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OPINIÓN i

La clave para la viabilidad de una empresa: economía circular

Medidas como las políticas de aprovisionamiento local, la reducción de la huella de carbono en la distribución o el diseño eficiente de envases han de implantarse de manera generalizada para situar al sector en el camino correcto

Un niño camina entre la basura en José León Suárez, cerca de Buenos Aires (Argentina).
Un niño camina entre la basura en José León Suárez, cerca de Buenos Aires (Argentina). AFP

La humanidad está utilizando hoy en día los recursos naturales equivalentes a 1,7 planetas Tierra. El consumo mundial de recursos materiales se ha multiplicado por 14 entre 1900 y 2015 y las previsiones apuntan a que se duplicará entre 2015 y 2050. Estos son solo algunos datos que pueden ayudarnos a poner en perspectiva el importante reto ante el que nos encontramos.

La contaminación del transporte continúa siendo uno de los principales escollos a los que se enfrenta nuestro planeta, al ser responsable únicamente en la Unión Europea del 27% de las emisiones de gases de efecto invernadero. Pese a ello, debemos prestar atención en garantizar la sostenibilidad de un sector muy relevante: la industria del gran consumo. A la producción de alimentos le corresponde un 11,3% de las emisiones de gases de efecto invernadero en el territorio europeo. Por tanto, se antoja determinante que las compañías apuesten por la sostenibilidad y la economía circular.

El compromiso de todos los agentes sociales con los Objetivos de Desarrollo Sostenible marcados dentro de la Agenda 2030 es fundamental para reducir las desigualdades de todo tipo en el mundo. En aquellos referentes al cuidado del planeta, las compañías e instituciones implicadas deben poner especial énfasis para frenar las consecuencias del cambio climático derivadas de un consumo excesivo de recursos y del empleo de energías contaminantes.

Esta necesidad cobra aún si cabe más relevancia en el sector del gran consumo, por la cantidad de recursos utilizados, residuos generados y alimentos que pueden llegar a desperdiciarse. El Observatorio de Innovación en Gran Consumo del Instituto Cerdà clasifica en 10 los grandes retos que las empresas y eslabones de la cadena de valor deben tener en cuenta en sus estrategias a largo plazo.

Nos encontramos ante una sociedad cada vez más sensibilizada en aspectos sociales y ambientales, que basa sus decisiones de compra en la responsabilidad y valores tras el producto y la compañía que lo fabrica

Los más determinantes, en lo que a aspectos medioambientales se refiere, consisten en la gestión eficiente y responsable de la cadena de suministro, con la reducción de emisiones de carbono tanto en el proceso de producción como en el apartado logístico, y la eficiencia en la gestión del desperdicio alimentario.

Además, es innegable que nos encontramos ante una sociedad cada vez más sensibilizada en aspectos sociales y ambientales, que basa una parte importante de sus decisiones de compra en la responsabilidad y los valores que hay detrás del producto y la compañía que lo fabrica, así como en sus características saludables.

Todo esto debe impulsar a las empresas hacia el desarrollo de un modelo seguro, transparente y sostenible, que permita el crecimiento económico al mismo tiempo que se respete el medio. Medidas como las políticas de aprovisionamiento local, la búsqueda del bienestar animal, la reducción de la huella de carbono en la producción y distribución o el diseño eficiente de envases y embalajes han de implantarse de manera generalizada para situar al sector en el camino correcto.

Por estas razones, el camino hacia la sostenibilidad del planeta y la viabilidad de las propias compañías pasa por la integración de la economía circular en todos los procesos. Es primordial renovar la concepción de los sistemas de producción y consumo y desterrar el modelo lineal, adaptándolos a este modelo de economía circular que prioriza la eficiencia de los procesos, reduciendo el consumo y la generación de recursos y obteniendo productos con un ciclo de vida mucho más largo. Esto permite su valorización al final de su consumo para poder ser reutilizados, evitando que vayan directos a los vertederos. De este modo, se reduce al mínimo el impacto de la actividad de la cadena de producción y la huella ecológica generada.

Precisamente una parte de estos residuos corresponde a los más de siete millones de toneladas de alimentos que se desperdician en España cada caño. Estas pérdidas se producen en todos los eslabones de la cadena, si bien es en el último —hogares y restauración— donde se encuentran las cifras más altas, con un 58% y un 21% respectivamente. Por ello, desde las empresas de alimentación debemos también seguir trabajando en la misma línea de concienciación, ofreciendo una mayor información al consumidor sobre formas de minimizar el desperdicio y contribuir al desarrollo sostenible.

De este compromiso depende ya la viabilidad no solo de un sector que aporta más de un 10% al PIB español, sino del futuro de nuestro planeta. Porque todavía estamos a tiempo de actuar. Como dice el proverbio chino, “el mejor momento para plantar un árbol fue hace veinte años. El segundo mejor momento, es hoy”.

Joseba Arano, director de Gestión Ética, Responsable y Excelente de Calidad Pascual

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