el cual debería recaer en una vicepresidencia de Desarrollo Sostenible. La Agenda es una, en España, en los países en desarrollo y en la arena global. Y muchos de sus objetivos, desde la lucha contra el cambio climático a la justicia de género, requieren de un trabajo cohesionado entre lo doméstico y lo internacional.

Esta nueva ubicación institucional, con la intencionalidad estratégica que conlleva, debe reforzarse con un crecimiento decidido de los recursos que permita alcanzar la media europea en el futuro, y con un proceso de renovación del marco legislativo y reglamentario. Evitando eso sí, que las discusiones de leyes, planes y documentos, deriven en otra legislatura sin avances efectivos. La erosión es de tal calibre que requiere de una firme voluntad política y de algunos cambios rápidos y decididos que aporten credibilidad e ilusión al sistema.

Antes de que acabe de marchitarse.

José María Vera es director general de Oxfam Intermón

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