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OPINIÓN

Tenemos razones para no seguir haciendo lo de siempre

El imperio de la economía circular no solo es necesario, sino obligatorio para la supervivencia del planeta. El cambio del actual modelo supondrá grandes esfuerzos, pero no es imposible

Varios niños juegan entre desechos de comida y plástico cerca de la costa del mar Arábigo, en la playa de Mahim, en Bombay (India).
Varios niños juegan entre desechos de comida y plástico cerca de la costa del mar Arábigo, en la playa de Mahim, en Bombay (India). EFE

Ya lo dijeron muchos expertos hace tiempo: hay que diseñar un sistema económico acorde con los límites del planeta, porque sin él no hay y no habrá economía que valga. Economía y ecología, o juntas o sin supervivencia para ambas. Esta obviedad, al menos aparentemente, esconde una realidad que por conocida no deja de sorprendernos, hasta el punto de preguntarnos por qué no lo hacemos de otros modos si es beneficioso para el medioambiente y para las personas.

Desgraciadamente, a veces, los cambios no llegan con toda la celeridad que desearíamos. Pero, en esta ocasión, tenemos una buena base para conseguirlo, porque la comunidad científica, la ciudadanía, las organizaciones internacionales más relevantes, muchos gobiernos y miles de empresas ya creen en la necesidad (incluso en la obligatoriedad) de transformar nuestro modelo económico-productivo. Voces que apuestan por pasar de lo lineal (extraer-producir-consumir-tirar) a lo circular: extraer (cuanto menos mejor y con criterios ambientales), producir (de una forma limpia y sin pérdida de energía y materiales), consumir (con responsabilidad) y reciclar (todos nuestros residuos para recuperar sus materiales), además de muchas más “r” que se introducen como astillas en esta nueva lógica (recuperar, reutilizar, reparar, rediseñar…).

Europa ya ha tomado la iniciativa para promover la transición del modelo con su Paquete de Acción de Economía Circular y sus nuevos objetivos para la gestión de los residuos en los próximos años, mientras que en España está pendiente de rematarse la futura Estrategia de Economía Circular, un tema de vital importancia que esperamos que el recién formado Ministerio de Transición Energética aborde convenientemente. En este escenario, las empresas tienen una responsabilidad de primer orden en la transformación del modelo y en la protección medioambiental.

Desde Ecoembes trabajamos para avanzar en la economía circular, implicando a nuestras más de 12.000 empresas adheridas. Nuestro objetivo es que cumplan con su responsabilidad ambiental, no solo reciclando los envases que ponen en el mercado, sino también esforzándonos por aumentar la tasa de reciclado de estos residuos de manera eficiente y sostenible año tras año. Esta labor, basada en un modelo de colaboración público-privada, permitió que en 2017 se reciclara el 77,1% de los envases domésticos, convirtiéndolos en los residuos urbanos más reciclados en nuestro país. Pero también, y apoyándonos en la innovación, colaboramos con las empresas para que los envases sean cada vez más sostenibles y con una menor huella ambiental.

El 80% del impacto ambiental de un producto se determina en la fase de diseño

Son muchas las iniciativas que las empresas que colocan productos en el mercado pueden adoptar para promover una economía circular con mejores criterios de ecoeficiencia, innovación y protección ambiental. Empezando por la reducción, la primera de las “r” de la economía circular. En este sentido, el ecodiseño se plantea como una herramienta clave, pues de cómo se piensen, diseñen y fabriquen los productos, incluyendo los envases, dependerá en gran medida su huella de carbono, pero también su huella de materiales o su huella de agua.

El 80% del impacto ambiental de un producto se determina en la fase de diseño. En este sentido, el ecodiseño no solo es una respuesta al agotamiento de los recursos, sino también una potente herramienta económica que reposiciona a los productos por ser más sostenibles (y rentables) y a la propia empresa como una organización responsable y comprometida con el medioambiente y con el consumidor.

Gracias a los planes de prevención y ecodiseño que Ecoembes desarrolla desde 1999 con muchas de sus empresas adheridas, les ayudamos como organización ambiental a que fabriquen unos envases más sostenibles que hoy ya pesan, de media, un 17,9% menos y con los que se han logrado ahorrar casi 500.000 toneladas de materias primas. Igualmente, hace un año abrimos en La Rioja TheCircularLab, el primer centro de innovación sobre economía circular de Europa, donde trabajamos conjuntamente con universidades, científicos y emprendedores para avanzar, entre otros proyectos, hacia lo que llamamos el envase del futuro, que muy poco tendrá que ver con muchos de los actuales y que será pensado desde el origen con criterios circulares y sostenibles, utilizando, por ejemplo, nuevos materiales o garantizando que serán reciclables al 100%.

Este conjunto de transformaciones supone una verdadera oportunidad económica y ambientalmente hablando. Según datos de la Unión Europea, la mejora en la eficiencia en el aprovechamiento de los recursos a lo largo de las cadenas de valor podría reducir los insumos de materiales necesarios actualmente entre un 17% y un 24% para 2030, con un potencial ahorro de 630.000 millones de euros y reduciendo las emisiones de C02 entre un 2% y un 4%.

Según la Unión Europea, la mejora en la eficiencia en el aprovechamiento de los recursos a lo largo de las cadenas de valor podría reducir los insumos de materiales necesarios actualmente entre un 17% y un 24% para 2030

Pero para que esto suceda tienen que concurrir otros factores que, de manera complementaria a los procesos de ecodiseño, sean facilitadores del cambio. Y lo cierto es que algunos de ellos están en manos de las administraciones públicas. Me refiero, por ejemplo, al impulso de la compra pública innovadora y verde.

Estos ejemplos demuestran que alcanzar un horizonte de economía circular es más que necesario, obligatorio. Sin duda supone grandes esfuerzos, pero no es imposible. Todos tenemos que ser capaces de asumir nuestra responsabilidad: las administraciones públicas, que tienen que sentar el marco legislativo para posibilitar la transición a ese modelo; las empresas que han de repensar sus modelos y procesos para adaptarse; y, por supuesto, los ciudadanos, que al fin y al cabo somos todos, adoptando hábitos y actitudes realmente responsables. De no ser así, no habrá futuro para el planeta.

Óscar Martín es consejero delegado de Ecoembes

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