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África

Las ciudades africanas tendrán el doble de habitantes en 2050

Ante un boom demográfico sin precedentes, hacen falta soluciones rápidas y sostenibles que incluyan a la mayoría de su población

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REUTERS
La Bisbal d'Empordà

¿Se imaginan que Lagos –hoy la ciudad más poblada de África con 17.9 millones de residentes– aumente a un ritmo de 77 personas cada hora de aquí a 2030? Este va a ser el promedio del crecimiento urbano para esta ciudad nigeriana si las tendencias de crecimiento se mantienen según las predicciones. Y no es una excepción, puesto que se espera que los actuales 1.200 millones de ciudadanos de África se dupliquen para 2050. De estos, un 80% vivirán en ciudades, y más concretamente, en sus barrios informales. ¿Qué futuro se puede esperar para toda esta población africana?

A día de hoy, el 60% de todos los habitantes de urbes africanas viven en barrios marginales abarrotados y con pocos servicios. Además de todos los retos que enfrentan día a día, estos barrios encaran un ya indiscutible cambio climático al acecho de las poblaciones más vulnerables. Y es que, en su conjunto, África se está calentando 1,5 veces más rápido que el promedio mundial. Sin embargo, la mala gestión de las ciudades, ya de por sí caóticas, podría ir de mal en peor si no cambia la forma de gobernarlas. Por eso, cada vez es más evidente la urgencia de rediseñarlas y aplicar reformas que posibiliten un futuro algo más digno del que tiene  la mayoría de población africana residente en ciudades.

el futuro de África va a ser urbano

Y es que, si de algo están convencidos los expertos hoy es de que el futuro de África va a ser urbano. Así, con un imparable crecimiento demográfico que hace de las ciudades africanas el hogar para la mayor parte del continente, el imperativo es encontrar, lo más rápidamente posible, la forma de construir ciudades sostenibles. Pero, ¿cómo? Varios asuntos están en el epicentro de los debates actuales:

  1. En la mayoría de ciudades del África Subsahariana, existe una falta de planificación urbana y un uso ineficiente de la tierra, derivados de la herencia urbanística de las antiguas metrópolis, que gestionaron las ciudades para los trabajadores de la administración colonial y no para los residentes locales. El resultado se percibe en todo el continente hoy: ciudades extensas, fragmentadas y mayoritariamente informales.
  2. Según el Banco Mundial, las ciudades africanas son un 29% más caras en general que las ciudades no africanas con niveles de ingresos similares. Sus residentes pagan un 100% más por transporte, un 55% más por vivienda y un 35% más por la comida. Todo esto ralentiza los negocios y aumenta drásticamente los precios de los bienes de consumo.
  3. La mayoría de ayuntamientos, gobiernos e instituciones locales no cuentan con fondos públicos suficientes ni la autonomía necesaria para gestionar los retos urbanos que el continente lleva arrastrando desde la colonización. Por lo que, hará falta intensificar e implementar regulaciones que permitan recaudar fondos públicos tanto de los residentes de la ciudad como de las empresas establecidas en suelo urbano.
  4. Además, ante la falta de financiamiento público, será necesario mejorar el acceso a la inversión extranjera directa y que las ciudades sean capaces de atraer a capital privado, tal y como recomienda el último informe de ONU Hábitat

Nuevas tecnologías para todos:

Ante todos los retos enumerados, la esperanza para que las ciudades no mueran en el intento de albergar al doble de su población viene dada por las posibilidades que representan las TIC a la hora de construir una infraestructura más inteligente, en combinación con un mayor y mejor aprovechamiento del sector informal –que es la fuerza motriz del continente representando un 85.8% del empleo según la Organización Internacional del Trabajo–.

La Cuarta Revolución Industrial pisa fuerte en África. Este año hemos visto como Kenia se ha convertido en el primer país del África Subsahariana en lanzar un satélite al espacio. Aunque, en un plano más terrenal, hay una incuestionable penetración de teléfonos móviles y un acceso barato a datos que da alas a millones de empresas del sector de las APPs y del entorno digital. También las placas solares y la democratización de la electricidad, así como otros sistemas de innovación, invaden el día a día de la vida urbana, así como la rural, de africanos y africanas. 

Si bien no existen respuestas que no sean holísticas y funcionen en paralelo, hay dos caminos claros a seguir a la hora de gestionar lo urbano en África:

  • La respuesta tecnológica: Muchos expertos aseguran que se debe invertir más en la implementación de nuevas tecnologías para que haya una infraestructura urbana más inteligente, y a la vez, contribuir a la sostenibilidad. Encontraríamos ejemplos de buenas prácticas en todo el continente. Uno de ellos es Taka Taka, una empresa que recoge diariamente 30 toneladas de desechos y los recicla en Nairobi... Pero quizás, haría falta financiar e incubar más innovaciones locales como las que ocurren en centros como el iHub de Nairobi bajo un mismo paraguas. Este paraguas existe y se llama AfriLabs. Pero no recibe suficiente financiación aún. Y así, sus objetivos quedan diluidos. Sin embargo, para centros como los que lo conforman, compartir experiencias, datos e investigaciones de ciudades a ciudades, con todas sus particularidades históricas, culturales, económicas o medioambientales, es crucial.
  • La vía anti-gentrificadora: El boom inmobiliario también ha salpicado África. Y con el pretexto de generar ciudades inteligentes se han construido distritos y ciudades excluyentes y para ricos como Eko Atlantic en Nigeria o Vision City en Ruanda. Ninguna de ellas, a pesar de seguir con los estándares de las ciudades inteligentes, ha sido capaz de ofrecer posibilidades de mejora asequibles e inclusivas para la mayoría de los residentes urbanos de África. Por lo que la sostenibilidad, siendo solo posible para una minoría de la población, no está garantizada.

Si bien hemos dicho que el grosor de la población urbana en África vive en barrios informales, la informalidad ha sido vista tradicionalmente como un problema. Sin embargo, últimamente son muchas las voces que consideran que es en su vientre donde se encontrarán las soluciones futuras.

Una vendedora ambulante vende frutas y dulces en Mpumalanga, Sudáfrica. ampliar foto
Una vendedora ambulante vende frutas y dulces en Mpumalanga, Sudáfrica. AFP

Es cierto que los trabajadores del sector informal tienen empleos inseguros, con condiciones precarias y sufren injusticias por parte de sus empleadores, además, ofreciendo servicios peores a precios más elevados a sus usuarios o clientes. Sin embargo, es en el sector informal donde se hallan las respuestas más rápidas y eficaces a la demanda de servicios, el sector que genera más empleos y que demuestra una mayor autonomía de los Estados. También es cierto que la mayoría de los servicios urbanos –transporte, energía, agua, gestión de residuos, telecomunicaciones, vivienda o seguridad pública–, son proporcionados por proveedores privados informales, y que de otra forma, no llegarían a la mayor parte de la población.

Si bien hoy por hoy, las mejores cartas están en manos de las TIC, la cuestión sigue siendo cómo mejorar, si no erradicar, la parte más oscura de esta informalidad y que las herramientas tecnológicas no queden en la superficie de la sociedad. Cualquier respuesta siempre deberá ser inclusiva. Y es que sin inclusión, no habrá solución.

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