Opinión
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Bolsonaro y el odio

El candidato a la presidencia de Brasil lleva años haciendo declaraciones que deberían invalidarle para detentar un cargo institucional. Pero la 'LGTBfobia' no parece contar a la hora de votar

Una manifestante contra el candidato a la presidencia de Brasil Jair Bolsonaro eleva una mano pintada con los colores de la bandera LGTB en Sao Paulo, Brasil, el 20 de octubre.
Una manifestante contra el candidato a la presidencia de Brasil Jair Bolsonaro eleva una mano pintada con los colores de la bandera LGTB en Sao Paulo, Brasil, el 20 de octubre. NELSON ALMEIDA / AFP

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Brasil ha tenido la primera vuelta de las elecciones generales y el resultado causa conmoción en materia de derechos, con la victoria de Jair Bolsonaro con un 46% de los votos, pese a mostrar un absoluto desprecio a los derechos humanos a los que incluso llegó a considerar “estiércol” en una declaración.

Si con los derechos humanos en general muestra ese desprecio, con la igualdad LGTB el desdén es aún mayor. Bolsonaro lleva años haciendo declaraciones públicas que deberían poder invalidarle para detentar un cargo institucional. Sin embargo, la LGTBfobia no parece contar a la hora de votar en el quinto mayor país del mundo por población. En 2014 el candidato llegó a afirmar: “Los homosexuales los son por consumo de drogas; solo una pequeña parte lo es por defecto de fábrica”. En 2011, en una entrevista publicada por la revista Playboy, afirmó que sería "incapaz de amar a un hijo homosexual" y que preferiría que un hijo gay "muriera en un accidente". En 2014 en una entrevista declaró: “¿Crímenes de homofobia? Mueren muchos más heterosexuales”. Además, acabó esa entrevista preguntándose: “¿Solo porque a alguien le guste poner el culo ya tiene que ser un semidiós y no puede llevarse una paliza?”.

Podríamos seguir, pero de nada serviría, puesto que ya casi la mitad del pueblo brasileño ha votado a favor de este homófobo y machista declarado, y la frase de “prefiero un homófobo a un ladrón” se escucha por las calles de Brasilia con suma facilidad. Pero es que la involución puede ser total en un país que ostenta el triste récord de asesinatos de personas LGTB de toda América.

El Grupo Gay de Bahía que lleva una década especializado en la lucha contra la LGTBfobia publicó el informe de 2017, donde recoge 445 personas asesinadas por ser LGTB. Esto implica un aumento del 30% con respecto al año anterior. De ellos casi la mitad son personas trans (179). Esto significa que cada 23 horas muere asesinada una persona LGTB en Brasil. Las ayudas a la lucha contra la LGTBfobia han sufrido una caída exponencial en los últimos años mientras las cifras no paraban de subir. Los gobiernos brasileños, lejos de realizar un plan de acción o elaborar una regulación imprescindible similar a la Ley Zamudio de Chile, se han ido desentendiendo de esta lacra y con la probable elección de Bolsonaro, la situación se va a recrudecer.

Cada 23 horas muere asesinada una persona LGTB en Brasil

Si el presidente de Brasil saca a relucir su homofobia públicamente, la legitima en una gran parte. Esto hace un daño terrible a la sociedad ¿Exageramos? Unos días antes de las elecciones, una pareja de gais recibió el siguiente cántico cuando iba en el metro: “Cuidado, maricones, que Bolsonaro os va a matar”. Similares a este, se han recogido ya varios testimonios, como la pintada “tortilleras vais a morir”. El lunes, después de las elecciones, una mujer transexual tuvo que ser hospitalizada tras una paliza por parte de seguidores del candidato Bolsonaro. Hasta la app de citas gais Grindr avisaba al conectarse del incremento de agresiones a personas LGTB tras la victoria del candidato abiertamente homófobo.

Y es que en esto consiste el discurso de odio. Lejos de ser libertad de expresión, las declaraciones de Bolsonaro en un país asediado por crímenes LGTBfóbicos los legitiman y normalizan la homofobia. Por eso esperemos que el pueblo brasileño no vote contra el 10% de la sociedad brasileira el 28 de octubre y la pesadilla con nombre de un exmilitar que defiende la dictadura sea solo un mal sueño en el avance de los derechos LGTB, que ha de ser imparable.

Mientras tanto, en España podemos aprender en cabeza ajena que los derechos conseguidos pueden ser reversibles. Por eso, desde FELGTB consideramos imprescindible la aprobación de la Ley de Igualdad LGTBI que lleva un año estancada en su tramitación en el Congreso de los Diputados. Una ley que emana del movimiento LGTBI, que es preventiva y que establece completas herramientas pedagógicas, así como garantías para preservar los derechos de todas las personas, independientemente de su orientación o características sexuales, su identidad o expresión de género o de la composición de sus familias.

Nos encontramos en un momento histórico en el que la inmensa mayoría del Parlamento está a favor de esta regulación y, sin embargo, intereses partidistas o de otras índoles están prevaleciendo a la necesidad de garantizar la dignidad y la seguridad de una buena parte de la población. ¿A qué están esperando nuestros políticos? ¿A que en España se viva una regresión similar a la que ahora sufre Brasil?

Rubén López es coordinador del área internacional de la Federación estatal de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales (FELGTB).

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